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Periodismo y Women's Lib

Periodismo y Women's Lib

June Fernandez es una joven periodista, compañera de militancia, que vale un huevo y a la que tengo mucho cariño. Trabajó para El País y la revista Frida, es una de las fundadoras de Kazetarion Berdinsarea, una red de periodistas (vascos y vascas) con visión de género. June sigue reinventándose a sí misma, y ahora trabaja en la creación de una nueva revista digital, joven y feminista. Le he prometido colaborar, aunque aún no haya decidido el formato y siga dándole vueltas a lo oxidada que estoy y a las limitaciones (internas y externas) que tengo.

Hace unos meses, encontré en una feria de libros antiguos una edición de Kairos (Barcelona) de 1972 titulada "Hablan las women’s lib", una compilación de artículos con títulos tan sugerentes como "Guerra al sexismo", "El mito del orgasmo vaginal", "La represión sexual de la mujer" o "Ya no soy tu chica". Me sorprendió que una obra tan explícita encontrara salida en pleno franquismo, sin duda bajo la más estricta clandestinidad.

A continuación reproduzco uno de los artículos, firmado por Helen Dudar para la revista Newsweek el 23 de marzo de 1970. La traducción es muy mala, pero lo que más me interesa es la intención de la periodista de sumergirse en el MLM con una sensación de ambivalencia que supone un 50% de recelo, y el hecho de que concluya el trabajo transformada y con una herida abierta. Ése es el periodismo que me interesa y por el que pienso que merece la pena luchar. Dedicado a June.

GUERRA AL SEXISMO por Helen Dudar

En una época de reivindicaciones sociales, la antigua causa del feminismo norteamericano se encendió en una vida nueva y violenta con el movimiento de liberación de las mujeres. Es un fenómeno difícil de analizar; la mayor parte de las feministas rehúsan siquiera hablar con periodistas masculinos, a quienes les resulta difícil hacer el reportaje con el dominio del asunto que tiene una mujer. Newsweek invitó a Helen Dudar, periodista de primera plana, para hacer este artículo.

Cuando los amigos me preguntaban en qué estaba trabajando esos días, decía: "Oh, en varias cosas". Y hablaba inmediatamente de los niños. Otra cena congelada, otro intercambio de peleas entre un hombre y una mujer, cuya vida en común había parecido siempre amistosa, me parecía una perspectiva insoportable. Al principio, aun antes de que alguien preguntara, muchas veces yo misma abordaba el asunto. Si la pareja conocía lo que era el movimiento de liberación de las mujeres, empezaba inmediatamente una discusión; él, como herido, murmuraba entre dientes: "Pero, cariño, que quieres decir con que piensas adherirte... ¿No te sientes libre?"; ella respondía con suave obstinación, "Sí, sí, pero me siento en la obligación de asumir un compromiso existencial". Si no habían oído hablar de la liberación de las mujeres, yo explicaba, y se entablaba una discusión. Algunas veces era él quien preguntaba si no había planteamientos válidos en juego, mientras ella, temiendo el ataque a su papel de madre, mujer y guardiana del hogar, se sublevaba perpleja y enojada contra ideas extrañas, que le sugerían el haber empleado toda su vida en trivialidades.

Así descubrí casi de inmediato, hasta qué punto este asunto provoca reacciones. Nadie se halla inmune. Las sufragistas eran esas damas ridículas de los raquíticos noticiarios que se ataban a los postes del alumbrado para obtener el voto. La Nueva Feminista norteamericana es la hija del vecino, estudiante universitaria que anuncia friamente que no piensa casarse. Es Judy Stein, de 16 años, fundadora del Womens’s Lib en la Escuela Superior de Música y Arte de Nueva York, que suele pagar su consumición cuando sale con un chico. ("Si no, es como si el muchacho te alquilara por una noche") Es también Ti-Grace Atkinson, que dejó ya hace tiempo la etapa de la denuncia del matrimonio, y que escribe ahora sobre la necesidad de renunciar al sexo y al amor, dado que, desde su punto de vista, estos son los medios fundamentales con los que los hombres esclavizan a las mujeres. Finalmente, las Nuevas Feministas son miles de mujeres con amantes, maridos e hijos -o con la esperanza de llegar a poseer algún elemento de esas tres categorías- que hablan de modificaciones en las actitudes y hábitos sociales que permitan a todas las mujeres actuar con igualdad, aunque como personas diferenciadas de los hombres.

JUGUETE: Por supuesto, no es de ese modo que la mujer norteamericana se ve ahora a sí misma. Es, en la elaborada retórica del movimiento, un "objeto sexual", nacida para ser el juguete de un hombre, limitada y definida por su papel sexual, más que abierta a las ilimitadas posibilidades humanas reservadas a los hombres, o al menos a algunos hombres. Les han enseñado de pequeña que las niñas juegan con muñecas y los niños construyen cosas. Si es inteligente, los adultos empiezan temprano a advertirla de que no debe ser demasiado inteligente. "Si usted resulta un genio matemático, -afirmó una mujer joven en la Universidad de Columbia- será su madre quien le dirá "píntate los labios y consigue un novio"".

Será una secretaria, una maestra, una enfermera, y sólo ocasionalmente una médico, una abogado o la jefe de cualquier cosa. Trabaje en una fábrica o en una de las profesiones de la élite, gana menos que los hombres y tiene menos probabilidades de promoción, con todo lo superior que sea; las mujeres, por definición, son menos superiores que los hombres. Cuando tiene hijos, queda atada a sus necesidades durante la mayor parte de sus años de vigor y juventud. Es la mujer de Fred y la madre de Jenny, y aparte de eso, descubrirá tardíamente que no tiene otra identidad.

IMAGEN: Los fabricantes y vendedores de objetos de consumo la miman con mercadería, la atención concentrada en reforzar una imagen sexual. "Somos fundamentalmente invisibles", dice Jo Freeman, una estudiosa de ciencias políticas. "Miro la pantalla de televisión, los anuncios, y allí veo esa persona sexy o graciosa que es lo que se considera una mujer. Yo no soy esa persona, y ninguna de mis amigas lo es. Pero usted nunca ve a ninguna de nosotras." Nanette Raimone, que realiza el único programa de radio de la Liberación de las Mujeres que existe en el país, para WBAI de Nueva York, dice que "a fin de cuentas ser una mujer es no ser nada. El tipo que realiza un trabajo en cadena no quiere ser una mujer. No se trata de que el trabajo en el hogar sea peor que el de la fábrica. Es que se da cuenta de que es nulo, de que es una total nulidad".

Lo que ha surgido rápidamente para llenar el vacío es el movimiento de Liberación de las Mujeres, designación poco explícita de una multitud de pequeños grupos dirigidos por una multitud de mujeres que se niegan a denominarse líderes. Los miembros de esos grupos son principalmente jóvenes (menos de 30), principalmente provenientes de la clase media, principalmente radicales y casi exclusivamente blancas, puesto que las mujeres negras prefieren quedarse dentro de los límites de la lucha por los derechos civiles. Como muchas de sus fundadoras vienen de la Nueva Izquierda, con su violento rechazo de toda jerarquía, estos grupos tienden a ser sólo locales, poco estructurados y poco vinculados, aunque todos se unen en cuanto a cuestiones de interés inmediato como el rechazo de la ley del aborto y el establecimiento de centros de cuidados diurnos para los niños.

