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Literatura mujeres mundo

Wollstonecraftiana (Cap. IV LMM)

El viaje que emprendí hace un año con La loca del desván: la escritora y la imaginación literaria del siglo XIX, incluía una escala en Vindicación de los Derechos de la Mujer, de Mary Wollstonecraft, considerado hoy día un "clásico" de la teoría y la literatura feminista. La Vindicación es uno de esos libros que todo el mundo conoce pero casi nadie ha leído. Por eso lo escogí, y porque está relacionado con la investigación de las escritoras anglosajonas del XIX (George Eliot, las Brontë, Jane Austen, Mary Shelley) por varias vías.

Al contrario de lo que imaginaba, la Vindicación me pareció caótica y farragosa, nada fácil ni agradable de leer. Sin embargo, es una lectura productiva y transformadora. Con su caos, sus contradicciones vitalo-intelectuales y sus imperfecciones o equivocaciones, la Vindicación me ha empoderado la hostia. Por encima de todo lo negativo está el aliento vital de esta mujer, su pasión, su verdad, y la vindicación legítima a la que el tiempo ha terminado dando la razón en el plano teórico, aunque no en el material.

Vida de la abuela ilustrada

Wollstonecraft escribe en un momento explosivo, la década de 1790. Es una racionalista radical, una ilustrada, y también una puritana inglesa de clase media. Defiende la cultura del trabajo de la clase a la que pertenece frente a la indolencia corrupta de la aristocracia, que considera fruto de sus privilegios hereditarios. Quiere mejorar las condiciones de vida, la salud física y mental de hombres y mujeres, tanto en el ámbito público como en el privado, y cree que la educación (entendida no sólo como la educación formal, sino tomando en consideración todos los agentes socializadores) es la mejor manera de hacerlo.

Fue una de las primeras en advertir y denunciar públicamente la excepción del 50% que pretendían hacer los patricarcas de la Ilustración con su teoría política, junto a la gloriosa Olympe de Gouges. Las dos murieron prematuramente: Olympe en la guillotina, y Mary en el parto de su segunda hija, la escritora Mary Shelley.

Mujer independiente y sin fortuna, trabaja, estudia, y entra a formar parte de los círculos intelectuales radicales británicos de corte ilustrado. Participa en los debates públicamente, a través de artículos y libros. Escribe cientos de reseñas críticas y publica varios libros, casi siempre sobre educación, aunque también publicó una novela, al parecer muy mala. Advierte los sesgos de género de las teorías ilustradas: es decir, que la humanidad (y no el hombre, nótese el sesgo de género en la propia conceptualización lingüística) no sería libre, igual y fraterna, que no se completaría el asalto a la tradición, hasta que no se cuestionara la "naturalidad" de la subordinación de las mujeres.

Racionalista radical pero con sólidos principios religiosos puritanos, se mantiene célibe hasta los 29 años, aunque eso no le impide mantener relaciones sentimentales apasionadas. Por ejemplo, y en la época en que escribe la Vindicación, con el pintor Henry Fuseli, hasta que se presenta en casa de él para proponerle a su mujer una convivencia a trois. Horrorizado, la echa de su vida. Desengañada, se va un par de años a Francia (1792-1794). Parece que se inspiró bastante en él para el libertino y el calavera que describe en Vindicación. En Francia, conoce a grandes figuras de la época y sintoniza con la política girondina. Relaja su férrea moral sexual puritana y se convierte en la amante de Gilbert Imlay, otro calavera. Da a luz una niña y pronto es abandonada por Imlay.

Intentos de suicidio, regresa a Inglaterra. Reencuentra a su viejo amigo William Godwin y surge de nuevo el amor. Queda nuevamente embarazada; la pareja contrae matrimonio, y cuatro meses después, la autora de Vindicación de los derechos de la mujer muere de "fiebres puerperales" a los pocos días del nacimiento de su segunda hija. Una muerte muy femenina, consecuencia de la deficiente atención que recibió.

A su muerte, el viudo Godwin escribe unas memorias con la intención de rendirle homenaje y sobrellevar su dolor. El efecto que consigue es el contrario, puesto que se convierten en un gran escándalo:

"La vida de aquella "Werther femenina", que muchos de su círculo conocían en privado pero que no deseaban ver aireada en público, fue una auténtica bomba de efecto retardado (y póstumo) que los conservadores aprovecharon inmediatamente para desprestigiar, a un tiempo, al personaje en sí, a sus ideas y al círculo del que éstas habían surgido." (1)

Una resaca conservadora se lleva gran parte de la fiesta ilustrada: entramos en la época victoriana, y el nombre de Mary Wollstonecraft será maldito, proscrito e impronunciable durante todo el siglo XIX. Nadie reconocerá haberla leido. Las señoras respetables que otrora bromearan afables con las teorías de la Vindicación, se desarán rápidamente de sus ejemplares.

Curiosamente, Percy B. Shelley, el yerno de Mary W. que nunca llegó a conocer, se tomó bastante trabajo en difundir las ideas y los textos de su suegra. En cambio el nieto, Sir Percy F. Shelley, se lo tomó en destruir correspondencia y manuscritos de su madre y de su abuela.

"A diferencia de su abuela y de su literario y monstruoso hermano, Sir Percy Shelley debió de dejar este mundo, como diría Voltaire, tan estúpido y mezquino como lo había encontrado al nacer". (2)

La construcción del género y del cuerpo en la Vindicación

Vindicación de los derechos de la mujer no es exactamente una reclamación de derechos civiles y políticos para las mujeres. Y si lo es, al menos no está estructurada como tal. Su mayor preocupación es que niños y niñas reciban la misma educación, y que ésta sea ilustrada, es decir, moral y racional, saludable y tendente a la virtud y a la fecilidad.

Ésta será la clave, según nuestra autora, para que las mujeres superen la minoría de edad perpetua a la que están sometidas, causante por otro lado de la mayoría de sus defectos. Una educación igualitaria permitirá a las mujeres ser independientes y por tanto más virtuosas, porque se ocuparán de perfeccionar sus espíritus en lugar de pergeñar artes y estrategias para atraer y retener a los varones, de los que dependen en todo. De esta forma mejorará la condición moral de toda la sociedad: los hombres serán mejores al compartir sus vidas con auténticas compañeras en lugar de con esclavas. Las niñas y niños se beneficiarán de una educación y un afecto materno más sano, basado en principios racionales y de bienestar en lugar de en prejuicios, caprichos y futilidades.

"Rousseau se emplea en probar que originalmente todo ESTABA bien; una muchedumbre de autores en que todo ESTÁ bien ahora y yo en que todo ESTARÁ bien algún día".(3)

La insistencia en la educación igualitaria tiene mucho que ver con Rousseau, pero antes de entrar en la polémica que mantuvo con el conocido misógino, quiero señalar un par de cosas más.

Creo que uno de los mayores aciertos de MW es su agudeza al describir y desenmascarar los procesos a través de los cuales se crea y se construye la subjetividad femenina, todos esos modos y maneras considerados "naturales" y que ella evidencia como culturales.

Por ejemplo, la debilidad física de las mujeres. Admite las diferencias físicas entre los sexos, pero no entiende ese empeño en cultivar la debilidad de las mujeres, y la equipara a la tiranía de los monarcas.

"Pero si se prueba que la mujer es por naturaleza más débil que el hombre, ¿de dónde se sigue que es natural que se esfuerce para hacerse aún más débil de lo que es? Los argumentos de este tipo son un insulto al sentido común y huelen a pasión. Cabe esperar, en este siglo de las luces, que el DERECHO DIVINO de los maridos, como el derecho divino de los reyes, puede y debe contestarse sin peligro". (4)

Sabe que la debilidad es construida, que tiene que ver con el confinamiento y con la opresión; anhela que se permita a las niñas estar al aire libre, hacer ejercicio, gozar de salud ajenas al encierro doméstico y a la esclavitud de la belleza:

"si el temor de las niñas, en lugar de alentarse o quizá crearse, se tratara del mismo modo que la cobardía en los niños, pronto veríamos a las mujeres con aspectos más dignos. Es cierto que entonces no se las podría denominar con igual propiedad las flores dulces que sonríen al paso del hombre; pero serían miembros más respetables de la sociedad y cumplirían las obligaciones importantes de la vida mediante la luz de su propia razón. Rousseau dice: "Educad a las mujeres como hombres y cuanto más se parezcan a nuestro sexo, menos poder tendrán sobre nosotros." Eso es exactamente lo que pretendo. No deseo que tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas". (5)

Aborda desde la misma perspectiva las relaciones sexo-amorosas. La opresión de las mujeres, aunque no utilice esa palabra, consiste en prepararlas durante la infancia para el matrimonio, momento en que el tirano-padre pasa el testigo al tirano-marido. Una vez cruzado ese umbral (el final del cuento de Blancanieves), la vida de las mujeres se convierte en una angustiosa lucha contra el tiempo, intentando retener la juventud y la belleza que se van (eso, siempre y cuando no tengan otros problemas más acuciantes).

