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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Libros. re-descubriendo a King Kong
En las últimas jornadas feministas de EH, aproveché el mercadillo para hacerme con algunos libros y vídeos, en concreto: Otras inapropiables, feminismos desde las fronteras, el DVD de prekarias a la deriva “a la deriva por los circuitos de la precariedad femenina”, y la teoría King Kong de Virginie Despentes. Era bastante escéptica con este último. Había leído un extracto del libro en el blog de ptqk, y no había entendido nada, me parecía un hype. Ptqk decía: “la más macarra y la más lista”. Y yo, para mis adentros, pero sin atreverme a comentarlo, pensaba: “bah! Para macarra la Millet, que se follaba a 50 de una sentada…” Empecé el libro con el mismo escepticismo. Me parecía sugerente, pero no entendía cómo frases del pelo “no me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar”, podían formar parte de un “nuevo feminismo”. Sin embargo, y como soy chaquetera y falta de personalidad, me he ido dejando seducir por “la diva destroy punk de las letras francesas” (Beatriz Preciado dixit), y he terminado el libro con una sonrisa y unas cuantas claves interesantes en relación a cuestiones como la violencia hacia las mujeres, la prostitución o la construcción política de la feminidad. Otro mérito del libro, en mi modesta opinión, es que se puede leer con la mano izquierda, como el informe Hite, que diría nuestra Asun. Me pone la mala leche super lúcida de esta escritora. Y me mola que hable desde su posición de “chica mala” y que en su ensayo aparezcan Britney Spears, Paris Hilton, Trust, Pam Grier y Simone de Beauvoir, por ejemplo. Las claves: Masculinidad Me gustaría saber qué piensan los hombres feministas sobre este ensayo, porque creo que apunta bastantes temas tabú en torno a la masculinidad: “¿Qué es lo que exige ser un hombre, un hombre de verdad? Reprimir sus emociones. Acallar su sensibilidad. Avergonzarse de su delicadeza, de su vulnerabilidad. Abandonar la infancia brutal y definitivamente: los hombres-niño no están de moda. Estar angustiado por el tamaño de la polla. Saber hacer gozar sexualmente a una mujer sin que ella sepa o quiera indicarle cómo. No mostrar la debilidad. Amordazar la sensualidad. Vestirse con colores discretos, llevar siempre los mismos zapatos de patán, no jugar con el pelo, no llevar muchas joyas y nada de maquillaje. Tener que dar el primer paso, siempre. No tener ninguna cultura sexual para mejorar sus orgasmos. No saber pedir ayuda. Tener que ser valiente, incluso si no se tienen ganas. Valorar la fuerza sea cual sea su carácter. Mostrar la agresividad. Tener un acceso restringido a la paternidad. Tener éxito socialmente para poder pagarse las mejores mujeres. Tener miedo de su homosexualidad porque un hombre, uno de verdad, no debe ser penetrado. (…)” En el capítulo sobre prostitución también habla de la sexualidad de los hombres, de los intentos por controlarla cuando los poderes públicos intentan sacar de la calle y del centro de las ciudades a las putas, del complejo de culpa y la soledad de muchos hombres que acuden como clientes… “La dicotomía madre-puta está dibujada artificialmente sobre el cuerpo de las mujeres, un poco como el mapa de África: sin tener en cuenta las realidades del terreno, sino los intereses de los colonizadores. Esta separación no procede de un proceso “natural” sino de una voluntad política. Se condena a las mujeres a estar escindidas en dos opciones incompatibles. Al mismo tiempo, se encierra a los hombres en otra dicotomía: lo que se la pone dura debe ser problemático.” En las últimas páginas del libro la autora se pregunta por qué en los últimos 30 años ningún hombre ha escrito nada innovador con respecto a la masculinidad: “Ellos que son tan locuaces y tan competentes cuando se trata de disertar sobre las mujeres, ¿cómo se explica ese silencio respecto a sí mismos?”. De la misma forma que hubo una revolución feminista, debe haber una revolución de la masculinidad, o más bien una destrucción total de las máscaras y de los códigos establecidos, de manera que cada cual sea como le dé la gana, y que cualidades o maneras de hacer tradicionalmente consideradas masculinas o femeninas sean algo tan opcional como aprender chino. Violencia Habla sobre todo de violencia sexual, y a través de su experiencia personal. Lo que más me ha llamado la atención es el tema de la autodefensa, algo que las feministas deberíamos trabajar mucho más. Cuenta que cuando la violaron a los 17 años (3 chicos contra 2 chicas), ella llevaba una navaja en el bolsillo de la cazadora, pero que no se atrevió a usarla. De hecho, tenía muchísimo