El movimiento de Liberación de las Mujeres ha suscitado una literatura periódica en auge, que incluye No more Fun and Games, Tooth and Nail and Aphra (en honor de Aphra Behn, primera novelista feminista), por lo menos una autora teatral femenina -Myrna Lamb, cuya pieza The Mod Donna será presentada por el Teatro Shakespeare de Nueva York dentro de un mes- y ha inspirado al menos una docena de nuevos libros, ya terminados o en vías de realización. Pero cacular el número de miembros del movimiento es un juego difícil. Una conferenciante regular del movimiento me dijo con sorpresa y orgullo que por lo menos 10.000 mujeres deben pertenecer al movimiento. Otra aseguró que 500.000 sería una estimación moderada. Muchas ciudades de regular tamaño tienen uno o más grupos e igual ocurre en los campus de las universidades. El movimiento se desarrolla en Canadá, Inglaterra y los Países Bajos donde los grupos Crazy Mina, del tipo Provo, superaron los programas norteamericanos, exigiendo urinarios públicos para las mujeres y una semana de trabajo de 24 horas que permitiría que maridos y esposas se repartieran el cuidado de los niños.

CRECIMIENTO: Con toda seguridad, la nueva ola feminista está subiendo. Marlene Dixo, sociólogo radical, no fue readmitida en su cargo en la Universidad de Chicago, lo que desencadenó toda clase de protestas hace catorce meses; está ahora en la Universidad de McGill y casi todos los fines de semana vuela a algún lugar de los Estados Unidos cuidando los intereses del movimiento. "Durante cinco meses después de salir de Chicago -dice- trabajé el día entero en la organización de grupos. Al final de la primavera del año pasado fui a la ciudad de Iowa y encontré a un grupo de diez mujeres, compuesto por dos estudiantes y ocho mujeres de profesores; un grupo no muy apto para lanzar un movimiento. Recientemente volví allí para dar una conferencia que habían organizado, y tenían 400 mujeres. En los últimos meses he participado en diez conferencias, casi todas en el Medio Oeste, y en ninguna había menos de 300."

Sumarse al movimiento puede significar un nuevo estilo de vida. Algunas mujeres renuncian al maquillaje; muchas se preguntan si deben abandonar la depilación y mostrar las piernas velludas. Otras forman grupos vigorosos, después de abandonar los regímenes y los corsés. Y practicamente todas en el movimiento encienden sus propios cigarrillos y abren sus propias piernas. "La caballerosidad es un precio barato que se paga con el poder", comentó una líder del movimiento. De todos modos, las pequeñas gentilezas masculinas parecen ahora, a las liberacionistas, parte de una tradición sofocante que sobreprotege a las mujeres y las mantiene "en su lugar".

Acercarse al movimiento de Liberación de las Mujeres produce un efecto chocante: es el primer encuentro con el recelo que las liberacionistas sienten hacia los hombres. Ese recelo se eriza en la literatura del movimiento y estalla en la conversación, en ráfagas de invectivas doctrinarias. "No existe nada que se asemeje al amor entre un adulto masculino y un niño", me dijo una liberacionista de la clase obrera con cuatro hijas ya crecidas. "Entre la madre y el bebé hay un vínculo. Pero en el padre no existe afecto, amor ni emoción humana alguna, sino sólo el sentimiento de poder y propiedad."

Esta clase de hostilidades, sostiene un joven ideólogo, es sana: "una reacción visceral contra una situación real" y sin ninguna de las culpabilidades estimuladas por el psicoanálisis. Pero también resulta muy infecciosa. Empecé este trabajo con una tranquila seguridad respecto a mi capacidad de mantenerme a una respetable distancia del asunto que debía tratar. Esta satisfacción de mí misma se encogió y murió en la tarde en que me encontré lanzando una sarta de horribles obscenidades a un aturdido colega masculino que "sólo" había emitido una observación casual sobre algo "propio de la mujer". "¿Cómo controla usted la hostilidad?" me puse a preguntar, pues al comienzo eso estuvo muy cerca de  perturbar la rutina de mi vida diaria. "Estuve totalmente sumergida en sentimientos de hostilidad que brotaban del infierno que llevaba dentro", me dijo en San Francisco una maestra de jardín de infancia de 24 años. Pero, prosiguió, gran parte de este enojo era una "rabia de víctima" y podía aliviarse con la actividad constructiva en el movimiento de Liberación de las Mujeres. Le parecía también que la ayudaba a mantenerse alejada de los hombres.

NADA DE HOMBRES: Esta es la solución recomendada a todas las militantes por Ti-Grace Atkinson, miembro de un grupo de línea dura de Nueva York, Las Feministas. Ti-Grace ya no se presentará con un hombre excepto bajo el concepto de "confrontación clasista" -un debate en la televisión, una tribuna pública- y dice que la separación total es algo fantástico, puesto que disuelve esa ambivalencia que provoca la ira.

Sardónicamente, advierte: "El problema principal es la coherencia entre lo que se cree y lo que se hace. Por supuesto usted sabe que cada mujer del movimiento está casada con el único ser masculino feminista que existe. Por eso somos cómicas. La contradicción es la médula de la comedia. Una mujer que dice que los hombres son el enemigo, con un amigo al lado, es algo a la vez humillante y trágico."

El ridículo ha perseguido a las feministas, a través de los tiempos, como una broma satánica; es casi un alivio cuando la hilaridad se transforma en furia. "Mis amigos masculinos, en general, nos encontraban cómicas", dijo una activista. "Creo que han empezado a tomarnos en serio, ahora se enojan." En el movimiento existe la angustiada expectativa de un golpe de retorno, ayudado aun ahora por un estallido ocasional de violencia masculina.

A menudo, una organización del movimiento de Liberación de las Mujeres se describe solamente como "mi pequeño grupito", y esto es lo que esencialmente el movimiento ha sido hasta ahora: de cinco a quince mujeres que se encuentran una vez por semana e intercambian ideas y experiencias. En una de esas sesiones de "desarrollo de la conciencia", la rabia se vuelca al exterior, las ansiedades son analizadas y las mujeres se dan cuenta de cuan semejantes son sus vidas y sus problemas. Aprende también a querer a otras mujeres. "Por primera vez empecé a confiar en las mujeres", dijo una editora. "Las miro más de cerca. Incluso a una mujer que me parece aborrecible puedo verla como una persona, y no como un estereotipo."

RUPTURAS: Pero los miembros del movimiento de Liberación de las Mujeres, a veces, estereotipan a los hombres. "¿Su marido también es escritor?" me preguntó una mujer. "¿No es celoso?" Le dije que no; ella parecía escéptica. La participación en el movimiento, en general, puede ser dura para las parejas. Matrimonios y otros vínculos permanentes se derrumbaron debido a la irritación de la mujer, recientemente desarrollada, y a ciertos prejuicios recientemente descubiertos por el hombre.

Sin embargo, muchas mujeres que conocí estaban casadas con hombres que consideraban relativamente libres de "machismo"; en estos casos la masculinidad no era un impedimento para que se dividiera la faena de cuidar la casa, o de los niños. Y algunas parejas logran asociaciones excepcionales. En Nueva York encontré un marido y una mujer, ambos con trabajo de media jornada, para que pudieran los dos pasar medio día con su niño pequeño. En Berkeley supe de una mujer, periodista, cuyo marido se quedaba en casa. Ella iba todos los días a un empleo que le gustaba; él de buen grado había dejado uno que odiaba para quedarse en casa con el niño. Pero éstas son, esencialmente, soluciones privadas. Pese a la prédica sobre la abolición del casamiento y de la maternidad, gran parte del movimiento se centra en las posibilidades liberadoras de una red de centros para el cuidado de los niños, con personal masculino y femenino, que eliminarán la parte ingrata de la crianza de los hijos.