"Heredada la soberanía de la belleza en descendencia directa del primer bello defecto de la naturaleza, para mantener su poder tienen que renunciar a los derechos naturales que el ejercicio de la razón les habría procurado y elegir ser reinas efímeras, en lugar de trabajar para obtener los sobrios placeres que nacen de la igualdad. Exaltadas por su inferioridad (parece una contradicción), demandan constantemente homenaje como mujeres, aunque la experiencia debía enseñarles que los hombres que se precian de conceder este respeto arbitrario e insolente al sexo con la exactitud más escrupulosa son los más inclinados a tiranizarlo y a despreciar la misma debilidad que animan". (6)

Esta es otra de las razones por las cuales las mujeres deben recibir educación: para que tengan vida propia más allá de su sexo, de su cuerpo y de ser el objeto de deseo de los hombres. Arroja una luz muy clara sobre la performance de género que supone el concepto de modestia, tan arraigado entonces. Siendo modestas y modosas, o al menos aparentando serlo, las mujeres sólo consiguen hacer patente y recordar todo el rato a ellas mismas y a los demás que son seres sexuales. Wollstonecraft desprecia las apariencias y aboga por una auténtica modestia (a su modo puritano e ilustrado), que sólo puede ser fruto de la independencia y la virtud: "este deseo de ser siempre mujeres, la misma conciencia de serlo, es lo que degrada al sexo" (7), dijo.

Rousseau, je ne t’aime plus

Todas estas ideas van tomando forma gracias a una rabia y un cabreo monumental, el que MW experimenta al leer Emilio, o de la educación, de Jean Jaques Rousseau, obra que trata sobre el modelo educativo del nuevo hombre ilustrado. Wollstonecraft, que era una gran admiradora del autor de El contrato social ("Siempre he estado medio enamorada de él" escribió), nunca pensó que ella no estuviese incluida en el sujeto político de Rousseau, el hombre. El chasco fue mayúsculo cuando llegó Emilio y su famoso quinto capítulo, "La educación de Sofía". Aquí Rousseau hace un ejercicio de misoginia moderna de tintes románticos, muy alejados de los postulados ilustrados que defenderá en otros lugares, y establece las pautas de educación segregada para las niñas, a las que se habrá de enseñar a ser complacientes, delicadas y frágiles para permanecer confinadas en el ámbito del hogar. Para ello inventa que las niñas, de forma natural, se interesan por su apariencia, por los vestidos y por las muñecas. Ninguna mujer debe pretender ser sabia, y estará siempre a merced de su marido, aunque sea menos inteligente que ella. La indignación de nuestra autora es tal, que no puede menos que responderle.

Lo hace a lo largo de toda la obra, pero especialmente en el capítulo V, titulado "Censuras a algunos de los escritores que han hecho de las mujeres un objeto de piedad cercano al desprecio". Allí se atreve con Rousseau, y nada menos que con Milton, el autor de El paraíso perdido, al que Mary Shelley, Charlotte y Emily Brontë entre otras intentaron responder más tarde pero de forma más ambigua y, quizá, menos efectiva. Ella lo hizo directamente, a pesar de sus carencias literarias, con valentía y dignidad.

"Rousseau, respetable visionario, pronto tu paraíso será invadido por un huesped inesperado." (8)

De forma casi obsesiva, Wollstonecraft reproduce los pasajes más espeluznantes del Emilio, y rebate todos los "argumentos" de Rousseau demostrando que en realidad no son más que prejuicios. Se trata de una crítica a la Ilustración desde la propia Ilustración, como han dicho Celia Amorós y otras.

Cuando Rousseau dice: "formada para obedecer a un ser tan imperfecto como el hombre, a menudo lleno de vicios y siempre lleno de faltas, debe aprender con tiempo incluso a sufrir la injusticia y a soportar los insultos del marido sin quejarse", Wollstonecraft contesta: "Al insistir en la obediencia ciega, se violan todos los derechos sagrados de la humanidad, o los derechos más sagrados pertencen SÓLO a los hombres." (9)

A través de su racionalismo individualista (o a pesar de él) es capaz de penetrar en la subjetividad, en el terreno privado, y en la articulación de éste con el ámbito público. Ve el amor y el matrimonio como terreno minado y lleno de trampas para las mujeres, que juegan en condiciones de desigualdad. Anhela un amor sereno e igualitario (cuando escribe Vindicación está en pleno affaire Fuseli).

"...supongamos que, en alguna revolución del tiempo, las mujeres se convirtieran en lo que sinceramente deseo que sean: hasta el amor adquiriría una dignidad más seria y se purificaría en su propio fuego, y la virtud, al proporcionar verdadera delicadeza a sus afectos, las apartaría disgustadas de los calaveras." (10)

Hermanas, tomad el poder

Es una pena que en su pequeño caos, MW nos remita a una futura obra que nunca llegó a escribir. En esos esbozos inacabados de la Vindicación, casi se ríe al aventurarse a pensar que las mujeres deben tener representantes y participación directa en los gobiernos. Pero no le pedimos más a la abuela de Frankenstein, que hizo su magnifica aportación de letra y sangre para que el mundo sea menos mezquino. Sus tatataranietas le rendimos homenaje y le expresamos nuestro agradecimiento.

"Me declaro en contra de todo poder cimentado en prejuicios, aunque sean antiguos." (11)



(1) Introducción de Isabel Burdiel para la edición de Cátedra, colec. Feminismos, año 2000. pág 21

(2) Introducción, pág 12

(3) VDM, págs 159-160

(4) VDM, pág 163

(5) VDM, págs 192-193

(6) VDM, págs 181-182

(7) VDM, pág 247

(8) VDM, pág 211

(9) VDM, pág 223

(10) VDM, pág 276

(11) VDM, pág 249

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Lo que no nos contaron de Blancanieves

Sigo con esta pequeña, personal línea de investigación sobre literatura y feminismo que inicié con el curso "Literatura de mujeres del mundo" impartido por Mertxe Tranche en la escuela de empoderamiento de Hernani. Ahora estoy leyendo el libro de la profesora, el que Mertxe llevaba a clase con un montón de páginas marcadas y subrayadas. Se llama "La loca del desván. La escritora y la imaginación literaria del siglo XIX" de Sandra M. Gillbert y Susan Gubar, y según dice en la contracubierta, es de esos de "obligada lectura". Es un estudio crítico sobre lo que escribieron las literatas de lengua anglosajona en el siglo XIX, y también sobre lo que padecieron, las pobres. Todavía voy por el segundo capítulo pero me interesa centrarme en el cuento de Blancanieves, y la lectura crítica feminista que proponen Gilbert y Gubar.

Blancanieves es una historia paradigmática sobre los mandatos de género y los términos del discurso acerca de lo que son y deben ser las mujeres. Las autoras eligen el cuento porque representa muy bien el universo simbólico al que se enfrentaron las escritoras. La historia original de los hermanos Grimm, descafeinada por Walt Disney, está cargada de símbolos: la manzana, el espejo, la aguja, el peine... El estudio se centra en el cuento original, que comienza así:

"Había una vez, en pleno invierno, una reina que se dedicaba a la costura sentada cerca de una ventana con marco de ébano negro. Los copos de nieve caían del cielo como plumones. Mirando nevar se pinchó un dedo con su aguja y tres gotas de sangre cayeron en la nieve. Como el efecto que hacía el rojo sobre la blanca nieve era tan bello, la reina se dijo.
-¡Ojalá tuviera una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera de ébano!
Poco después tuvo una niñita que era tan blanca como la nieve, tan encarnada como la sangre y cuyos cabellos eran tan negros como el ébano."

La historia comienza pues con una mujer que cose enmarcada por una ventana; está nevando. Se pincha con la aguja (símbolo sexual) y ¡oh, milagro! tiene una niña blanca, roja y negra. La reina muere al nacer la niña, y entonces el rey toma otra esposa, la malvada madrastra. La tesis de Gilbert y Gubar es que las dos mujeres, madre y madrastra, son la misma: un delicado ángel que cose bajo la nieve y deviene en mujer carnal, y que inmediatamente después se convierte en una bruja perversa y enloquecida. Esta nueva reina ya no está enmarcada por una ventana que le permite mirar al exterior, sino que su atributo es el espejo mágico, un espejo que la aboca a una introspección narcisista.

El rey no aparece en todo el relato, pero no hace falta, porque es sustituido por la voz del espejo:

"Sin duda, suya es la voz del espejo, la voz patriarcal del juicio que rige la valoración propia de la reina y de toda mujer. Él es quien decide, primero, que su consorte es la más bella de todas, y luego, cuando se vuelve loca, rebelde, como una bruja, que ha de ser reemplazada por su hija angelical, inocente y obediente, una muchacha que, por lo tanto, es definida como más bella aún que la reina".

La voz patriarcal del espejo, dicen las autoras, vuelve a las mujeres contra las mujeres, las enemista (divide y vencerás). Pero en este caso, además, la reina/madrastra ya odiaba a Blancanieves antes de que el espejo le hablara, porque a través del ritual introspectivo había llegado a odiar a Blancanieves tanto como a ella misma. De modo que Blancanieves y la reina son también una.

Las dos representan los polos opuestos de lo que deben ser las mujeres en el sistema heteropatriarcal: una es dócil, inocente, sumisa, un ángel que carece de historia. La otra astuta, independiente, una bruja, una artista y una escritora, que inventa historias, tramas y pócimas para matar a Blancanieves. Y lo peor de todo: actúa movida por su propio interés, algo absolutamente prohibido para las mujeres, que deben siempre renunciar a sí mismas y vivir por y para los demás. Sin embargo, el gran drama es que siendo Blancanieves también ella, la reina/madrastra busca consciente o inconscientemente su autodestrucción, un dilema parecido al que vivieron las escritoras anglosajonas del XIX.

