^^ placida ^^

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03/06/2007

Bi tan, primer libro de poesía de Lai

Qué gusto toparse con tesoros como Bitan, un librito de poesía autoeditado con mucho mimo por Lai en ediciones fagocitantes. Lai es una donostiarra atípica que cocina su poesía en crudo, sin florituras ni lacitos rosas. Ni falta que hacen, cuando una escribe sobre la muerte, el deseo, los cuerpos, la violencia o la injusticia.

Me gustan los libros donde puedes sentirte identificada en la dedicatoria, y este es uno de ellos: "Etxekoei eta bideetako lagunei eskeinia". Lai y yo somos "bideetako lagunak", amigas que coinciden sin planearlo previamente, que no exigen ni esperan nada la una de la otra, y que por supuesto no se lo cuentan todo...

Zorionak eta eskerrik asko zure hitzak guri emateagatik! ;-) 


Nota: puede que aún quede algún ejemplar en el bar Rekalde! (Calle Aldamar, Donostia)

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03/06/2007 14:11. autora: placida. *artículo - URL completa*. Tema: Literatura mujeres mundo No hay comentarios. Comentar.

01/04/2007

Literatura de mujeres del mundo; cap. III: Jane Eyre

Título: Jane Eyre

Autora: Charlotte Brontë

Edición: Alianza, 2006

 


¡Cómo he podido vivir todo este tiempo sin Jane Eyre! Creo que de todos los libros que hemos leído hasta ahora en el taller, es el que más me ha gustado. Pero decir que me ha gustado es poco; me ha hechizazo y sorbido el seso hasta llegar a formar parte de mí. Para Merche también es un libro especial. Dice que lo leyó hace muchos años, y que lo tiene presente en su vida, como algo cotidiano.

Ahora pienso de nuevo en cuando empecé a leer “alta” literatura. Qué bien me habría venido leer Jane Eyre, en lugar de La Regenta… Todas esas novelas del siglo XIX, como Madame Bovary, La Regenta o Nana , donde las mujeres son seres impotentes, presas de pasiones inconvenientes… Novelas sobre mujeres escritas por hombres, que pretenden diseccionar “nuestra verdadera naturaleza”, al tiempo que dejan claro cuál es (era) nuestro lugar en la sociedad.

El mensaje de Jane Eyre es bien distinto. Es, hasta cierto punto, incendiario, porque habla de algo que muy rara vez se ha tratado en la literatura: el respeto que las mujeres nos debemos a nosotras mismas. Y esto, que parece una tontería, para mi es algo super-fundamental. Estoy convencida de que a nosotras, en la escuela-casa-aldea global, no nos han enseñado el respeto por nuestro cuerpo, por nosotras mismas. Nos han enseñado otra cosa: a cuidar, a agradar, a ser coquetas, a ser trabajadoras, a quejarnos poco, a aguantar, a admirar, a tener paciencia, empatía… Y así nos va.

Jane Eyre (protagonista) es la heroína feminista de la literatura. Como dice Merche, Jane Eyre es un libro victorioso, de poder, en contraste con la pasión nihilista de Cumbres Borrascosas. Es, además, un libro que da mucho placer a la lectora. Yo al menos, he disfrutado como una cría leyéndolo.

En el artículo anterior ya hablé sobre la vida de las hermanas Brontë. En Jane Eyre, encontraremos detalles que nos recordarán esas biografías, como por ejemplo la descripción de Lowood, el internado-horfanato donde pasa parte de su infancia la protagonista, y que sin duda recuerda al colegio donde perdieron la vida Mary y Elizabeth Brontë, las dos hermanas mayores, cuando eran unas niñas. De hecho, el colegio en cuestión puso una demanda a la escritora tras la publicación de la primera edición, y tuvo que suavizar el relato.


“Aquel día”

Jane Eyre es el título de la novela y el nombre de su protagonista y narradora, que nos cuenta su historia en primera persona, desde “aquel día” de su infancia en que la encerraron en el cuarto rojo, hasta otro día muchos años después donde acaba la novela.

Jane no es guapa, y tampoco presumida (como una Charlotte Gainsbourg ;-)). Jane es huérfana, y pobre. Al comienzo de la novela tiene diez años y vive en Gateshead Hall (atención a la simbología de los nombres, Gateshead es la puerta de salida de la vida de nuestra protagonista) con su tía Reed y sus primos Eliza, John y Georgiana. Antes de morir, el señor Reed, hermano de la madre de Jane, hizo prometer a su esposa que cuidaría de la niña. Los padres de Jane habían sido apartados socialmente por la familia de la madre, que no estaba de acuerdo con el matrimonio, y habían vivido marginados hasta su muerte (tifus). Por eso la señora Reed cumple con desgana el deseo del esposo muerto y acoge a la pequeña Jane, a la que sin embargo no profesa ningún afecto, ni tampoco sus hijos.