No se trata de una utópica ilusión. "Me gustaría una revolución", me dijo Lindsay Van Gelder, reporter de Nueva York. "Pero, realísticamente, me conformaría con lo que tiene Suecia." Lo cual es un buen comienzo. Pues Suecia, luego de un decenio de grandes debates, está pasando por una ola de reformas feministas. El catorce por ciento de sus escaños parlamentarios y dos ministerios de su Gobierno están ocupados por mujeres. Hay mujeres que manejan grúas, coches y autobuses; los padres tienen que mantener a los hijos, pero las mujeres divorciadas pueden arreglarse solas. Hay clases obligatorias, mixtas, de trabajos en metal, costura y cuidado de los niños; un nuevo sistema impositivo obliga prácticamente a las mujeres a buscar un empleo; se ha pensado en organizar centros de cuidado diurno y este año una modificación de los libros escolares, impuesta por el Gobierno, empezará a eliminar la imagen estereotipada de ambos sexos.

SEXO: Pero las reformas de estilo sueco, aunque admiradas en el movimiento, no son en general el tema principal de discusión. La constante preocupación de sus sesiones es el sexo: las decepciones, los fracasos del orgasmo, la inepcia de los hombres. Las discusiones parecen inagotables y la literatura obsesiva que este asunto produjo alimenta una opinión del hombre, lo que yo denominé la Teoría del Gran Golpe sobre la liberación femenina. Los hombres parecen convencidos de que lo que todas las mujeres necesitan es un buen coito. Pocos hombres se detienen a pensar si un rato de desenfreno cada noche haría olvidar a una mujer su aburrimiento, su frustración y el sentimiento de sufrir injusticias día tras día. Y quedan muy sorprendidos cuando ellas se quejan de que las consideren exclusivamente desde el punto de vista sexual.

La incitación lesbiana es otro tema masculino favorito, y produjo algunas reacciones interesantes entre las liberacionistas, inclusive sobrios debates respecto a si el lesbianismo constituía una alternativa viable a la heterosexualidad. "Una mujer que no se amilana con cualquier otro insulto -"váyase a casa y tome un baño", "lo que le conviene es una...", "sucia comunista rojilla"- puede deshacerse en lágrimas porque alguien la llame lesbiana", dice Robin Morgan. Una parte del Movimiento de Liberación de las Mujeres empezó a preguntarse por qué ellas reaccionan de este modo, invitó a las lesbianas al movimiento como "nuestras hermanas", y consideró la homosexualidad como un medio de control de los nacimientos y un camino hacia la igualdad.

Entre las abolicionistas del matrimonio y las que "flirtean" con el lesbianismo se encuentran las moderadamente radicales. Shulamith Firestone, una de las fundadoras del movimiento de Nueva York y autora de un trabajo teórico denominado The Dialectic of Sex, dice que la mayoría de las mujeres prefiere el intercambio sexual con los hombres y debe practicarlo, pero sin volverse dependientes o dejarse tratar como "felpudos". Anne Koedt, otra pionera de Nueva York, es cautelosa en sus consejos. "Hay que ser honesta consigo misma -dice-, dar cada paso sólo cuando ese paso ha adquirido un sentido para usted. Tenemos sólo una limitada tolerancia para el cambio."

Mientras conversaba con muchas de las mujeres que aquí analizo, advertía cuánto falsea las cosas la palabra impresa. En el papel, muchas parecen frías, lejanas, impertinentes, duras y a veces un poco necias. Al encontrarme con ellas, me parecieron en general amistosas, bien dispuestas y atrayentes. Frente a las que desarrollaban las más excéntricas teorías, me venía a la memoria que los fanáticos de hoy son, a veces, los profetas de mañana. Entre las mujeres que entrevisté había universitarias y arribistas intelectuales; pocas, además, podían soportar los astutos ataques de los contrarios. Sin embargo, el impacto general fue de cierta ternura sin corrupción, un sentido de hermandad sin sentimentalismo, entretejido en todo el movimiento.

LIBRES: Era grato encontrar mujeres que no estaban desesperadas por encontrar marido. Pero mucho de lo que se decía sobre la liberación de la dependencia era ilusorio. ¿Quién es verdaderamente independiente, fuera del hombre o la mujer que no tiene relación personal alguna? Las feministas recién liberadas, me parece, reciben apoyo de su grupo: otra forma de la dependencia. Además, pocas de las mujeres que encontré hubieran admitido que la vida misma es injusta. La mayoría se adhiere a la apocalíptica convicción de que la sociedad que asumiera el trabajo de criar a los niños liberaría a las mujeres. ¿Liberadas para qué? ¿Para conseguir los empleos que millones de hombres tienen y odian?

Pero millones de mujeres no tienen siquiera elección, y la posibilidad de optar; esto es realmente lo que esta revolución plantea. Me asombró descubrir que el nombre del doctor Benjamin Spock, para mí asociado a la idea de los sanos cuidados a los niños y a la de un vehemente pacifista, suscita silbidos en las reuniones del movimiento porque allí lo asocian con la idea de mantener a la mujer en su lugar. Siempre contrario a que la madre trabaje, Spock ha comenzado ahora a hablar ásperamente de las aspiraciones de la joven instruida. "Spock nació para pediatra", dijo Nanette Rainone en Columbia, en un teach-in sobre la liberación. "Ha elegido. A las mujeres les dice que su destino es ser madres, que es lo único que las realiza. Y si quieren un aborto, les impone su realización."

DIVISIÓN: El camino de la realización es espinoso. Después de dos años de conversaciones, de tratar de descubrirse a sí mismo, nadie ha aprendido las soluciones. Por el momento, el movimiento de Liberación de las Mujeres se halla dividido en ideologías rivales: feministas puras que quieren trabajar solas, feministas políticas convencidas de que deben trabajar junto con otros grupos radicales. Y hay una fragmentación general que señala algún impedimento más serio. "Tengo la impresión de que se trata de un enorme movimiento que carece de organización real", dice Leslye Russel, de Berkeley. Lamenta que "parezca destinado a no pasar de un juego", a menos que se esfuerce por organizarse. "Para ser eficaz tiene que organizar una nómina masiva de socios y cierta estructura. Lo importante, además, no es sólo estar estructurado, sino tener una estructura democrática."

Aunque no todos concuerdan que la solución será una mayor organización, hay señales de una modificación en este sentido. La mayor parte de los grupos de Chicago acaban de unirse en la Unión de Liberación de las Mujeres, con un comité de dirección que abarca toda la ciudad. El grupo de Feministas Radicales de Nueva York, creado por Shuly Firestone y Anne Koedt, está organizando pequeños grupos, cada uno responsable de crear otra "brigada", cada brigada haciéndose representar por delegadas rotativas en un cuerpo coordinador de toda la ciudad, y todo ello enderezado a crear un movimiento con base de masas, y con idéntico desarrollo en otras ciudades.

TERMINOS DE PODER: Hay, por supuesto, zonas apenas tocadas por el nuevo espíritu. Roxane Dunbar, una de las más importantes teóricas del movimiento, acaba de dejar su grupo de Boston para intentar organizar a las mujeres del Sur, que son las que conoce mejor. Desea construir algo pero, como la mayor parte de la hermandad, siente aversión por encararlo en términos de poder. Poder es lo que tienen los hombres. "No es posible vencer el poder con el poder de liberación -dice-, porque esto sería monstruoso. Lo que queremos es construir grupos que aislen al poder." Ninguna persona sensata -supone- quiere ver a las mujeres "liberadas en el papel social de hombres". Lo que pretenden es destruir ambos papeles.