En una primera fase, la reina envía a un cazador a que dé muerte a Blancanieves. Pero este personaje masculino, que representa también al rey y su poder, deja marchar a Blancanieves y le lleva a la reina el hígado y los pulmones de un "cerdito", órganos que ella devora. Pero cuando descubre que Blancanieves sigue viva, la reina se vuelve más loca todavía, y entonces inventa historias más sofisticadas, que tienen que ver con las "armas femeninas" y que casi pueden leerse en clave de parodia: se hace pasar por buhonera y trata de asfixiar a su enemiga apretándole el corsé al límite; la convence de que va mal peinada e intenta matarla con un peine envenenado, y por último la tienta con la manzana de Eva envenenada por ella misma.

Blancanieves es un yo de la reina contra el que lucha: su yo dócil y sumiso. Pero Blancanieves también lucha contra su parte de reina, porque los ofrecimientos de ésta le interesan, le tientan. Sin embargo, convenientemente instruida en la obediencia y dedicación doméstica por parte de los siete enanitos, se mantiene fiel a su estatus de ángel sin historia. Las autoras sugieren que los enanitos podrían representar los diminutos poderes de Blancanieves, su "individualidad atrofiada". En todo caso, lo que las niñas deben aprender es que "el reino de la domesticidad es un reino miniaturizado en el que la mejor de las mujeres no es sólo como un enano, sino como la sirvienta de un enano".

La reina, en su locura, está convencida de que sus armas lograrán acabar con la vida de Blancanieves, pero lo que consigue es enaltecerla aún más, porque la convierte en un objeto artístico, inanimado, inerte en su ataúd de cristal. El príncipe se enamora de ella... ¡cuando la ve muerta! Sin dudarlo un segundo, les dice a los enanitos: "Dénme ese ataúd; les daré lo que quieran a cambio". No me digan que no es muy fuerte. En el cuento de los Grimm, la reina es invitada a la boda de Blancanieves y el príncipe, y allí le dan su merecido, clavándole unos zapatos de hierro incandescente y obligándola a bailar con ellos hasta la muerte. Pero esto aún no ha terminado:

"¿Qué guarda el futuro para Blancanieves? Cuando su príncipe se convierta en rey y ella en reina, ¿cómo será su vida? Entrenada en la vida doméstica por sus instructores enanos, ¿se sentará en la ventana, contemplando el bosque silvestre de su pasado, y suspirará, coserá y se pinchará el dedo y concebirá una niña blanca como la nieve, roja como la sangre, negra como el ébano?"

Sin duda, si Blancanieves quiere escapar de este nuevo ataúd de cristal, se verá atrapada en el espejo y tendrá que recurrir a las artes, las ficciones las tramas y los relatos de su madre/madrastra. Y así el cuento acaba y vuelve a empezar. ¿Cómo se les ha quedado el cuerpo? ;-)

¿Quién teme a Simone de Beauvoir?

Grupo de lectura de invierno en Arteleku con mi profesora de literatura favorita!!! Y encima no podré ir... :(

28 noviembre y 12 de diciembre; 9 y 23 de enero en Arteleku (Donostia)
Coordinación: Mertxe Tranche


A pesar de la ardiente necesidad de efemérides de las editoriales, sólo dos libros de Simone de Beauvoir han sido publicados con ocasión de su centenario. Pareciera como si el desasosiego que quiso sembrar siguiera dando un fruto amargo. ¿Quién teme a Simone de Beauvoir? Re-visitar su obra nos ayudará a encontrar el rastro de ciertas verdades incomodas.

PROGRAMA:

* Primera sesión.- 28 de noviembre.
Presentación y contexto histórico. Entrega del programa de lecturas.

* Segunda sesión.- 12 de diciembre. Biografía y cartas
Memorias de una joven formal (Edhasa, 2008)
Cartas a Nelson Algreen (extractos, fotocopias)
América día a día: diario de viaje (extractos, fotocopias)

* Tercera sesión.-9 de enero. La creadora de ficciones existencialistas
La mujer rota (Edhasa, 2008).

* Cuarta sesión.- 23 de enero. El ensayo inevitable
El segundo sexo (Cátedra, 2006)

Las plazas para poder participar en el grupo son limitadas, por lo que conviene inscribirse lo antes posible. Para ello, puedes enviar un mensaje con el asunto "Solicitud Grupo de lectura de invierno" a la siguiente dirección: arteleku@gipuzkoa. net indicando tu nombre y dos apellidos, dirección electrónica y postal, y número de contacto o también puedes llamar por teléfono al 943453662.

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Neguko irakurketa taldea. Simone de Beauvoir idazle haren beldur ote gara?
Azaroak 28, abenduak 12, urtarrilak 9 eta 23 Artelekun
Koordinatzailea: Mertxe Tranche

Argitaletxeentzat urteurrenak sendabelar desiragarriak izaten diren arren, Simone de Beauvoir idazlearen bi liburu bakarrik argitaratu dira haren mendeurrenaren karira. Irudi luke fruitu mikatza ematen jarraitzen duela hark erein nahi izan zuen egonezinak. Simone de Beauvoir idazle haren beldur ote gara? Egi deseroso batzuen arrastoa aurkitzen lagunduko ditugu haren obra berrikusteak.

PROGRAMA

* Lehen saioa. Azaroak 28.
Aurkezpena eta testuinguru historikoa. Irakurketen programa ematea.

* Bigarren saioa. Abenduak 12.- Biografia eta gutunak.
Memorias de una joven formal (Edhasa, 2008)
Cartas a Nelson Algreen (laburpenak, fotokopiak)
América día a día: diario de viaje (laburpenak, fotokopiak)

* Hirugarren saioa. Urtarrilak 9.- Fikzio existentzialisten sortzailea
La mujer rota (Edhasa, 2008).

* Laugarren saioa. Urtarrilak 23.- Saiakuntza ahaztezina
El segundo sexo (Cátedra, 2006)

Parte-hartzeko interesa baduzu lehenbailehen izena ematea komenigarria da, partaide kopurua mugatua baita. Horretarako "Irakurketa talderako eskaera" izenburua duen mezua bidali dezakezu arteleku@gipuzkoa. net helbidera, bertan zure izen-abizenak, helbide postal eta elektronikoa eta telefono zenbakia ipiniz, edo bestela, telefonoz deitu dezakezu 943453662 zenbakira.

Bi tan, primer libro de poesía de Lai

Qué gusto toparse con tesoros como Bitan, un librito de poesía autoeditado con mucho mimo por Lai en ediciones fagocitantes. Lai es una donostiarra atípica que cocina su poesía en crudo, sin florituras ni lacitos rosas. Ni falta que hacen, cuando una escribe sobre la muerte, el deseo, los cuerpos, la violencia o la injusticia.

Me gustan los libros donde puedes sentirte identificada en la dedicatoria, y este es uno de ellos: "Etxekoei eta bideetako lagunei eskeinia". Lai y yo somos "bideetako lagunak", amigas que coinciden sin planearlo previamente, que no exigen ni esperan nada la una de la otra, y que por supuesto no se lo cuentan todo...

Zorionak eta eskerrik asko zure hitzak guri emateagatik! ;-) 


Nota: puede que aún quede algún ejemplar en el bar Rekalde! (Calle Aldamar, Donostia)

Literatura de mujeres del mundo; cap. III: Jane Eyre

Título: Jane Eyre

Autora: Charlotte Brontë

Edición: Alianza, 2006

 


¡Cómo he podido vivir todo este tiempo sin Jane Eyre! Creo que de todos los libros que hemos leído hasta ahora en el taller, es el que más me ha gustado. Pero decir que me ha gustado es poco; me ha hechizazo y sorbido el seso hasta llegar a formar parte de mí. Para Merche también es un libro especial. Dice que lo leyó hace muchos años, y que lo tiene presente en su vida, como algo cotidiano.

Ahora pienso de nuevo en cuando empecé a leer “alta” literatura. Qué bien me habría venido leer Jane Eyre, en lugar de La Regenta… Todas esas novelas del siglo XIX, como Madame Bovary, La Regenta o Nana , donde las mujeres son seres impotentes, presas de pasiones inconvenientes… Novelas sobre mujeres escritas por hombres, que pretenden diseccionar “nuestra verdadera naturaleza”, al tiempo que dejan claro cuál es (era) nuestro lugar en la sociedad.

El mensaje de Jane Eyre es bien distinto. Es, hasta cierto punto, incendiario, porque habla de algo que muy rara vez se ha tratado en la literatura: el respeto que las mujeres nos debemos a nosotras mismas. Y esto, que parece una tontería, para mi es algo super-fundamental. Estoy convencida de que a nosotras, en la escuela-casa-aldea global, no nos han enseñado el respeto por nuestro cuerpo, por nosotras mismas. Nos han enseñado otra cosa: a cuidar, a agradar, a ser coquetas, a ser trabajadoras, a quejarnos poco, a aguantar, a admirar, a tener paciencia, empatía… Y así nos va.

Jane Eyre (protagonista) es la heroína feminista de la literatura. Como dice Merche, Jane Eyre es un libro victorioso, de poder, en contraste con la pasión nihilista de Cumbres Borrascosas. Es, además, un libro que da mucho placer a la lectora. Yo al menos, he disfrutado como una cría leyéndolo.