miedo de que la encontraran. Dice que quizá no hubiese reaccionado igual si los tíos hubiesen ido a robarles las cazadoras, pero que en ese caso, el mismo proyecto de la violación la convertía en un ser vulnerable: “En ese momento preciso me sentí mujer, suciamente mujer, como nunca me había sentido antes y como nunca he vuelto a sentirme después.” Pero lo más interesante viene un poco más abajo: “Se domestica a las niñas para que nunca hagan daño a los hombres, y las mujeres las llaman al orden cada vez que se saltan esa regla. (…) Estoy furiosa contra una sociedad que me ha educado sin enseñarme nunca a golpear a un hombre si me abre las piernas a la fuerza, mientras que esa misma sociedad me ha inculcado la idea de que la violación es un crimen horrible del que no debería reponerme.” Es cierto: no sólo no nos han enseñado a defendernos de manera activa, sino que encima se nos exige la defensa pasiva-heroica (si no es que “te ha gustado”), el silencio prudente, el trauma discreto, y si no te ha pasado (¿seguro que no?) el miedo atroz y perdurable. Para nuestra diva punk-rock fue muy estimulante la lectura de Camilla Plagia, que le hizo repensar su propia experiencia de otra manera (la violación como un riesgo que hay que asumir si se quiere circular con libertad: si te pasa, dust yourself, y sigue caminando). ... leer másRobinson Crusoe, el loro de John Silver y los bañadores de Juanito Este verano me estoy entregando a un vicio sano y barato, y que además me encanta: la lectura. Después de Las hermanas Beauvoir, de Claudine Monteil, Malinche, de Laura Esquivel, Marruecos a través de sus mujeres, de Fatema Mernissi, y La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, he leido Robinson Crusoe, y lo he disfrutado mucho. Ya saben, la del tío que se queda 28 años tirado en una isla desierta, totalmente solo, menos en los últimos 3 años, que convive con su esclavo Viernes. Dice la Wikipedia que es el libro más leido de todos los tiempos por detrás del Corán y la Biblia, y que fue un hit desde que se publicó por primera vez, allá por 1719. Colonialismo, economía y religión son algunos de los temas principales de la novela. Para James Joyce, Robinson Crusoe es el mejor símbolo del colonialismo británico, ya que el protagonista se considera "rey" de la isla en la que ha naufragado, y no duda en declararse "amo" de su compañero Viernes. Joyce dice que todo el espíritu anglosajón está concentrado en el personaje de Crusoe: "la independencia masculina, la crueldad inconsciente, la persistencia, la lenta pero eficaz inteligencia, la apatía sexual, la calculada taciturnidad...". Tratándose pues de un símbolo del colonialismo blanco, no hace falta decir que no tiene perspectiva de género por ningún lado. De hecho, una de las "mercancías" que envía Robinson a sus sucesores en la isla es un grupo de mujeres, "para que les sirvan como criadas o como esposas" (que para el caso es lo mismo). El autor, Daniel Defoe, debía ser un magnífico puritano; el sexo y el amor no ocupan más de una linea en toda la novela. En los 28 años de cautiverio, Crusoe no piensa en el sexo ni una sola vez, ni tiene, al parecer, el más mínimo deseo sexual. El protagonista se convierte en un buen cristiano en la isla, ya que "la Providencia" (otro de los grandes temas del libro), hace que conserve un ejemplar de la Biblia, que será su única lectura en todos esos años. Yo le veía un puntito gay con Viernes, porque una vez que viven juntos, él asegura ser completamente feliz, sin echar nada de menos. Todos los personajes de la novela son hombres, menos el de la respetable viuda que le guarda el dinero a Robinson, y solo después de salir de la isla menciona el narrador que se casó y tuvo 3 hijos, pero no dedica a este punto más que una escueta frase, y ni siquiera nos dice el nombre de su mujer. Una de las cosas que más me han gustado es el "Prefacio a las nuevas aventuras de Robinson Crusoe", que se añade al final en la edición que yo tengo. Es una especie de cuento breve, en el que Daniel Defoe habla en primera persona como escritor, y se mezcla con sus personajes, creando una situación surrealista y muy literaria, pura ficción. Dafoe camina por las calles de Londres y se encuentra con Viernes. Se establece un diálogo delirante entre escritor y personaje:
Como Defoe tiene el poder de hacer que Viernes deje de hablar en infinitivo, lo utiliza, y también le enseña a leer, de forma que en poco tiempo Viernes ha leido toda la biblioteca de Defoe. Aquí llega lo mejor, porque Viernes hace una crítica despiadada de toda la novela, y en especial, de su amo Robinson y de los ingleses: ... leer más |
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