Esta perspectiva me llena de alegría, y -quiero agregar enseguida- esto está muy lejos de la posición que sostenía hasta hace unos meses. Durante años rechacé a las feministas sin preocuparme por enterarme de sus acusaciones. La estridencia me aturde y, como a muchas otras personas, siempre me fue fácil desechar la sustancia por desagradarme el estilo. Pero, si se pone uno a pensarlo, mi disgusto por la apariencia era tonto: ¿En realidad, quién escucha las quejas formuladas en pianissimo?

ORGULLO: Más o menos en la época en que empecé este trabajo, había oído lo suficiente para desechar la hostilidad y sentirme en un estado de ambivalencia. Pensábamos -los hombres que dirigen esta revista y yo- que la ambivalencia era un estado de espíritu muy refinado para escribir un ensayo sobre el movimiento de Liberación de las Mujeres. Bueno, yo creo que tal ambivalencia sólo duró 57 1/2 minutos, los de la primera entrevista. A mitad de mi conversación inicial con Lindsy Van Gelder, una amiga y colega, ella dijo, como observación marginal, que muchas mujeres que se sentían firmemente establecidas en terrenos dominados por los hombres experimentaban resentimiento frente al movimiento de liberación, porque su soledad les brindaba cierta sensación de superioridad.

Volví a casa, esa noche, con el dolor de estómago y de cabeza que, por primera vez, la ansiedad me producía. El sentimiento de superioridad es justamente lo que sentía y disfrutaba e iba a ser duro renunciar a él. Fue un descubrimiento importante. Una de las raras y verdaderas recompensas del trabajo periodístico es llegar a conocerse a sí misma. Aunque grata por este aspecto educativo, tenía que reconocer que no me ayudaba a superar la tensión mental.El movimiento de Liberación de las Mujeres pone todo en discusión; y aunque lo apruebo intelectualmente, me siento emocionalmente débil frente a muchos de sus planteos.

No importa. La ambivalencia desapareció. El sentimiento de lejanía también. Lo que queda es un sentimiento de orgullo y de hermandad con todas esas mujeres que han estado planteando las cuestiones más drásticas. Me siento agradecida hacia ellas. Lo mismo, creo yo, que muchas otras mujeres.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Feliz día de las mujeres... y de las ex-mujeres

Este título no pretende ser una declaración de intenciones (seria). Es que estoy leyendo a la Ziga, y aunque no estoy tan loca como ella, me identifico con muchas de las cosas que dice.

Al final lo de correr la Lilaton se quedó en agua de borrajas, como era de esperar. Las chicas de la nueva asociación Mochilas Rojas montaron un festorro en la Casa del Guarda y me invitaron a pinchar. Como poner música para que la gente baile es una de las cosas que más me gusta hacer, acepté inmediatamente, aunque tuviese que abandonar el proyecto deportivo.

Por la tarde hubo un montón de pintxos ricos y gratuitos. Tocaron La Omega y la Furia, unas referentas del copón para el rap feminista. Las DJs al final, como siempre. Si me conocen un poco, sabrán que una sesión de plácida no sería nada sin los clásicos problemas técnicos, que siempre le dan emoción al asunto. Me crezco ante la adversidad técnica. Pinchar música parece fácil y no está tan valorado como tocar instrumentos o cantar. Pero yo defiendo que una sesión de DJ es un performance musical que puede tener el mismo valor. Si no fuese por los eventos organizados por y para mujeres, o los eventos bollos y feministas, las DJs femeninas prácticamente no existiríamos.

Por eso discrepo de quienes opinan que los eventos feministas deberían ser más "amables" para las mujeres heteros, que se sienten "cohibidas" ante tanta lesbiana. ¿Se tienen que esconder las lesbianas para que las heteras no se sientan amenazadas? Me parece ridículo. Creo que es evidente que si se sienten cohibidas es su problema. Y también que en todo caso, lo que tiene que cambiar es el mundo hetero y mainstream que nos obliga a refugiarnos en pequeños eventos autogestionados.

Respecto al día de las ex-mujeres, me parece peligrosa esa tendencia esencialista del "día de la mujer" que nos venden las instancias bienpensantes. ¿La mujer? Curiosa esta expresión que pretende signifcar "todas las mujeres". Nos convertimos en "la mujer" y tenemos UN DÍA, mire usted qué bien, como las romanas, que vivían en una sociedad altamente patricarcal pero un día al año podían abandonar todos los deberes propios de su sexo e irse de farra a las adonías. Una vez acabado el día, vuelta a los deberes.

Como Ziga, opino que el binarismo de género es demasiado fuerte como para pretender deshacernos de él como si nada. Está inscrito en nuestros cuerpos, en el lenguaje, en la forma en que hemos construido nuestra subjetividad. Pero tampoco es tan fuerte ni tan determinante como para no poder jugar y experimentar con él. "Ser mujer" implica un trabajo ingente de "mantenimiento categorial", que diría B. Davies, a través de prácticas discursivas y acciones como por ejemplo, depilarse. Lo interesante, en mi opinión, es que las clasificadas mujeres al nacer, (y también los clasificados varones) tengamos acceso a una amplia gama de maneras de ser que no esté constreñida por el omipresente binarismo. En ese sentido, me declaro ex-mujer, insumisa de esa banalización absurda, interesada y opresiva de "la mujer". Qué vivan las camioneras y las femme-fatales, ¡que vivan LAS mujeres y las ex-mujeres!

resaca pop-trans-feminista sin miedo al futuro

Nuevos amigos voy a encontrar,
gente increíble que me va a enseñar
cosas increíbles de enseñar.

Con mi tarjeta de vídeo y una beca de Arteleku
será muy fácil mostrar lo que hay en mi cabeza,
va a llegar el momento de no dudar más porque ...

No tengo miedo al futuro,
yo no tengo miedo al futuro,
no lo tengo, oh no.

Astrud, No tengo miedo al futuro

a pesar de algunos pesares, me siento empoderada después de este último Feministaldia. Y con esto quiero decir que he recibido en vena un chute de calor feminista, de reconocimiento, de confianza en las capacidades propias y ajenas, de alegría y amistad, y eso no se paga con dinero, compañeras.

Entre los pesares mencionar la muerte repentina de Miren Eraso, directora durante muchos años de la revista Zehar y también de Arteleku entre 2007 y 2008. Ha sido un palo para muchas de las participantes que estaban unidas a ella.

Me perdí bastantes cosas por andar en el maremagnum organizativo y querer descansar un poco el sábado por la tarde, pero aun así me dio tiempo de tener un importante flechazo intelectual-espiritual con María José Belbel. Conocía por encima el proyecto Dig me out, me parecía interesante, pero no tenía ni idea de cómo era ella. Me la imaginaba 20 años más joven, y ni por asomo adiviné que podía ser granadina y profesora de inglés. Disfrutó mucho con la sesión de DJ que hicimos Diana Aller y yo el viernes por la noche. Nos pusimos a hablar de Cecilia, Las Grecas, Guillermina Motta y de mi gran pasión, Vainica Doble. Y también bailamos.

Lo que me emociona de María José es que ella estudia de una manera seria, científica, mucha de la música que durante años me ha interesado y he defendido. Y que además lo hace desde una perspectiva feminista y queer. Porque cuando me metí de cabeza en el feminismo militante, nunca pensé que el pop pudiera ser compatible con eso.