En el artículo anterior ya hablé sobre la vida de las hermanas Brontë. En Jane Eyre, encontraremos detalles que nos recordarán esas biografías, como por ejemplo la descripción de Lowood, el internado-horfanato donde pasa parte de su infancia la protagonista, y que sin duda recuerda al colegio donde perdieron la vida Mary y Elizabeth Brontë, las dos hermanas mayores, cuando eran unas niñas. De hecho, el colegio en cuestión puso una demanda a la escritora tras la publicación de la primera edición, y tuvo que suavizar el relato.


“Aquel día”

Jane Eyre es el título de la novela y el nombre de su protagonista y narradora, que nos cuenta su historia en primera persona, desde “aquel día” de su infancia en que la encerraron en el cuarto rojo, hasta otro día muchos años después donde acaba la novela.

Jane no es guapa, y tampoco presumida (como una Charlotte Gainsbourg ;-)). Jane es huérfana, y pobre. Al comienzo de la novela tiene diez años y vive en Gateshead Hall (atención a la simbología de los nombres, Gateshead es la puerta de salida de la vida de nuestra protagonista) con su tía Reed y sus primos Eliza, John y Georgiana. Antes de morir, el señor Reed, hermano de la madre de Jane, hizo prometer a su esposa que cuidaría de la niña. Los padres de Jane habían sido apartados socialmente por la familia de la madre, que no estaba de acuerdo con el matrimonio, y habían vivido marginados hasta su muerte (tifus). Por eso la señora Reed cumple con desgana el deseo del esposo muerto y acoge a la pequeña Jane, a la que sin embargo no profesa ningún afecto, ni tampoco sus hijos.

La novela comienza pues “aquel día”, en el que no salieron a pasear y la encerraron en “el cuarto rojo”. Antes de que la llevaran a ese lugar de fuego, la niña leía un libro sobre el hielo de los mares del norte:

“Tampoco escapaba a mi atención la mención de las desiertas orillas de Laponia, Liberia, Spitzbergen, Nueva Zembla, Islandia, Groenlandia, con “la vasta extensión de la zona ártica y las desoladas regiones de espacio monótono, ese depósito de escarcha y nieve, donde sólidos campos de hielo, acumulados en montañas alpinas y pulidos por siglos de inviernos, rodean el polo y concentran los múltiples rigores del frío extremado”. (pág. 15)

Este contraste frío-calor marcará el primer cambio en la vida de Jane. Encerrada injustamente en el cuarto rojo, la niña reflexiona sobre sus relaciones con los habitantes de la casa, pasa frío y miedo. Cuando, llena de terror, grita porque cree haber visto la aparición del tío Reed (que había muerto en esa misma habitación), la tía y las criadas no la creen. La tía ve en ella el compendio de todos los defectos de los adultos, sin darse cuenta de la inocencia de la niña, cuyo terror es auténtico. Vuelven a encerrarla y entonces pierde el conocimiento y cae enferma.

 

Tras el incidente del cuarto rojo, parece evidente que la niña no puede seguir en Gateshead Hall. Ni la quieren ni ella los quiere, así que la tía busca para ella un colegio donde se encarguen de ella permanentemente.

Lowood

La parte de la novela que transcurre en Lowood es la más triste y quizá la más lírica de toda la obra. La inocencia de unas niñas abandondas, totalmente solas, ante un mundo de privaciones, violencia y enfermedad, es sobrecogedora. Helen Burns (atención al apellido de fuego), la amiga de Jane, toma una actitud totalmente sumisa y resignada ante esa realidad, mientras que nuestra protagonista se resiste y lucha.


Hay una escena especialmente bella, que culmina la tristeza del episodio de Lowood. Helen Burns, enferma de muerte, duerme en la habitación de la señorita Temple, la única profesora capaz de tratar a las niñas con un poco de humanidad. Jane despierta en mitad de la noche, y acude al lecho de su amiga. Las niñas hablan con naturalidad de Dios, el cielo y la muerte. Finalmente se quedan dormidas:

“Pregunté de nuevo, pero esta vez sólo con el pensamiento. “¿Dónde está esa región? ¿Existe realmente?”. Y me abracé más estrechamente contra Helen, que me era más querida que nunca. Sintiéndome incapaz de soltarla, yacía con la cara oculta en su cuello. Poco después, dijo con tono dulcísimo:

- ¡Qué cómoda estoy! Ese último arrebato de tos me ha cansado un poco y siento que puedo dormir ahora. Pero no me dejes, Jane; me gusta tenerte cerca.

- Me quedaré contigo, queridísima Helen, nadie me alejará de aquí.

- ¿Estás calentita, querida?

- Sí

- Buenas noches, Jane.

- Buenas noches, Helen.

Me dio un beso y se lo devolví, y pronto nos dormimos las dos.

Cuando abrí los ojos, era de día. Me había despertado un movimiento inusitado. Levanté la vista y noté que me sujetaban unos brazos. Me sostenía la enfermera, que me llevaba por los corredores de vuelta al dormitorio. No me reprocharon por abandonar mi cama, ya que tenían otra cosa en qué pensar. En ese momento quedaron sin respuesta mis múltiples preguntas, pero un día o dos más tarde descubrí que la señorita Temple, al volver a su cuarto al amanecer, me había encontrado en la cama, con la cara contra el hombro de Helen Burns y mis brazos alrededor de su cuello. Yo estaba dormida y Helen… muerta.” (págs. 119 – 120)

Rochester

No voy a pararme a resumir todo el contenido del libro, que es muy extenso, pero para entender el significado de Jane Eyre, es necesario seguir hablando del argumento.

Nuestra Jane pasa 8 años más en Lowood con una sensible mejora en sus condiciones de vida (se suaviza el relato sobre la institución). Gracias a la protección de la señorita Temple, consigue estudiar y mantenerse viva. El nombre de Temple no es casual, porque simboliza la templanza. Es una mujer buena, pero que finge ser feliz; se pliega a las normas y renuncia a su libertad.

Finalmente, Jane se libra del miserable Lowood mediante un contrato para trabajar como institutriz. Un nuevo viaje en coche de caballos, recorriendo millas hasta su nuevo hogar, Thornfield. Jane tiene 18 años y está a punto de conocer a otro de los personajes más maravillosos de la historia de la literatura, el señor Rochester.

La historia de amor entre Jane y Rochester va a centrar a partir de ahora el desarrollo de la novela. Rochester tiene un puntito del Heathcliff de Cumbres Borrascosas, pero es un ser humano real, no una pasión en estado puro. Es, como Heathcliff, moreno y no muy agraciado, aunque fuerte y vigoroso. Solitario, misterioso, y un tanto misántropo, al menos hasta que conoce a Jane. Tiene también un pasado oscuro y tormentoso, que ella descubrirá poco a poco.

 


Su primer encuentro es memorable. Ella camina hacia Thorfield (la casa está a cierta distancia de Millcote, el pueblo más cercano), cuando él aparece galopando y se cae del caballo justo delante de ella. Ella intenta ayudarle, él se resiste y luego accede, y vuelve a marcharse sin que ella sepa que es el hombre para el que trabaja. El trabajo de Jane en Thornfield consiste en educar a una niña de corta edad llamada Adele, hija del señor Rochester y nacida en Francia.

Pronto surge entre ellos una amistad, una complicidad, que aunque encorsetada por las formas de amo – trabajadora, les hace iguales, y de donde no tardará en brotar la pasión. Rochester disfruta de la presencia y conversación de ese ser extraordinario llamado Jane Eyre, y le confía la historia de Adele, hija abandonada de una “corista” francesa que fue su amante. Rochester pretende inculcar los modales ingleses a la niña, acostumbrada a una vida de fiestas nocturnas y coquetería aprendida de su madre.

 

 

Momento de debilidad

Dicen que una de las partes más flojas de la novela es el momento en que la protagonista se asoma a la ventana más alta de la casa, y divisa el horizonte lamentándose de su falta de experiencia. Se interpreta este pasaje como un grito de la propia escritora, Charlotte Brontë, un momento de debilidad en su prosa, donde vacila y justifica su falta de seguridad en la poca experiencia que ella misma tiene de la vida. A mí me parece uno de los detalles más bonitos de la novela:

“Quien quiera culparme es libre de hacerlo si añado, además, que, de cuando en cuando, al pasear sola por el jardín, o al acercarme a las puertas para mirar afuera, o al subir los tres pisos y traspasar la trampilla del ático para escudriñar, desde el tejado, los campos y las colinas y el horizonte lejano, mientras Adèle jugaba con su niñera y la señora Fairfax preparaba gelatina en la despensa, anhelaba tener el poder de ver más allá hasta el mundo externo: los pueblos, las regiones bulliciosas de las que había oído hablar pero que nunca había visto. Me habría gustado tener más experiencia práctica de la que tenía, más relación con mis semejantes, más conocimiento de diferentes personajes de lo que estaba a mi alcance en aquel lugar. Apreciaba la bondad de la señora Fairfax y de Adêle, pero creía que existían otras clases más brillantes de bondad y deseaba conocerlas.” (pág 157)

Considero que Charlotte Brontë tenía derecho a lamentarse, a ser débil y a dejarnos este testimonio sobre su propia lucha interior a la hora de escribir esta novela (y teniendo en cuenta el “fracaso” de la anterior, “El Profesor”, que no llegó a editarse hasta después de su muerte).