La novela comienza pues “aquel día”, en el que no salieron a pasear y la encerraron en “el cuarto rojo”. Antes de que la llevaran a ese lugar de fuego, la niña leía un libro sobre el hielo de los mares del norte:

“Tampoco escapaba a mi atención la mención de las desiertas orillas de Laponia, Liberia, Spitzbergen, Nueva Zembla, Islandia, Groenlandia, con “la vasta extensión de la zona ártica y las desoladas regiones de espacio monótono, ese depósito de escarcha y nieve, donde sólidos campos de hielo, acumulados en montañas alpinas y pulidos por siglos de inviernos, rodean el polo y concentran los múltiples rigores del frío extremado”. (pág. 15)

Este contraste frío-calor marcará el primer cambio en la vida de Jane. Encerrada injustamente en el cuarto rojo, la niña reflexiona sobre sus relaciones con los habitantes de la casa, pasa frío y miedo. Cuando, llena de terror, grita porque cree haber visto la aparición del tío Reed (que había muerto en esa misma habitación), la tía y las criadas no la creen. La tía ve en ella el compendio de todos los defectos de los adultos, sin darse cuenta de la inocencia de la niña, cuyo terror es auténtico. Vuelven a encerrarla y entonces pierde el conocimiento y cae enferma.

 

Tras el incidente del cuarto rojo, parece evidente que la niña no puede seguir en Gateshead Hall. Ni la quieren ni ella los quiere, así que la tía busca para ella un colegio donde se encarguen de ella permanentemente.

Lowood

La parte de la novela que transcurre en Lowood es la más triste y quizá la más lírica de toda la obra. La inocencia de unas niñas abandondas, totalmente solas, ante un mundo de privaciones, violencia y enfermedad, es sobrecogedora. Helen Burns (atención al apellido de fuego), la amiga de Jane, toma una actitud totalmente sumisa y resignada ante esa realidad, mientras que nuestra protagonista se resiste y lucha.


Hay una escena especialmente bella, que culmina la tristeza del episodio de Lowood. Helen Burns, enferma de muerte, duerme en la habitación de la señorita Temple, la única profesora capaz de tratar a las niñas con un poco de humanidad. Jane despierta en mitad de la noche, y acude al lecho de su amiga. Las niñas hablan con naturalidad de Dios, el cielo y la muerte. Finalmente se quedan dormidas:

“Pregunté de nuevo, pero esta vez sólo con el pensamiento. “¿Dónde está esa región? ¿Existe realmente?”. Y me abracé más estrechamente contra Helen, que me era más querida que nunca. Sintiéndome incapaz de soltarla, yacía con la cara oculta en su cuello. Poco después, dijo con tono dulcísimo:

- ¡Qué cómoda estoy! Ese último arrebato de tos me ha cansado un poco y siento que puedo dormir ahora. Pero no me dejes, Jane; me gusta tenerte cerca.

- Me quedaré contigo, queridísima Helen, nadie me alejará de aquí.

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19/02/2007

Características de la literatura de mujeres

 
  • Ellas son las únicas representantes de "su equipo", entendiendo la historia de la literatura como una lucha entre equipos.

  • "Ansiedad por la autoría" vs. "ansiedad por la influencia". Debilidad, falta de seguridad que aparece en los textos.

  • Enfermedades como metáforas que expresan falta de poder. Oposición ángel-demonio, desmayos, locura.

  • Tradición de locura y suicidio en la poesía femenina (Silvya Plath).

  • Algunas estrategias fallidas:

    • Disculparse, a veces con ironía, por tener una afición tan presuntuosa como la de escribir, y decir que no pretenden hacer la competencia a los hombres (en opinión de Merche no debe notarse el resentimiento, al menos en la buena literatura).

    • Decir "soy tan buena como vosotros".

    • Utilizar instrumentos masculinos contra las mujeres para demostrar que "escribiendo soy un hombre". Seudónimos masculinos.

  • Empiezan con desventaja, y tienen que contestar a autores anteriores. Escriben relatos ocultos debajo de los relatos que la sociedad puede aceptar; hacen ruido para que no se oiga el relato liberatorio implícito.

  • Imágenes de reclusión y encierro, ventanas, dimensiones de las habitaciones.