En su conferencia del sábado, Belbel mencionó algunos estudios que según su criterio están por hacer:

  • Artistas lesbianas en el cabaret y el cuplé.
  • Travestismo y transformismo en el flamenco y la copla.
  • Ye-yé, psicodelia y cantautoras (este es el mío!)  ;-)
  • Nuevos estudios sobre la movida

Mencionó la necesidad de alianzas entre las chicas de la música, algo que venimos haciendo aunque sea tímidamente desde hace tiempo. La visita de Diana Aller a Feministaldia es una prueba, y para mí, otro de los highlights del festival. Un lujo y un placer muy grande conocerla y compartir mesa de mezclas con ella. El viernes hubo una afortunada avería en uno de los reproductores de CD y acudí al rescate con mis vinilos, así que hicimos un tete-a-tete musical, las dos sorprendidas de lo bien que encajaban nuestros discos.

   

Y para cerrar el triángulo, vinieron las compañeras de ciclobollos de Lavapies, culpables de que ahora desee pedalear desnuda. Hicimos el taller de bici-crítica, y ocho aguerridas ciclistas nos deslizamos por los bidegorris y las carreteras heladas en la primera masa crítica de mujeres que se celebra en Donostia. Terminamos el recorrido en la plaza Sarriegi, donde las compañeras de Siberia-Gasteiz nos hicieron un cálido recibimiento.

 

Qué bien se está en una casa llena de gente como Arteleku. En este día de resaca pop-trans-feminista, pienso lo importante que es tener estos espacios de encuentro y empoderamiento. Y que quizá tenemos que dejar de preocuparnos tanto por abrirlo a la ciudadanía. Si no se enteran, peor para ell@s.

Siluets y la triple jornada

Antes de nada, dos aclaraciones:

1. Este blog lleva el banner de ad-free blog, lo que significa que no recibo dinero ni compensación de ningún tipo a cambio de publicidad. Últimamente estoy viendo muchos falsos blogs, una forma de publicidad encubierta y engañosa, porque sin aclarar que se trata de publicidad, simulan el blog de una mujer "felizmente casada" que glosa las maravillas de unas píldoras adelgazantes. Una lectora o lector habitual de blogs enseguida se da cuenta del engaño, pero no todo el mundo navega con los mismos conocimientos.

2. Creo que las escritoras de blogs no tenemos que tener miedo a hablar de nosotras mismas. Partir de la propia experiencia sólo significa situarse y no esconder el lugar desde el que una habla. Como lectora de blogs, valoro especialmente las entradas en las que la bloguera habla de sí misma pero tienes la sensación de que habla de ti.

Dicho esto, voy a resumirles mi jornada de hoy:

7:37 - ya estoy en el trabajo

14:58 - salgo de trabajar

15:05 - como con mi madre, mi hermana y mi hijo

18:00 - pediatra

19:10 - volvemos del pediatra. dejo al niño en casa con su padre y me voy al gimnasio

20:30 - salgo del gimnasio. compro agua para el niño, agua para mí y leche para el desayuno.

21:00 - le doy el biberón al nene. normalmente lo toma antes, pero ha llegado dormido del pediatra y no se ha molestado en despertarse para cenar.

22:30 - ya hemos cenado, me pongo a bloguear.

Esta distribución del tiempo es típica de una triple jornada: trabajo productivo remunerado + trabajo reproductivo no remunerado + jornada de la belleza. La jornada de la belleza es una gran jodienda para las mujeres, porque tiene un coste de oportunidad tremendo. Todo ese tiempo que empleamos depilándonos, yendo a la peluquería, al gimnasio, limpiándonos el cutis y largos etcéteras, ¿podríamos emplearlo mejor? ¿aprendiendo idiomas, por ejemplo? ¿estudiando, leyendo? ¿tocándonos el coño literal y figuradamente?

Sí amigas, consejos vendo y para mí no tengo. Ahora miren este anuncio y lo poderoso que es:

 

 

Berlusconi quiere que sudemos el jamón. Y nosotras, ¿sabemos lo que queremos?

Más de una vez me he confesado aquí como animal contradictorio, y no me avergüenzo de ello. He empezado a ir al gimnasio, concretamente a Siluets, y me resulta una experiencia fascinante, sobre todo desde un punto de vista antropológico. A veces me da risa, y a veces me da pena ver a todas esas mujeres esforzándose. Me pregunto si conseguirán su objetivo. La mayoría quiere adelgazar. Como estoy flaca, a veces tengo la sensación de que me miran con desconfianza: "esta, ¿a qué viene?". Es como cuando vas a la consulta de la psicoanalista, y en la sala de espera hay otras personas y te preguntas qué les pasará, y decides que parecen muy normales y muy cuerdas, y que seguramente ellas pensarán lo mismo de ti.

Los espacios sólo de mujeres como peluquerías, centros de belleza o gimasios femeninos tienen algo opresivo y a la vez gustoso. En Siluets todo me alucina: las monitoras tan guapas que lo mismo te dirigen una sesión de "vibro" que te depilan las ingles (hay tres tipos de depilación de ingles); la sensación de poder y de control sobre el propio cuerpo que se siente en las máquinas de fitness; las usuarias, sus circunstancias y sus camisetas ("Beautiful forever", "Ese DJ!!!", son algunos de los eslóganes que he visto); la revista Cuore en la sauna; la Batuka con su música machacona: "Quémalo, quémalo, quémalo"; "Así mamacita, así mamacita".... Uf, sólo de recordarlo me canso.

Intento convencerme de que voy por salud; para sentirme mejor, para no tener dolores de espalda... y es cierto, ya era hora de que me moviera un poco, de lo contrario nunca seré capaz de correr la Lilaton. Pero tampoco puedo negar que la sombra de Berlusconi planea sobre mi cabeza. Por lo pronto, el mayor beneficio que he notado es la liberación de serotonina. Salgo de allí roja como un tomate, sintiéndome sana, con energía y de buen humor. Quizá sólo por eso merezca la pena. ¿O no?

Ciudadano Clara

La historia de la aprobación del derecho al voto de las mujeres en las cortes republicanas en 1931 tiene todos los ingredientes para una buena película: momento histórico apasionante y desconocido, la cuestión de los derechos de las mujeres como tema principal, y una protagonista digna del momento y del tema, Clara Campoamor. Por desgracia nadie ha hecho ésta película todavía, aunque hay un documental bastante bueno, "Mujeres en la historia: Clara Campoamor", del que se puede escuchar el audio completo:

En "El voto femenino y yo, mi pecado mortal", Clara Campoamor deja testimonio de su (casi) solitaria lucha a favor del voto de las mujeres, y de los precios políticos y personales que tuvo que pagar por defenderlo. El libro está terminado en mayo de 1936, sin que hubiera comenzado la guerra civil. La autora desconoce aún lo que se viene encima: 40 años de dictadura que la mantendrán en el exilio, hasta su muerte en 1972.

Clara Campoamor se definía como liberal (en el sentido en que la palabra tenía en la época, y nunca de derechas, como he leído en alguna nota biográfica en internet), laica, democráta y republicana. 18 años antes de que se escriba "El segundo sexo", Campoamor hará una defensa de los derechos civiles y políticos de las mujeres que anticipa algunos elementos del feminismo futuro.