La loca del desván

Uno de los elementos más misteriosos y fascinantes de la novela, y que ha dado lugar a múltiples interpretaciones y teorías, es la cuestión de “la loca del desván”. Efectivamente, cada vez que Jane acude a la parte alta de la casa para mirar por la trampilla, oye las risotadas estremecedoras de una mujer. Ella las atribuye a una criada llamada Grace Poole que por lo que le ha dicho el ama de llaves, vive en esa parte de la casa. Recordemos que en el imaginario psicoanalítico, el desván representaría el inconsciente. Sin embargo, además de las risotadas, comienzan a suceder otros acontecimientos extraños, y que curiosamente coinciden con los avances en la relación entre Jane y Rochester.

Por ejemplo, después de que Rochester confiese a Jane la historia de la niña Adele, alguien intenta asesinarle, produciendo un incendio en su habitación. Jane será la salvadora de Rochester en el sentido literal y simbólico, porque es ella quien le despierta y sofoca las llamas, y la que guarda el secreto.

Tras estas primeras confidencias y experiencias juntos, Jane está completamente enamorada de Rochester, y por primera vez va a experimentar la amargura de los celos. Él, haciendo gala de una fina y casi inconsciente perversión, invita a la casa a la bella señorita Ingram y a su círculo social, haciendo creer a Jane que se casará con ella. Jane se siente entonces fea, pobre y degradada, pero como una señorita Temple, aguanta el temporal lo mejor que puede. Durante la visita, Rochester se disfraza de gitana que adivina el futuro para obtener confidencias de sus invitados, incluida Jane. Y es tras esa escena con Jane cuando “la loca” vuelve al ataque. Aparece en la casa un forastero, al que se recibe de incógnito y que mantiene una conversación intempestiva con Rochester. Pues bien, alguien ataca a este forastero, mordiéndole, y se lo llevan en secreto antes de que nadie se entere.

La última intervención se produce poco antes de la boda Jane-Rochester. Los dos personajes se aman, son capaces de “verse” el uno al otro, y a pesar de la extrañeza social que produce su boda, de las advertencias de la señora Fairfax, el ama de llaves, deciden seguir adelante. Jane vuelve a dar muestras de su personalidad al no querer vestirse con vestidos nuevos y caros. Ella anhela una relación de iguales, la que hasta entonces habían mantenido en la intimidad; no quiere ser el florero de Rochester, sino seguir siendo ella misma, aunque no sabe si lo conseguirá. Las diferencias sociales entre ambos la abruman, y no puede encarar la boda con un sentimiento parecido a la felicidad, sino más bien con un miedo atroz a dejar de ser ella. Así, poco antes de la boda, alguien entra en la habitación de Jane mientras ella duerme y le raja el velo de novia de arriba abajo.


 

Al día siguiente, en plena ceremonia, el hombre que fue atacado en Thornfield durante la visita de los invitados aparece en la iglesia y declara que la boda no se puede celebrar porque Rochester ya está casado con otra mujer: Bertha Mason.

Y para demostrarlo, conduce a todos los presentes al desván de la casa donde descubre a la criada Grace Poole… y a una mujer de aspecto monstruoso.

Jane huye de Thornfield al día siguiente sin equipaje ni dinero.

 

Pero, ¿qué significa el personaje de Bertha Mason? Para la crítica literaria feminista, Bertha Mason sería algo así como el alter ego de la propia Jane, la “loca” que todas llevamos dentro. Representa la rabia, la ira, necesarias para la rebelión. Bertha no odia a Jane, porque aunque tiene la oportunidad de atacarla, incluso de matarla, rehúsa a hacerlo. Recordemos que en la literatura que hemos visto hasta ahora el desdoblamiento de personajes es algo habitual: Blancanieves y su madre, las dos Catalinas de Cumbres Borrascosas… Jane y Bertha serían las dos caras de la misma moneda, dos respuestas femeninas a la represión patriarcal de la época: sumisión con condiciones frente a rebelión incondicional que inevitablemente conduce a la muerte. Y ambas se ayudan: Bertha, como buen inconsciente de Jane, evita la boda que iba a darse en condiciones de desigualdad; Jane, por su parte, acelera el final de Bertha con su huida.


 

Última parte

La última parte de la novela es la más gótica y para algun@s, también la más floja. Jane rechaza la oferta de Rochester de irse a vivir al continente para dedicarse en exclusiva a ser su amante; algo tentador pero que en última instancia acabaría con ella. Opta por lo más difícil: marcharse sin dinero, comida o ropa.

Nuestra heroína recorre millas y millas y pasa momentos críticos de hambre y mendicidad. Con el último aliento de vida que le queda, llama a la puerta de una casa y (oh, milagro!) quienes le abren son primos suyos. Según dice Merche, este tipo de casualidades tan góticas podrían suceder en la vida real, pero son demasiado inverosímiles para la novela. En cualquier caso, Jane traba una buena amistad con sus salvadores; las hermanas Diana y Mary, y su hermano, el coadjutor St. John. Más tarde Jane descubrirá que el tío de Madeira que ha desheredado a Diana, Mary y St. John es también su tío, y que le ha dejado toda la herencia a ella.

Jane decide feliz repartir la herencia entre los cuatro. Así nadie será rico, pero tendrán lo suficiente para vivir y ella siente que así devuelve a sus primos lo que hicieron por ella sin saber quién era.

Pero aún hay más: St. John, que se pasa el día citando la biblia y hablando de dios, quiere que Jane se case con él y que juntos viajen a la India para trabajar como misioneros. Él no siente ninguna pasión por ella, sino que necesita una enfermera, ayudante, acompañante, amiga… Y nuestra Jane, una vez más, dice “no”. No puede casarse a un hombre al que no ama, que nunca la tocará. Charlotte Brontë es aquí muy valiente reconociendo la necesidad de placer físico de la protagonista.

Tras un nuevo y gótico incidente (Jane cree oír la voz de Rochester que le llama), Jane regresa a Thornfield. En el pueblo le cuentan lo que ha ocurrido desde que ella se fue: Thornfield ardió, y Bertha murió en el incendio; Rochester está vivo pero ciego y con una mano amputada. Vive en una casa más modesta apartado del mundo.

Aunque parezca un poco “gore”, ahora ya no hay desigualdades entre Jane y Rochester; ella tiene dinero, y él ha perdido la superioridad física anterior; está mutilado y vulnerable, necesita reposo y una mano amiga. Así que Jane se queda a vivir con él, se casan y se convierte en su enfermera, amiga, esposa, etc.

Este final no convenció a algunas de las compañeras del taller. Les parecía que tanto sufrimiento para convertirse en enfermera no valía la pena. Quizá sí, pero no debemos olvidar que Charlotte Brontë escribe en un contexto determinado y a su novela se le exigen ciertos estándares para que pueda ser publicada y tenga éxito.

 


Adaptaciones cinematográficas

La única que he visto es la de Franco Zefirelli, con una maravillosa Charlotte Gainsbourg en el papel de Jane Eyre, William Hurt como Rochester y Elle MacPherson como la señorita Ingram. La película está bien, pero no consigue captar la grandeza del personaje y la complejidad de la relación Jane-Rochester a través de los diálogos. Hay muchas otras versiones, tanto en cine (la primera es en cine mudo) como en TV, por ejemplo la de 1944 con Orson Welles como Rochester y Joan Fontaine como Jane.

 

 

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Características de la literatura de mujeres

 
  • Ellas son las únicas representantes de "su equipo", entendiendo la historia de la literatura como una lucha entre equipos.

  • "Ansiedad por la autoría" vs. "ansiedad por la influencia". Debilidad, falta de seguridad que aparece en los textos.

  • Enfermedades como metáforas que expresan falta de poder. Oposición ángel-demonio, desmayos, locura.

  • Tradición de locura y suicidio en la poesía femenina (Silvya Plath).

  • Algunas estrategias fallidas:

    • Disculparse, a veces con ironía, por tener una afición tan presuntuosa como la de escribir, y decir que no pretenden hacer la competencia a los hombres (en opinión de Merche no debe notarse el resentimiento, al menos en la buena literatura).

    • Decir "soy tan buena como vosotros".

    • Utilizar instrumentos masculinos contra las mujeres para demostrar que "escribiendo soy un hombre". Seudónimos masculinos.

  • Empiezan con desventaja, y tienen que contestar a autores anteriores. Escriben relatos ocultos debajo de los relatos que la sociedad puede aceptar; hacen ruido para que no se oiga el relato liberatorio implícito.

  • Imágenes de reclusión y encierro, ventanas, dimensiones de las habitaciones.

  • Introducción de nuevos temas (siglo XX) que no formaban parte de la literatura, como la relación madre-hija, la regla, la menopausia.

Nota: collage de Virginia Woolf "robado" del blog cuchitril literario

Literatura de mujeres del mundo; cap. II: Cumbres Borrascosas

En la segunda sesión del taller “Literatura de mujeres del mundo”, celebrada el 9 de noviembre de 2006, nos reunimos para hablar de la obra “Cumbres borrascosas”, de Emily Brontë. No había leído antes esta ni ninguna otra obra de las hermanas Brontë, porque nunca formaron parte de nuestros programas educativos, y estoy segura de que me habría encantado leerlas a los 16 o 17 años. En cualquier caso, he disfrutado muchísimo sumergiéndome en su mundo.

La rectoría de Haworth

Lo primero que llama la atención de las hermanas Brontë son sus vidas, cortas e intensas, y que se desarrollaron en la era victoriana (aprox. desde 1832 hasta final de siglo). La familia Brontë estaba compuesta por la madre, María Branwell, el padre, Patrick Brontë, las cinco hermanas Mary (1814), Elizabeth (1815), Charlotte (1816), Emily Jane (1818) y Anne (1820), y el hermano Branwell (1817). Patrick Brontë (en la edición de Cátedra de Paz Kindelán se habla más de él que de sus hijas) se instaló junto a la familia como pastor de la rectoría de Haworth, en el condado de York, en 1820.