  • Introducción de nuevos temas (siglo XX) que no formaban parte de la literatura, como la relación madre-hija, la regla, la menopausia.

Nota: collage de Virginia Woolf "robado" del blog cuchitril literario

30/01/2007

Literatura de mujeres del mundo; cap. II: Cumbres Borrascosas

En la segunda sesión del taller “Literatura de mujeres del mundo”, celebrada el 9 de noviembre de 2006, nos reunimos para hablar de la obra “Cumbres borrascosas”, de Emily Brontë. No había leído antes esta ni ninguna otra obra de las hermanas Brontë, porque nunca formaron parte de nuestros programas educativos, y estoy segura de que me habría encantado leerlas a los 16 o 17 años. En cualquier caso, he disfrutado muchísimo sumergiéndome en su mundo.

La rectoría de Haworth

Lo primero que llama la atención de las hermanas Brontë son sus vidas, cortas e intensas, y que se desarrollaron en la era victoriana (aprox. desde 1832 hasta final de siglo). La familia Brontë estaba compuesta por la madre, María Branwell, el padre, Patrick Brontë, las cinco hermanas Mary (1814), Elizabeth (1815), Charlotte (1816), Emily Jane (1818) y Anne (1820), y el hermano Branwell (1817). Patrick Brontë (en la edición de Cátedra de Paz Kindelán se habla más de él que de sus hijas) se instaló junto a la familia como pastor de la rectoría de Haworth, en el condado de York, en 1820.


Retrato de Anne, Emily y Charlotte realizado por Branwell

El pueblo de Haworth está situado en la ladera de una escarpada colina rodeada de páramos y de otras muchas colinas entrelazadas y sumamente empinadas, que lo aíslan casi por completo de cualquier población vecina, quedando apartado en gran medida del mundo exterior. Este escenario inhóspito y solitario de los páramos en torno a la rectoría, en la que residirán los Brontë hasta el final de sus días, producirá un gran impacto en ellos desde la infancia.” [1]

La paramera será el paraíso particular de las pequeñas Brontë. Allí encontraban los espacios adecuados para sus espíritus rebeldes y aventureros, allí y en ningún otro lugar. De hecho, siempre que abandonaron Haworth, y en especial en el caso de Emily, sufrían y enfermaban hasta casi perder la vida.


La rectoría de Haworth, hoy convertida en museo

Las enfermedades asociadas a los cambios de residencia fueron una constante en las vidas de las Brontë. La madre, María Branwell, murió apenas un año después de que se instalaran en Haworth. Más tarde, las cuatro hermanas mayores fueron enviadas a un colegio para hijas de clérigos en Cowan Bridge, donde sufrieron grandes penalidades: frío, humedad, escasez de comida y sobre todo una dura disciplina que contrastaba con la libertad de los páramos. Las condiciones de vida del colegio terminaron con la vida de Mary y Elizabeth, que murieron con 11 y con 10 años.

La pérdida de las dos hermanas mayores marcó profundamente al resto de los hermanos, en especial a Charlotte (que describiría el ambiente de la institución benéfica en su novela “Jane Eyre”), a Emily y a Branwell. Los años siguientes los pasaron todos juntos en Haworth. Aislados del mundo, sólo se relacionaban entre ellos y con sus propios libros y fantasías.

En la noche del 5 de junio de 1826, Mr. Brontë trajo de Leeds una caja con doce soldados de madera para su hijo. Cuando éste se la enseñó a sus hermanas, cada una escogió una figura y le puso un nombre: el de Charlotte se llamaría Tweenie (apelativo para Wellington), el de Emily Pare (apelativo para Parry), y el de Anne Trott (apelativo para Ross). The Young Men’s Play fue, por tanto, el punto de partida de toda una literatura compuesta por crónicas, periódicos al estilo de Blackwood’s, y también folletines que referían las más temerarias hazañas y audaces aspiraciones de estos soldados, convertidos en héroes. La fundación de The Great Glasstown Confederation, situada en la costa africana, sirvió a dicho propósito: en efecto, The Twelves (así llamados los doce soldados) disponían de cuatro genios o jefes principales –Tallii, Branii, Emii y Annii- que inventaban toda clase de aventuras, y luego las transcribían tanto en prosa como en verso en una revista confeccionada por ellos mismos: The Young Men’s Magazine.” [2]

Más tarde, este mundo fantástico se dividió en dos: Charlotte y Branwell fundaron el reino de “Angria”, mientras que Emily y Anne se retiraron a una isla imaginaria del pacífico norte llamada “Gondal”. Las hermanas se sumergían hasta tal punto en estos mundos paralelos e imaginarios, que Emily realizó la siguiente anotación en su diario, el 24 de noviembre de 1834:

La tía acaba de entrar en la cocina ahora mismo y le ha dicho a Anne ¿dónde tienes los pies? Papá abrió la puerta del salón y dio una carta a Branwell diciéndole que la lea y se la enseñe a su tía y a Charlotte –los habitantes de Gondal están descubriendo el interior de Gaaldine- Rally Mosley está lavando en la cocina.” [3]

Sin embargo, este mundo imaginario e infantil no habría de durar demasiado. Como dicen las Vainica Doble en su “Habanera del primer amor”, “nunca dura cosa buena”… y las hermanas Brontë crecieron y tuvieron que enfrentarse con el mundo adulto, y al hecho de tener que ganarse la vida. La primera en salir de Haworth fue Charlotte, que trabajó como institutriz. Ella convenció a sus hermanas de la necesidad de ser autosuficientes y buscarse un empleo (el trabajo de institutriz o profesora era la salida más viable para las mujeres de aquella época), de modo que la siguieron Emily y Anne. Pero el “mal de las Brontë”, esto es, la añoranza terrible de los páramos y su libertad, amenazaba su salud, y las pobres nunca duraban más de 6 meses fuera de casa. Así lo reflejó la propia Charlotte en “Memoir of Emily Brontë by Charlotte Brontë”:

La libertad era el aliento de Emily; sin ella perecía. El cambio de su casa a la escuela, de su propio modo de vida, silencioso, apartado, pero sin sujeciones artificiales, a otro de rutina disciplinada (aunque bajo los más bondadosos auspicios) era lo que no podía soportar.” [4]


Emily Brontë

La vida como institutrices no las satisfacía (las amarguras de la profesión aparecen reflejadas en las novelas Jane Eyre, de Charlotte, y leer más

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06/12/2006

Literatura de mujeres del mundo; cap. I: Cherchez la femme

"El camino que recorremos, otras mujeres lo han limpiado y hecho firme. Junto a nosotras, otras mujeres recorren caminos paralelos. medir sus pasos aprovecharlos, es la mejor manera de dar valor a su experiencia, a sus goces y sufrimientos. Sus estrategias creativas y vitales, la imaginación de sus propuestas enriquece las nuestras. Conocerlas es conocernos un poco más a nosotras mismas."

Me he apuntado al curso-taller de literatura de mujeres del mundo que imparte Merche Tranche en Hernani, y me he propuesto hacer 'blogging' con cada una de las sesiones. Ya llevamos 3, así que tengo mucho trabajo atrasado ;-) El método será escribir sobre las notas que tomé in situ, quizá de una forma algo desordenada.

En la primera sesión, que fue el 26 de octubre, Merche hizo una introducción a la "literatura de mujeres". Nos habló de las dificultades históricas de las mujeres para escribir, y de cómo las escritoras actuales, sean conscienten o no, escriben gracias a las pioneras, las británicas del siglo XIX como las hermanas Brontë o Jane Austen. Hay escritoras, como por ejemplo Lucía Etxebarria, que, nos gusten más o menos, son conscientes y conocedoras de la importancia de estas pioneras.

Vimos ejemplos de la misoginia de los críticos literarios, de cómo aprovechan la crítica a una sola escritora para despotricar de todo lo escrito por las mujeres, aunque cuidándose bien de mencionar las excepciones (grandes escritoras como Marguerite Duras). Esto no es justo, porque no todas las escritoras pueden compararse a las más grandes, del mismo modo que no todos los hombres que escriben son Joyce o Dostoyevski (y nadie les pide que lo sean); no podemos juzgar por las excepciones.

En otro ejemplo, Merche nos hizo leer un artículo del innombrable, titulado "Carta a María". Se trata de la respuesta de Perez Reverte a la carta de una niña de 14 años, que le pide consejo sobre qué libros leer. De todo lo que le recomienda el arrogante capitán Alatriste, no hay ni una sola referencia escrita por una mujer. "Podría pasarse la vida entera leyendo lo que le recomienda, y nunca leería un libro escrito por una mujer", decía Merche. Por otro lado, ella llamaba a la retahila de recomendaciones, "los cuarenta principales de la cultura". ;-)

Habló Merche de que las experiencias femeninas, como por ejemplo la relación madre-hija, la menstruación o la menopausia, no forman parte de la literatura, no se consideran experiencias universales. Todo ha estado siempre en contra para que las mujeres escribamos: las servidumbres domésticas o familiares, la falta de espacio, de reconocimiento... Al no poder dedicarse a los géneros literarios de más prestigio, las mujeres trabajaban otros como los diarios, las cartas, las recetas de cocina...