"[el feminismo es la] protesta valerosa de todo un sexo contra la positiva disminución de su personalidad, fruto de una legislación de clases o castas que jamás entrevió para su elaboración legislativa otro tipo de mujer que el de aquella inactiva, cuya mente en vacación prolongada no necesitaba otra protección que la de un marido, ya alimentista, ya administrador de sus bienes, y, siempre, de su libertad personal". (Prólogo a la obra Feminismo socialista, de María Cambrills)

Sobre el personaje me gustaría resaltar tres cosas: una, su integridad y el hecho de hacerse a sí misma: tuvo que abandonar los estudios en la adolescencia para ayudar a su madre viuda a mantener a la familia, pero en cuanto pudo, y trabajando mucho, fue ganando varias oposiciones, terminó el bachillerato años más tarde, y a los 36 se licenció en derecho y abrió su despacho de abogada. Para entonces ya estaba metida en política (ver datos biográficos). Dos, su vocación de servicio público: mientras tuvo acta de diputada, trabajó intensamente para legislar sobre asuntos fundamentales para las mujeres como el divorcio y el derecho de familia e infancia. No buscaba engordar su ego o su prestigio personal, sino que las leyes que se aprobaran fueran buenas. Redactó su propia ley del divorcio y la presentó en la cámara, pero la retiró para apoyar la propuesta del partido socialista, que al final progresó. Y tres, su independencia de los partidos políticos: militó en varios de ellos, pero como no se plegaba a los intereses partidarios, fue siempre por libre. A las elecciones de 1936 quiso presentarse con el Frente Popular bajo la denominación de Unión Republicana Femenina, pero no se lo permitieron.

Consiguió que la Constitución Republicana de 1931 reconociera en su artículo 23 la prohibición de discriminación por sexo: "No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas." La introducción de la palabra "sexo" en esa enumeración garantizaba el derecho al voto de las mujeres, y su inclusión se debe en gran medida a Campoamor. Ésa fue su pelea parlamentaria más famosa, la del 1 de octubre de 1931 (aunque en realidad hubo tres: ésa, la pelea previa en la Comisión parlamentaria, y posterior al 1 de octubre la "enmienda Peñalba", que pretendía dejar en suspenso el derecho al voto de las mujeres). Muchos diputados republicanos (y una diputada, Victoria Kent), se oponían a "conceder" el sufragio a las mujeres, porque temían que eso acabaría con la república, habida cuenta de que las mujeres estaban influenciadas por la iglesia y eran, en el lenguaje de la época, "retardatarias". Este actuar en contra de los valores que supuestamente inspiran a los partidos y sólo a favor de los intereses partidistas o partidarios es algo que hoy en día no se nos hace nada extraño. Pues entonces era igual. Pero por suerte hubo políticas como Campoamor, con una visión más amplia y dispuestas a defender sus ideales hasta el final.

Otro elemento que se ve clarísimo leyendo esta obra es el gran obstáculo que suponía la iglesia católica para el logro del derecho al voto de las mujeres y para el avance de las cosas en general. La iglesia católica era el muro contra el que chocaban los derechos de las mujeres una y otra vez: divorcio, educación, protección social, derechos políticos. Los refinados y burgueses republicanos se jactaban de la modernidad de su pensamiento, alejado del fundamentalismo religioso. Campoamor les acusa de enviar a sus hijas e hijos a colegios católicos, y de mantener a sus esposas en ambientes beatos y carcelarios. La responsabilidad del retraso de las mujeres, dijo, no es de ellas, sino de los gobernantes que no se han ocupado de educarlas por no considerarlas ciudadanas:

"¡Ah! Es, se dice, el peligro del voto de la mujer, que puede dar el triunfo a la Iglesia. Yo les diría a estos seudoliberales (Un señor diputado pide la palabra) que debieron tener más cuidado cuando en el siglo XIX dejaban que sus mujeres frecuentaran el confesionario y que sus hijos poblaran los colegios de monjas y frailes (Aplausos)" [1]

"¿Es que aspiráis, para que se conceda el voto a la mujer, a haber acabado con la religiosidad en España? ¿Os atrevéis a decir eso? Decidlo, pero si no os atrevéis a decir eso, tenéis que decir lo que sucede, según vosotros, con el confesionario, es que hay una invasión de la idea religiosa, un dosbordamiento sobre la política y sobre el poderío temporal, que sería la cosa exacta, y si la hay, desde 1902, por lo menos, mirad si soy generosa, desde que se tocó este argumento no habéis hecho nada para deslindar los campos, no lo haríais nunca. (Aplausos en la minoría socialista) Porque lo cierto es que es más fácil ser demócrata y liberal "laríngeo" que demócrata y liberal actuante (Nuevos aplausos)" [2]

Los diarios de sesiones reproducidos en parte en el libro nos trasladan directamente al momento. Recogen, además, el ambiente de la cámara mediante esas anotaciones en cursiva que señalan risas, aplausos o comentarios de otros diputados. Muchas veces cuando Clara Campoamor hablaba, su discurso iba seguido de unos "muy bien" de otros diputados. Los debates eran tan apasionados, y lo que ella decía tan dolorasemente cierto para algunos, que la interrumpían a menudo, y tenía que abrirse paso entre las voces diciendo "¡Dejadme hablar!".

Culta y autodidacta, en sus discursos citaba a muchos autores ilustrados. Una de las ideas en las que más insistió es aquella de John Stuart Mill acerca de que los hombres tienen el poder de la ley que ellos han escrito, pero no el derecho natural que pertenece a las mujeres como seres humanos:

"Señores, como ha dicho hace mucho tiempo John Stuart Mill, la desgracia de la mujer es que no ha sido nunca juzgada por normas propias, tiene que ser siempre juzgada por normas varoniles, mientras no entre abiertamente por el camino del Derecho, y cuando llega a última instancia, todavía tiene que ser juzgada por su definidor." [3]

"Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural, el derecho fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un Poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ése Poder no podéis seguir detentándolo." [4]

Con el paso del tiempo ha quedado en evidencia la falta de argumentos y de legitimidad de quienes se opusieron al voto femenino, los auténticos retardatarios. Unos republicanos muertos de miedo por el efecto que el voto de las mujeres tendría sobre la relación de fuerzas parlamentarias, y a a la vez atrapados por sus propios prejuicios. Uno de ellos, preguntado por Campoamor acerca de sus posiciones contradictorias con respecto al voto de las mujeres, le responde: "Tiene usted razón, no es lógico, es... la caverna que llevamos dentro los hombres." Pero para cavernícola, este bonito discurso del diputado radical Alvarez Buylla:

"Algo más traéis a la Constitución, el voto de las mujeres. Permitidme que rindiendo un fervoroso culto a esa mitad del género humano os diga (y perdone la Srta. Campoamor, que si todas fuesen como ella, no tendría inconveniente en darles el voto), que el voto de las mujeres es un elemento peligrosísimo para la República; que la mujer española merece hoy toda clase de respetos dentro de aquel hogar español que cantó Gabriel y Galán como ama de casa; que como educadora de sus hijos merece también las alabanzas de los poetas; pero que la mujer española como política es retardataria, es retrógrada; todavía no se ha separado de la influencia de la sacristía y del confesionario, y al dar el voto a las mujeres se pone en sus manos un arma política que acabará con la República..." [5]

En uno de los debates sobre el voto dijo Clara Campoamor que se sentía ciudadano antes que mujer. Tuvo algunas reservas hacia la palabra "feminismo", que entonces empezaba a sonar, aunque prologó el libro Feminismo socialista, de María Cambrills. Aconsejó a las miembras de la ANME (Asociación Nacional de Mujeres Españolas, grupo sufragista liderado por la donostiarra Benita Asas Manterola) que no montaran mucha bronca en el congreso porque pensó que sería mejor para la causa.