Retrato de Anne, Emily y Charlotte realizado por Branwell

“El pueblo de Haworth está situado en la ladera de una escarpada colina rodeada de páramos y de otras muchas colinas entrelazadas y sumamente empinadas, que lo aíslan casi por completo de cualquier población vecina, quedando apartado en gran medida del mundo exterior. Este escenario inhóspito y solitario de los páramos en torno a la rectoría, en la que residirán los Brontë hasta el final de sus días, producirá un gran impacto en ellos desde la infancia.” [1]

La paramera será el paraíso particular de las pequeñas Brontë. Allí encontraban los espacios adecuados para sus espíritus rebeldes y aventureros, allí y en ningún otro lugar. De hecho, siempre que abandonaron Haworth, y en especial en el caso de Emily, sufrían y enfermaban hasta casi perder la vida.


La rectoría de Haworth, hoy convertida en museo

Las enfermedades asociadas a los cambios de residencia fueron una constante en las vidas de las Brontë. La madre, María Branwell, murió apenas un año después de que se instalaran en Haworth. Más tarde, las cuatro hermanas mayores fueron enviadas a un colegio para hijas de clérigos en Cowan Bridge, donde sufrieron grandes penalidades: frío, humedad, escasez de comida y sobre todo una dura disciplina que contrastaba con la libertad de los páramos. Las condiciones de vida del colegio terminaron con la vida de Mary y Elizabeth, que murieron con 11 y con 10 años.

La pérdida de las dos hermanas mayores marcó profundamente al resto de los hermanos, en especial a Charlotte (que describiría el ambiente de la institución benéfica en su novela “Jane Eyre”), a Emily y a Branwell. Los años siguientes los pasaron todos juntos en Haworth. Aislados del mundo, sólo se relacionaban entre ellos y con sus propios libros y fantasías.

“En la noche del 5 de junio de 1826, Mr. Brontë trajo de Leeds una caja con doce soldados de madera para su hijo. Cuando éste se la enseñó a sus hermanas, cada una escogió una figura y le puso un nombre: el de Charlotte se llamaría Tweenie (apelativo para Wellington), el de Emily Pare (apelativo para Parry), y el de Anne Trott (apelativo para Ross). The Young Men’s Play fue, por tanto, el punto de partida de toda una literatura compuesta por crónicas, periódicos al estilo de Blackwood’s, y también folletines que referían las más temerarias hazañas y audaces aspiraciones de estos soldados, convertidos en héroes. La fundación de The Great Glasstown Confederation, situada en la costa africana, sirvió a dicho propósito: en efecto, The Twelves (así llamados los doce soldados) disponían de cuatro genios o jefes principales –Tallii, Branii, Emii y Annii- que inventaban toda clase de aventuras, y luego las transcribían tanto en prosa como en verso en una revista confeccionada por ellos mismos: The Young Men’s Magazine.” [2]

Más tarde, este mundo fantástico se dividió en dos: Charlotte y Branwell fundaron el reino de “Angria”, mientras que Emily y Anne se retiraron a una isla imaginaria del pacífico norte llamada “Gondal”. Las hermanas se sumergían hasta tal punto en estos mundos paralelos e imaginarios, que Emily realizó la siguiente anotación en su diario, el 24 de noviembre de 1834:

“La tía acaba de entrar en la cocina ahora mismo y le ha dicho a Anne ¿dónde tienes los pies? Papá abrió la puerta del salón y dio una carta a Branwell diciéndole que la lea y se la enseñe a su tía y a Charlotte –los habitantes de Gondal están descubriendo el interior de Gaaldine- Rally Mosley está lavando en la cocina.” [3]

Sin embargo, este mundo imaginario e infantil no habría de durar demasiado. Como dicen las Vainica Doble en su “Habanera del primer amor”, “nunca dura cosa buena”… y las hermanas Brontë crecieron y tuvieron que enfrentarse con el mundo adulto, y al hecho de tener que ganarse la vida. La primera en salir de Haworth fue Charlotte, que trabajó como institutriz. Ella convenció a sus hermanas de la necesidad de ser autosuficientes y buscarse un empleo (el trabajo de institutriz o profesora era la salida más viable para las mujeres de aquella época), de modo que la siguieron Emily y Anne. Pero el “mal de las Brontë”, esto es, la añoranza terrible de los páramos y su libertad, amenazaba su salud, y las pobres nunca duraban más de 6 meses fuera de casa. Así lo reflejó la propia Charlotte en “Memoir of Emily Brontë by Charlotte Brontë”:

“La libertad era el aliento de Emily; sin ella perecía. El cambio de su casa a la escuela, de su propio modo de vida, silencioso, apartado, pero sin sujeciones artificiales, a otro de rutina disciplinada (aunque bajo los más bondadosos auspicios) era lo que no podía soportar.” [4]


Emily Brontë

La vida como institutrices no las satisfacía (las amarguras de la profesión aparecen reflejadas en las novelas Jane Eyre, de Charlotte, y Agnes Grey de Anne), de modo que las hermanas idearon construir una escuela para niñas en la rectoría y trabajar allí como profesoras. Para mejorar su educación, se fueron a Bruselas, donde aprendieron francés e hicieron grandes progresos en sus estudios. Su profesor, Constantin Heger, quedó impresionado con las mentes de las Brontë, especialmente con la de Emily. Charlotte fue quien más tiempo pasó allí, y entabló una relación de admiración con Heder, hasta el punto de crearle un angustioso dilema entre quedarse en Bruselas o volver a Haworth. La huella de esta experiencia quedó impresa en sus novelas “El profesor” (públicada póstumamente en 1857) y “Villete” (1853).

Entretanto el hermano, Branwell, comienza a sumergirse en una espiral de autodestrucción. No logró reunir el valor suficiente para presentar sus credenciales en la Royal Academy (era pintor retratista), y trabajó como tutor en una familia, luego una estación de ferrocarril, mientras se daba a la bebida y contraía deudas. En la estación de ferrocarril descubrieron que había robado dinero, y no tuvo más remedio que volver a casa. Después volvió a trabajar como tutor en una familia de Thorp Green, donde fue nuevamente despedido debido a un turbio episodio con Mrs. Robinson, la mujer del reverendo (en esta edición no queda claro si fue un simple affair o algún hecho violento, como por ejemplo una violación). El episodio fue vivido por las hermanas como una gran desgracia, y les produjo muchísima vergüenza y tristeza. Branwell se dio enteramente a la bebida y al opio, acelerando su proceso autodestructivo. El proyecto de la escuela queda abortado, pero curiosamente, en medio de este panorama desolador, las hermanas Brontë comenzaron a escribir.

“Desde muy temprana edad habíamos albergado el sueño de llegar a ser escritoras. Este sueño, que no habíamos abandonado ni siquiera cuando la distancia nos separó y el trabajo nos absorbió, adquirió de repente solidez y consistencia: se convirtió en una resolución.” [5]


La aventura editorial de las hermanas Brontë

Lo primero que intentaron publicar nuestras escritoras fue una selección de sus poemas. Conscientes de los prejuicios que existían hacia las mujeres escritoras, y con el deseo de ahorrarse cualquier publicidad personal, enviaron los manuscritos bajo unos seudónimos ambiguos, libres de género, bajo el título de “Poemas de Currer, Ellis y Acton Bell”. Los críticos mediatamente creyeron (sin molestarse a comprobarlo) que los autores eran hombres.

El libro no tuvo demasiada repercusión, pero alguna buena crítica logró, y esto animó a las hermanas a ponerse a trabajar en obras en prosa. Emily escribió “Cumbres borrascosas”, Charlotte “El profesor”, y Anne “Agnes Grey”. Volvió el peregrinaje de editorial en editorial, hasta que en 1846, la editorial T. C. Newby aceptó “Cumbres borrascosas” y “Agnes Grey”; “El profesor” fue rechazada.


Charlotte Brontë

Charlotte acompañó a su padre a Manchester para que se sometiera a una operación de cataratas, y durante las largas horas de convalecencia del enfermo, escribió su segunda novela, Jane Eyre. Smith, Elder & Co. la publica en 1847, y se convierte en un gran éxito. El editor de Emily y Anne, en vista del éxito de “Jane Eyre”, propició la confusión en las identidades de las tres escritoras, e hizo ver que las otras dos novelas pertenecían al mismo autor, lo que conllevó que denunciaran a las hermanas por incumplimiento de contrato. Debido a este incidente, tuvieron que revelar la existencia de tres escritoras distintas, y dar cuenta de su verdadera identidad.

Aclarado el enigma de Currer, Ellis y Acton Bell, “Cumbres borrascosas” y “Agnes Grey” vieron por fin la luz, y comenzó una etapa en que la crítica literaria se volvió hacia la obra y la personalidad de las tres escritoras. En los primeros años, la crítica consideró que Emily Brontë tenía un gran potencial como escritora, pero se consideró “Cumbres borrascosas” una obra inmadura, mal construida e intolerablemente ruda y siniestra. Incluso las propias hermanas de Emily no llegaron a entender del todo el mensaje oculto en la obra, y se asustaban de que su hermana fuera capaz de concebir a personajes tan malvados y retorcidos. Emily sonreía ente dientes, lo que demuestra que era una escritora totalmente consciente. Pero eso nadie lo descubriría hasta mucho más tarde.