La historia de la literatura es una lucha de relatos, con varios "equipos" en liza. Las mujeres, serán las únicas en su "equipo", y las primeras, como hemos dicho, serán las escritoras británicas del siglo XIX. Como hasta ese momento apenas habían podido entrar en esa "lucha de relatos", nuestras heroínas victorianas tienen mucho a lo que contestar.

Contestando a Milton

Hasta esta primera sesión del taller, era ignorante de la importancia de John Milton en la cultura anglosajona. Su 'Paraíso perdido' (poema épico que dramatiza el Génesis, esto es, las andanzas de Adán y Eva), contiene todo un discurso acerca de la naturaleza de las mujeres y su lugar en la sociedad, al que nuestras escritoras empezarán por contestar.

En el poema de Milton, Eva es creada a partir de la costilla de Adán, y nada más despertar a la vida, cual Barbie presumida, descubre su propia imagen reflejada en el agua:

"Cuando por vez primera desperté
Del sueño, y me encontré recostada [450]
Y a la sombra, bajo un dosel de flores,
Sin acertar quién era y dónde estaba,
Y de dónde y cómo allí me habían traído.
Nada lejos de mí se oía un sonido
Murmurante de aguas que brotaban
De una gruta y en líquida llanura
Se esparcían y se remansaban
Tan puras como el ámbito del cielo;
Allí me encaminé sin experiencia
Previa, y me asomé a la verde orilla,
Para mirar el claro y liso lago,
Que a mi me parecía un firmamento.
Al doblarme a mirar, apareció, [460]
Justo enfrente, sobre el acuoso brillo,
Una figura inclinada hacia mí:
Retrocedí y ella retrocedió,
Mas complacida enseguida volví,

Y ella, complacida, enseguida volvió,

Devolviéndome la mirada con

Simpatía y amor
(...)"


Mientras Eva y Adán disfrutan del Paraíso, ajenos al "fatal" destino que se cierne sobre ellos, vamos conociéndolos poco a poco. Mientras Adán es el detentor de las más "excelentes" cualidades humanas, Eva ya se nos muestra como vanidosa, insensata, manipuladora... Ya saben, el "cherchez la femme" primigenio:

"A ella se le otorgó demasiado
Ornamento; perfecta exteriormente,
No está tan acabada en su interior."

El patriarca Dios, amante de las jerarquías, se encarga de dejar bien claro quién manda sobre quién. Adán le debe obediencia a Dios; Eva, primero a Adán y luego a Dios:

"Porque ¿qué es lo que admirás, qué es lo que
De tal modo te arroba? Una figura
Externa, sin duda hermosa, y digna
De tu cariño, homenaje y amor,
No de tu sujeción. Compárate [570]
Con ella y considera. Con frecuencia
Nada es más provechoso que la propia
Estimación basada en la justicia
Y la razón bien entendidas; cuanta
Más habilidad obtengas en este arte,
Más reconocerá que eres su dueño,
Y someterá todos sus encantos
A la realidad: hecha tan bella
Para tu mayor deleite, tan noble
Para que con honor puedas amarla
A ella, que percibe cuando abdicas
De tu prudencia. (...)"

Otro momento clave es la discusión entre Eva y Adán, conscientes de que el Diablo podría tentarles o atacarles, sobre si tienen que permanecer juntos o separados. Eva sugiere que separados podrían cumplir mejor con su trabajo en el Paraíso, que se limitaba a la jardinería; pero Adán, que considera a Eva más débil, se niega a dejarla a solas:

"Bien has expuesto, bien has razonado
Cómo podemos realizar mejor
La tarea que Dios nos ha asignado,
Y merece mi elogio tu advertencia;
Pues nada hay más hermoso en la mujer
Que aplicarse al doméstico cuidado
E inspirar nobles hechos a su esposo."

Eva insiste en que no tiene sentido vivir con miedo y sin libertad de movimientos, y, aunque al final se saldrá con la suya (para demostrar lo malísimo que es dejar a las mujeres hacer las cosas solas), Adán le advierte:

"(...) No busques, pues,
La tentación, mejor es evitarla,o te me alejas;
Y ello es más fácil si no te me alejas;
Ya que la prueba vendrá sin buscarla.
¿Quieres poner a prueba tu firmeza?
Primero pon a prueba tu obediencia."

Merece la

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