Hay también una curiosa relación de Clara Campoamor con la ciudad de San Sebastián. Vivió aquí cuatro años, entre 1910 y 1914, y trabajó como funcionaria de correos. Años más tarde estuvo a punto de defender a un grupo de republicanos guipuzcoanos detenidos, y finalmente, sus restos vinieron a decansar a nuestra ciudad, aún no tengo muy claro si por su voluntad expresa. El caso es que en Polloe se puede visitar su tumba, cosa que Plazandreok hemos hecho un par de veces vestidas de sufragistas.

Por favor, no se pierdan este increible archivo fotográfico sobre Clara Campoamor, la II República y el voto femenino. No he puesto ninguna de esas fotos porque no se pueden enlazar :-(

[1] Debate de la "enmienda Peñalba", diciembre de 1931

[2] Diario de sesiones, 1 de octubre de 1931

[3] Debate de la comisión constitucional

[4] Diario de sesiones, 1 de octubre de 1931

[5] Debate de la comisión constitucional

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cada loca con su tema: iguales e intransferibles!!!

Si habeis estado conmigo en las últimas dos semanas ya os he metido esta chapa, así que no hace falta que sigaís leyendo ;-)

Me da rabia no haberme dado cuenta antes de lo fundamental que es el tema de los permisos de maternidad y paternidad, porque me da la sensación de que sólo nos enteramos de las injusticias cuando nos afectan directamente. Sin embargo, las feministas, esas temibles mujeres, llevan años reivindicando la equiparación de los permisos de maternidad y paternidad (y muchas no tienen hij@s). Personas tan válidas como María Pazos y Carmen Castro están dedicando sus buenas energías al asunto, ¡¡¡gracias!!! yo también quiero contribuir.

La cuestión es que en la actualidad existe un permiso de maternidad para las trabajadoras autónomas y por cuenta ajena de 6 semanas obligatorias y 10 semanas opcionales, y un permiso de paternidad opcional de 15 días, con la posibilidad de compartir con la madre (o la persona que ejerza el derecho de maternidad), las 10 semanas, las mismas semanas. La "madre" puede "dar" al "padre" una, dos y hasta 10 semanas, que ella dejará de disfrutar. ¿No es la cosa más absurda que habéis oído nunca?

La PPIINA (Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles por Nacimiento y Adopción), reclama que estos derechos sean iguales para madres y padres; que parte de los permisos sean obligatorios; y por supuesto que sean intransferibles, esto es, derechos individuales de l@s trabajador@s. Por favor, lean los poderosos argumentos:

  • Si tanto hombres como mujeres tuvieran que ausentarse obligatoriamente del trabajo cuando se convierten en padres/madres, al empresario/a le daría igual contratar a un hombre que a una mujer. A esto se le llama igualdad de oportunidades.
  • Las mujeres acaparan la inmensa mayoría de los permisos, y muy pocas los comparten con sus parejas. El resultado es más discriminación para ellas en el mercado laboral. Prueba de ello es que cuando en Francia se instaló el permiso de paternidad de 15 días opcionales, sólo el 43% de los padres quisieron acogerse a su derecho. Eso demuestra lo penalizado que está en el mercado laboral acogerse a estos permisos, y las mujeres lo hacen en porcentajes altísimos, porque además están obligadas.
  • Un hombre sólo puede ser titular de un derecho equivalente al de maternidad 1) si es un adoptante sin pareja; 2) si la madre fallece en el parto o al poco de dar a luz. O sea, que para que ellos tengan un permiso igual al nuestro... ¡nos tenemos que morir!!! o no tenemos que existir. Mientras haya una mujer que cuide, ¿de qué tienen que preocuparse ellos?
  • La injusticia y desigualdad de la norma se ve mejor cuando se trata de parejas adoptantes del mismo sexo. Uno de los miembros de la pareja tiene que hacer de "madre" y el otro de "padre", a nivel seguridad social, claro, y puede que ninguno de los dos haya parido. Estas leyes están obsoletas. Y no hablemos de esa absurdez de que una lesbiana, para figurar como madre de la criatura que ha parido su pareja, tenga que adoptar. ¿Por qué Manolo no?
  • Se supone que la llamada igualdad "formal" está lograda, que mujeres y hombres somos iguales ante la ley: ¡Mentira! No se nos trata igual cuando tenemos hij@s. Y qué paradoja que sea precisamente la ley de igualdad de 2007 la que legisla de forma vergonzosamente diferencial en este asunto. Los hombres podrían decir, y con razón, que se les discrimina al no concederles permisos individuales de paternidad. Pero inexplicablemente, y salvo honrosas excepciones, no dicen nada.
  • Supongo que mucha gente piensa que si hay permisos obligatorios y más largos para las mujeres es porque son ellas las que dan a luz. Vale, sin contar que no siempre es así porque también hay adopciones, nosotras parimos (y decidimos ;-)) pero la criatura es una responsabilidad compartida, y ellos pueden cuidar igual-igual, y hacer mucho esas primeras semanas mientras la madre se recupera. ¡Tienen derecho a disfrutar de sus hij@s! Hasta 2007, los hombres sólo podían tomarse 2 días; sí, sí, 2 tristes días posterior al nacimiento o adopción de sus hij@s, más la estupidez de las 10 semanas compartidas que casi ninguno se tomaba ni se toma.
  • Hay un lobby muy potente de hombres separados que reclaman custodias compartidas. ¿Por qué no reclaman también permisos de paternidad? Si se implican desde el principio en el cuidado de sus hij@s, no podrán negarles después sus derechos parentales en caso de divorcio o separación.
  • Y para terminar, ¿qué es eso de ceder derechos sociales? María Pazos dice que esto es una trampa para las mujeres. ¿Alguien se imagina cediendo sus cotizaciones a la seguridad social o su prestación por desempleo?

Mientras esto siga así, no podremos hablar de igualdad ni en el mercado laboral ni en el espacio privado. Es un problema visagra, que conecta las dos esferas de la economía, la productiva y la reproductiva. El parlamento europeo está estudiando ampliar el permiso de maternidad a 20 semanas, manteniendo las diferencias con el permiso de paternidad y la cesión de derechos. La PPIINA se opone porque esto significa lastrar aún más a las mujeres. Lo prioritario es aumentar los permisos de paternidad y hacer que parte de ellos (por ejemplo las 4 primeras semanas) sean obligatorios. Sería un buen comienzo. PPIINA ha organizado una jornada de reflexión sobre este tema el 12 de junio en Madrid.

También están recogiendo firmas para pedir al parlamento todas estas cosas tan de justicia y de cajón de madera.

Firma la petición al parlamento europeo: iguales e instranferibles YA!

foto: flickr fertraban

foto: flickr Manuel Atienzar

Prolactina y oxitocina

¡Qué difícil es encontrar un rato propio cuando se amamanta a una criatura! Nunca lo imaginé, y eso que las horas infantiles jugando a muñecas son un gran entrenamiento.

Quisiera hablar un poco de hormonas, feminismo de la diferencia, poesía... a ver si me dejan. Bechdel también hablaba hace poco de hormonas, pero en un sentido distinto. A sus 48 años, y a las puertas de la menopausia, ha leído un libro que parece sacado de uno de sus comics, "The wisdom of menopause". Su autora explica la siguiente anécdota: una hija de 18 años le pregunta cuándo es la cena o qué hay para cenar, y de pronto a esta mujer le da un ataque de rabia increíble, manda a su hija a la mierda, no entiende cómo ha sido tan "buena" durante tantos años. Conclusión: las hormonas de la maternidad hacen que una se olvide de sí misma, y que esté pendiente del bienestar de los demás. Ayudan a focalizar la atención en ese bienestar ajeno, y a sobrellevar la crianza. Con la menopausia, y una vez que esas hormonas van desapareciendo del cuerpo, una vuelve a ocuparse de sí misma, con ataques de rabia incluidos.