En septiembre de 1848, murió Branwell, y durante el funeral, Emily cogió frío y se puso enferma. No quiso ver a ningún médico ni tomar ninguna medicina, y se dejó morir el 19 de diciembre de 1848. Tenía 30 años. La siguiente en caer enferma fue Anne. Ella sí se dejó cuidar por los médicos, pero de nada sirvió. Murió en mayo de 1849, a la edad de 29 años.

Charlotte aún vivió 6 años más. En 1854 se casó con Arthur Bell Nichols, el coadjutor de su padre. Al poco de quedarse embarazada, cayó enferma a consecuencia de un paseo bajo la tormenta en los páramos, y murió en 1855. El más longevo fue el padre, Patrick Brontë, que sobrevivió a toda la familia.


El enigma de Cumbres Borrascosas

Como hemos dicho antes, Emily Brontë era una escritora consciente, y como tal, sabía que tenía que envolver su mensaje bajo unas formas que resultaran mínimamente tolerables a las convenciones de la época. Sin embargo, bajo esas convenciones late todo un mundo que estalla en mil pedazos a lo largo de la novela, y que es una muestra de la arrebatadora personalidad de la autora.

En el estudio crítico de la novela que hace Paz Kindelán en la edición de Cátedra, creo que queda patente la afirmación de Donna Haraway de que “leer ficción es una práctica intensamente política” [6]. Lo digo porque en opinión de Kindelán, que considero muy válida, la novela acaba “bien”, y en opinión de Merche Tranche y la crítica literaria feminista, acaba “mal”. Y aquí está quizá la grandeza de la obra, que está estructurada y pensada de forma tal que cada lectora o lector pueda reconstruir su propia historia (como con las películas de David Lynch).

Antes de seguir, voy a recordar algunas pistas que nos dio Merche en la sesión anterior: 1) “qué piden los niños a su padre que les traiga”, y 2) “parece que nadie consigue lo que quiere, pero uno sí”.

El argumento gira en torno al amor entre Catalina Earnshaw y Heathcliff, los protagonistas. Hay dos espacios físicos antagónicos donde se desarrolla toda la novela y que son dos casas: “Cumbres borrascosas” y “La granja de los tordos”. La primera, según los cánones convencionales, representaría el infierno, y la segunda, el cielo. En “Cumbres” vive la familia Earnshaw, y en “La granja”, los Linton. Cuando Catalina y su hermano Hindley son pequeños, su padre se va de viaje a Manchester y los niños le piden que les traiga regalos. Hindley pide un violín (cultura), y Catalina una fusta (fuerza). Sin embargo, ninguno de los dos queda satisfecho: lo único que trae el padre del viaje es a Heathcliff, un niño andrajoso y con aspecto de “gitano” que desagrada a toda la familia. El niño podría ser un hijo ilegítimo del padre, aunque en ningún momento se sugiere tal cosa.

Heathcliff se queda a vivir en la casa a pesar de tener un rango indeterminado entre criado e hijo adoptivo (que se decantará más bien hacia lo primero tras la muerte del señor Earnshaw) y surge entre él y Catalina una amistad que les lleva a la unión e identificación total. La niña es ahora poderosa ante el hermano, porque tiene a su otro “yo” que la defiende. De modo que es ella la que obtiene lo que quiere, que es la fusta, la fuerza, el poder. Con Heathcliff, Catalina está “empoderada”, porque él es ella misma.

Otra de las pistas que nos dio Merche se refería a la obra “El paraíso perdido”, de John Milton. Así, no nos es difícil asociar la etapa infantil de la vida de Heathcliff y Catalina con el paraíso, donde los niños, libres de prejuicios y de las obligaciones adultas, disfrutan de su libertad y su amistad en la paramera. Uno de los momentos clave es cuando, escapando de algún castigo, descubren la existencia de “La granja de los tordos”, que hasta entonces ignoraban. Entonces se produce la primera y traumática separación entre ambos; primero por la irrupción del sexo en sus vidas (simbolizada en la llegada de la esposa de Hindley), y segundo por la irrupción también de la cultura y la civilización, simbolizada en la Granja y sus habitantes. Allí viven los estirados y respetables señores Linton, con sus hijos Edgar e Isabela. Los habitantes de la casa retienen en ella a Catalina, que cae enferma, al tiempo que rechazan a Heathcliff, al que consideran como un criado.

Cuando Catalina vuelve a “Cumbres”, después de 5 meses, es otra persona. Ahora se preocupa por sus modales, ir bien vestida y ser una señorita, mientras que Heathcliff sigue siendo el mismo muchacho rudo y rústico. Catalina inicia ahora una amistad con Edgar Linton, paradigma del hombre respetable pero aburrido, y empieza a pensar en casarse con él.

Es aquí donde se produce otro momento clave: Catalina confiesa a Nelly, el ama de llaves y narradora de la historia, sus verdaderos sentimientos por Heathcliff, a pesar de su decisión de casarse con Edgar Linton:

"Me degradaría ahora casarme con Heathcliff; él no sabrá nunca cuánto le amo, y eso no es porque sea guapo, Neli, sino porque es más [yo] que yo misma. De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo, y la de Linton es tan distinta como la luz de la luna del rayo y la helada del fuego."

(...)

"Mi amor por Linton se parece al follaje de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas, es fuente de escaso placer visible, pero necesario. Neli, yo soy Heathcliff..." [6]

Efectivamente, según nos contó Merche, Catalina es Heathcliff. Se trata del mismo personaje, desdoblado en dos. Heathcliff representaría lo femenino, a las mujeres, porque no tiene ningún poder. Pero al mismo tiempo es el "alter ego" que da poder a la heroína de la novela, su ser completo. Porque los personajes de "Cumbres borrascosas" (en especial los protagonistas) no son personajes, son pasiones en estado puro. Por eso resultan tan violentos, imprevisibles, misteriosos y salvajes.

Heathcliff, lleno de odio y de celos (también es maltratado por Hindley, el hermano de Catalina, que siempre le ha odiado) huye y desaparece por un periodo de unos tres años. A su regreso, Catalina está casada con Edgar, y él se ha convertido en un rico caballero, dispuesto a ejecutar su venganza contra Edgar y Hindley. Cuando ella descubre que él ha cambiado y que no puede compaginar su vida de casada con Heathcliff, se rompe en varios pedazos y se deja morir. Primero se encierra durante tres días en un cuarto y se niega a comer, y después se deja vencer por la enfermedad. Este recurso a la huelga de hambre, a la protesta a través del propio cuerpo, es muy significativo de la falta de poder de las mujeres, que sólo tenían ése recurso de protesta: la agresión a su propio cuerpo. Finalmente Catalina muere, y en ese momento descubrimos que estaba embarazada y que ha nacido una niña. Este "detalle" es tremendamente curioso; hasta el momento de su muerte no sabíamos nada del embarazo, de modo que nos quedamos con la sensación de que el embarazo es una enfermedad, una invasión, una fragmentación. También podemos pensar que Catalina se ha desdoblado nuevamente: ahora hay una nueva Cati.

Para la crítica feminista, "Cumbres borrascosas" representa la lucha entre "cultura" y "naturaleza", donde la cultura acaba imponiéndose, y demostrando por qué las mujeres de la época victoriana vivían en una jaula de oro, en un mundo de domesticidad, té y labores de bordado. Representa también la respuesta de Emily Brontë a la épica de John Milton y su presumida Eva. Me gusta mucho este pasaje, localizado también en el momento en que Catalina confiesa a Nelly su amor por Heathcliff:

"...el cielo no parecía ser mi casa, y me partía el corazón a fuerza llorar por volver a la tierra, y los ángeles estaban tan enfadados que me tiraron en medio del brezal, en lo más alto de Cumbres Borrascosas, donde me desperté llorando de alegría." [7]

En mi super-modesta opinión, Emily le está diciendo a Milton que quizá el cielo no es un lugar tan deseable, con sus aburridas leyes y jerarquías, y que quizá su infierno, donde reina el caos y no hay jerarquía, sea nuestro cielo.

De modo que en la primera parte de la novela, con la muerte de Catalina, triunfa la cultura. Pero después en la segunda parte, con una nueva generación de personajes, y aunque de manera diferente, vuelve a repetirse el triunfo de la cultura. Heathcliff, que vive 18 años más que Catalina, no consigue ejecutar su venganza, y el amor entre Cati Linton (hija de Catalina y Edgar Linton) y Hareton Earnshaw (hijo de Hindley) termina imponiéndose. Paz Kindelán interpreta esto como un "final feliz", una especie de "segunda oportunidad", pero en nuestra opinión se trata de un amor de naturaleza muy distinta, que goza de la aprobación de la cultura, la civilización y los ideales domésticos, y que no tiene nada que ver con el amor imposible de la primera pareja de amantes. Quizá Emily necesitaba este final y esta segunda parte para rebajar la "amoralidad" de la primera parte de la historia, pero le sirve al mismo tiempo para dejar claro el triunfo aplastante de la cultura.

Un análisis de la estructura de la novela nos revela asimismo la maestría de la escritora, de cómo nos introduce en la compleja historia a través de distintos narradores y nos invita a "recrear" la narración a través de una apasionante interacción entre ella, nosotras y el texto.

"Snow outside; warmth and refreshment within; Lockwood and the reader are prepared to give absorbed attention to the tale Nelly Dean has to tell... with a bold economy odf effect, Emily Brontë has got us inside her tale -and keeps us there-." [8]

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Literatura de mujeres del mundo; cap. I: Cherchez la femme

"El camino que recorremos, otras mujeres lo han limpiado y hecho firme. Junto a nosotras, otras mujeres recorren caminos paralelos. medir sus pasos aprovecharlos, es la mejor manera de dar valor a su experiencia, a sus goces y sufrimientos. Sus estrategias creativas y vitales, la imaginación de sus propuestas enriquece las nuestras. Conocerlas es conocernos un poco más a nosotras mismas."

Me he apuntado al curso-taller de literatura de mujeres del mundo que imparte Merche Tranche en Hernani, y me he propuesto hacer 'blogging' con cada una de las sesiones. Ya llevamos 3, así que tengo mucho trabajo atrasado ;-) El método será escribir sobre las notas que tomé in situ, quizá de una forma algo desordenada.

En la primera sesión, que fue el 26 de octubre, Merche hizo una introducción a la "literatura de mujeres". Nos habló de las dificultades históricas de las mujeres para escribir, y de cómo las escritoras actuales, sean conscienten o no, escriben gracias a las pioneras, las británicas del siglo XIX como las hermanas Brontë o Jane Austen. Hay escritoras, como por ejemplo Lucía Etxebarria, que, nos gusten más o menos, son conscientes y conocedoras de la importancia de estas pioneras.

Vimos ejemplos de la misoginia de los críticos literarios, de cómo aprovechan la crítica a una sola escritora para despotricar de todo lo escrito por las mujeres, aunque cuidándose bien de mencionar las excepciones (grandes escritoras como Marguerite Duras). Esto no es justo, porque no todas las escritoras pueden compararse a las más grandes, del mismo modo que no todos los hombres que escriben son Joyce o Dostoyevski (y nadie les pide que lo sean); no podemos juzgar por las excepciones.

En otro ejemplo, Merche nos hizo leer un artículo del innombrable, titulado "Carta a María". Se trata de la respuesta de Perez Reverte a la carta de una niña de 14 años, que le pide consejo sobre qué libros leer. De todo lo que le recomienda el arrogante capitán Alatriste, no hay ni una sola referencia escrita por una mujer. "Podría pasarse la vida entera leyendo lo que le recomienda, y nunca leería un libro escrito por una mujer", decía Merche. Por otro lado, ella llamaba a la retahila de recomendaciones, "los cuarenta principales de la cultura". ;-)

Habló Merche de que las experiencias femeninas, como por ejemplo la relación madre-hija, la menstruación o la menopausia, no forman parte de la literatura, no se consideran experiencias universales. Todo ha estado siempre en contra para que las mujeres escribamos: las servidumbres domésticas o familiares, la falta de espacio, de reconocimiento... Al no poder dedicarse a los géneros literarios de más prestigio, las mujeres trabajaban otros como los diarios, las cartas, las recetas de cocina...

La historia de la literatura es una lucha de relatos, con varios "equipos" en liza. Las mujeres, serán las únicas en su "equipo", y las primeras, como hemos dicho, serán las escritoras británicas del siglo XIX. Como hasta ese momento apenas habían podido entrar en esa "lucha de relatos", nuestras heroínas victorianas tienen mucho a lo que contestar.

Contestando a Milton

Hasta esta primera sesión del taller, era ignorante de la importancia de John Milton en la cultura anglosajona. Su 'Paraíso perdido' (poema épico que dramatiza el Génesis, esto es, las andanzas de Adán y Eva), contiene todo un discurso acerca de la naturaleza de las mujeres y su lugar en la sociedad, al que nuestras escritoras empezarán por contestar.

En el poema de Milton, Eva es creada a partir de la costilla de Adán, y nada más despertar a la vida, cual Barbie presumida, descubre su propia imagen reflejada en el agua:

"Cuando por vez primera desperté
Del sueño, y me encontré recostada [450]
Y a la sombra, bajo un dosel de flores,
Sin acertar quién era y dónde estaba,
Y de dónde y cómo allí me habían traído.
Nada lejos de mí se oía un sonido
Murmurante de aguas que brotaban
De una gruta y en líquida llanura
Se esparcían y se remansaban
Tan puras como el ámbito del cielo;
Allí me encaminé sin experiencia
Previa, y me asomé a la verde orilla,
Para mirar el claro y liso lago,
Que a mi me parecía un firmamento.
Al doblarme a mirar, apareció, [460]
Justo enfrente, sobre el acuoso brillo,
Una figura inclinada hacia mí:
Retrocedí y ella retrocedió,
Mas complacida enseguida volví,

Y ella, complacida, enseguida volvió,

Devolviéndome la mirada con

Simpatía y amor
(...)"


Mientras Eva y Adán disfrutan del Paraíso, ajenos al "fatal" destino que se cierne sobre ellos, vamos conociéndolos poco a poco. Mientras Adán es el detentor de las más "excelentes" cualidades humanas, Eva ya se nos muestra como vanidosa, insensata, manipuladora... Ya saben, el "cherchez la femme" primigenio:

"A ella se le otorgó demasiado
Ornamento; perfecta exteriormente,
No está tan acabada en su interior."

El patriarca Dios, amante de las jerarquías, se encarga de dejar bien claro quién manda sobre quién. Adán le debe obediencia a Dios; Eva, primero a Adán y luego a Dios:

"Porque ¿qué es lo que admirás, qué es lo que
De tal modo te arroba? Una figura
Externa, sin duda hermosa, y digna
De tu cariño, homenaje y amor,
No de tu sujeción. Compárate [570]
Con ella y considera. Con frecuencia
Nada es más provechoso que la propia
Estimación basada en la justicia
Y la razón bien entendidas; cuanta
Más habilidad obtengas en este arte,
Más reconocerá que eres su dueño,
Y someterá todos sus encantos
A la realidad: hecha tan bella
Para tu mayor deleite, tan noble
Para que con honor puedas amarla
A ella, que percibe cuando abdicas
De tu prudencia. (...)"

Otro momento clave es la discusión entre Eva y Adán, conscientes de que el Diablo podría tentarles o atacarles, sobre si tienen que permanecer juntos o separados. Eva sugiere que separados podrían cumplir mejor con su trabajo en el Paraíso, que se limitaba a la jardinería; pero Adán, que considera a Eva más débil, se niega a dejarla a solas:

"Bien has expuesto, bien has razonado
Cómo podemos realizar mejor
La tarea que Dios nos ha asignado,
Y merece mi elogio tu advertencia;
Pues nada hay más hermoso en la mujer
Que aplicarse al doméstico cuidado
E inspirar nobles hechos a su esposo."

Eva insiste en que no tiene sentido vivir con miedo y sin libertad de movimientos, y, aunque al final se saldrá con la suya (para demostrar lo malísimo que es dejar a las mujeres hacer las cosas solas), Adán le advierte:

"(...) No busques, pues,
La tentación, mejor es evitarla,o te me alejas;
Y ello es más fácil si no te me alejas;
Ya que la prueba vendrá sin buscarla.
¿Quieres poner a prueba tu firmeza?
Primero pon a prueba tu obediencia."

Merece la pena leer completo el 'Paraíso perdido' de Milton. Yo he disfrutado leyendo algunas partes, alucinando con la caricatura que es Eva. Es increíble la mala fe hacia las mujeres que destila todo el texto. Así, a una no le extraña que las primeras escritoras empezarán contestando a Milton. En la mayoría de sus novelas, encontramos referencias al 'Paraíso perdido'. Por ejemplo, en 'Franskentein', de Mary Shelley , el monstruo lee la obra de Milton tras su huida del laboratorio, cuando se refugia y se esconde. La propia historia tiene también mucho que ver con el Génesis, la creación del monstruo y cómo éste se siente solo y le pide al Creador que le fabrique una compañera.

En las novelas de las hermanas Brontë y en las de Jane Austen, también hay giños y referencias al 'Paraíso perdido'.

Preparando la lectura de 'Cumbres Borrascosas'

Para preparar la lectura de la primera novela, Merche nos dio varias pistas. La primera era la de Milton, con la invitación a leer 'El Paraíso perdido'. La segunda, el cuento original de 'Blancanieves', que leimos y comentamos allí mismo. Después, una lista de detalles que deberíamos de tener en cuenta a la hora de leer la obra:

  • Imágenes de las mujeres: opuestas, ángel-demonio
  • Educación de las mujeres
  • Qué leen
  • Consideraciones sobre el arte y, en esecial, sobre la escritura
  • El dinero, el matrimonio, la independencia económica, las huidas
  • Enfermedades, locura
  • La comida
  • Espacios: abiertos, cerrados, amplios, estrechos, propios. La casa y sus habitaciones. Los desvanes.
  • Imágenes de encierro
  • Los viajes, los medios de transporte
  • Tratamiento de la naturaleza
  • Los espejos
  • La imaginación, el engaño y el autoengaño
  • Opciones: cuáles hay y qué suponen
  • Normas sociales
  • Embarazos, hijos
  • Relación con otras mujeres: de qué hablan

Además de todo esto, nuestra "profesora" nos dio pistas más concretas sobre 'Cumbres borrascosas', de Emily Brontë:

  • ¿Qué piden l@s niñ@s, al principio de la novela, que les traiga su padre?
  • Parece que nadie consigue lo que quiere, pero un@ sí. Esa es la clave del libro...
¿Verdad que, con tanto misterio, entran ganas de leerla? ;-)
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