Bueno, pues yo estoy en plena efervescencia "ocúpese usted de los demás", con sus altos, bajos, sentimientos de culpa, etc. Mi preparadora al parto, psicóloga reichiana, me ha prohibido terminantemente que lea el siguiente libro: "La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente" de Casilda Rodrigañez. Dice que es "demasiado intelectual" y sobre todo, que no es un buen momento para leerlo. Tenía referencias de la obra a través de mi amiga Ainhoa Güemes y de la posporno-star María Llopis, ambas cercanas a presupuestos posmodernos y queers, por eso me ha sorprendido descubrir que se trata de una obra claramente inscrita en el feminismo de la diferencia. Que yo sepa, estas dos corrientes no tienen casi nada que ver; aunque, ahora que lo pienso, sí que tienen algo en común: la celebración de la hormona. Que unas celebren la testosterona y otras la oxitocina ya es otro cantar.

La cuestión es que me lo ha prohibido para evitar sentimientos de frustración por no haber tenido el orgasmo de mi vida durante el parto, por tener un útero espástico, o por no ser esa diosa "madre antigua y entrañable", capaz de ahorrarle a su hijo el complejo de Edipo (recuerden la frase de Haraway "pefiero ser un cyborg que una diosa"). Ahora toca concentrarse en llevar una buena lactancia, y aspirar a ser una "madre amorosa", concepto más realista. Y a disfrutar el chute de hormonas, claro. Qué ingenua fui al pensar que después del parto volvería a sentirme como antes. Atención a todos los cambios que se producen:

  • "Es normal que los primeros días posparto se perciban contracciones o entuertos. Se pueden percibir especialmente cuando se da el pecho, porque la succión estimula la liberación de oxitocina para favorecer la secreción de leche, hormona que también provoca la contracción del útero."
  • "Durante las dos primeras semanas posparto habrá una secreción vaginal como consecuencia de la herida dejada por la placenta en la pared del útero. Va variando su aspecto y su cantidad."
  • "Tras el parto se incrementan los niveles de fibrinógeno para favorecer la coagulación de la sangre y prevenir una posible hemorragia."
  • "La reabsorción de líquidos supone un incremento de la sudoración."
  • "Tras el parto se pierden 5-6 kilos, logrando el peso previo al embarazo." Ja! ¿Quién engorda 5 ó 6 kilos???
  • "Cansancio que se debe a que el cuerpo aún no está totalmente recuperado del sobreesfuerzo que ha supuesto el embarazo y el parto, y a que el descanso nocturno se ve interrumpido por las necesidades del bebé."
  • "La musculatura del suelo pélvico ha estado sometida durante el embarazo, por lo que va a requerir de una recuperación posparto." (Citas tomadas de un librito que me dieron en el hospital)

Lo que tampoco imaginé, es el "wisdom of breastfeeding", o la sabiduría y maravilla de la lactancia materna; un trabajo que exige mucha paciencia y dedicación, pero que supone un premio y un consuelo, tanto para la criatura como para una misma. Así que del libro de Rodrigañez, de momento, me quedo con algunos preciosos versos de Gabriela Mistral que aparecen hacía la página 199:

Me olvidé del mundo
y de mí no siento
más que el pecho vivo
con que te sustento

Yo sé de mí sólo
que en mí te recuestas.
Tu fiesta, hijo mío,
apagó las fiestas.

En un tono muy distinto, también es didáctica y divertida la obrita de teatro de Carmen Martinez Sapena titulada "Una historia nada original", que defiende la lactancia materna frente a las presiones comerciales para que sea artificial, y que acaba así:

A este privilegio no queremos renunciar
es nuestro cuerpo instrumento
para amar y disfrutar
parir y alimentar
y dejar en nuestra piel el mejor de los recuerdos
¡¡¡que no nos vengan con cuentos!!!

Es una pena que no haya más poemas, más canciones, obras de teatro, más investigación feminista de distintos signos sobre la maternidad y la lactancia. ¡Las necesitamos!

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Koro, soy una placi-plaz

"En 1970, a escasos metros de Saint-Germain-des-Prés, delante de la Escuela de Bellas Artes, vi un cartel en el que se anunciaba una reunión del Movimiento de Liberación de las Mujeres. ¿Quiénes eran esas mujeres? Cuando intenté informarme al respecto, tuve que escuchar más de un grito a mi alrededor, pues, en efecto, tenían fama de ser unas mujeres más que ácidas: ¡lesbianas, histéricas, mal folladas! Aún así, decidí asistir a la reunión, y, para mi gran asombro, me encontré allí con unas mujeres chispeantes de ingenio, inteligencia y humor, que me recibieron como a una más. Después abandoné el movimiento posmayo del 68 maoísta para consagrarme, desde entonces, a una sola causa: la de las mujeres." Claudine Monteil, Las hermanas Beauvoir, Circe, 2004.

Me gusta este inicio del libro de Claudine Monteil, donde cuenta su primer contacto con el MLF francés y Simone de Beauvoir, porque me recuerda a mis primeras veces en Plazandreok hace dos años y medio: "¿Quiénes, esas locas que se presentan a las elecciones?" me decía un amigo. Desde entonces, he vivido junto a mis plazas intensas experiencias personales y políticas. Esta semana ha sido especialmente dura e intensa para nosotras, porque hemos perdido a una de nuestras mejores compañeras, una mujer maravillosa, aunque suene a tópico. De esas feministas, como dijeron en su despedida, que no aparecen en los medios de comunicación ni en los libros de la academia, pero que son un referente para todas por su tesón, su compromiso, su generosidad... ¡vamos a echarla mucho de menos! Koro, nuestra tesorera-tesoro, se nos fue un lunes, que es nuestro día de reunión, una víspera del 25 de noviembre, para que nunca olvidemos salir a la calle y denunciar la violencia contra las mujeres, uno de los temas más importantes para ella. Me consuela una canción de Julio Bustamante, que dice: "yo sólo cuento los nombres de los que se han ido / y a los que quedan aún / los cuento como un pirata cuenta el botín" (John Huston).

Repaso las fotos de estos dos años y medio en el flickr de Plazandreok, y encuentro algunas muy bonitas como éstas del homenaje que le hicimos a Clara Campoamor en el 75 aniversario del sufragio femenino. No sé si saben que Campoamor, diputada en la II República y gran defensora del derecho al voto de las mujeres, está enterrada en Donosti, en el cementerio de Polloe. Visitamos su tumba, vestidas de sufragistas, y leímos algunos pasajes del debate parlamentario decisivo donde ella habló con tanta pasión:

Clara Campoamor-i omenaldia

Clara Campoamor-i omenaldia

Clara Campoamori omenaldia / Homenaje a Clara Campoamor

Korito

Otros momentos que recuerdo con cariño son los de las elecciones municipales de mayo de 2007, donde hicimos una campaña bastante digna con un presupuesto de risa. Hubo momentos duros, como cuando atacaron nuestra furgoneta (hay muchos tipos de violencia política) y, entre otras cosas, se llevaron una maleta mía llena de CDs. Nos votaron alrededor de 1.600 sabias personas en Gipuzkoa ;-)

plazandreok + the who! ;-)

la furgo engalanada

gora plazandreok!

candidatas

Iba a terminar hablando de la nueva edición de Feministaldia, pero lo dejo para otro artículo, y así, si queréis, me vais controlando, que más de un@, cuando no escribo, se cree que estoy en el paritorio. Todavía no, pero pronto... ;-)

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