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Wollstonecraftiana (Cap. IV LMM)

El viaje que emprendí hace un año con La loca del desván: la escritora y la imaginación literaria del siglo XIX, incluía una escala en Vindicación de los Derechos de la Mujer, de Mary Wollstonecraft, considerado hoy día un "clásico" de la teoría y la literatura feminista. La Vindicación es uno de esos libros que todo el mundo conoce pero casi nadie ha leído. Por eso lo escogí, y porque está relacionado con la investigación de las escritoras anglosajonas del XIX (George Eliot, las Brontë, Jane Austen, Mary Shelley) por varias vías.

Al contrario de lo que imaginaba, la Vindicación me pareció caótica y farragosa, nada fácil ni agradable de leer. Sin embargo, es una lectura productiva y transformadora. Con su caos, sus contradicciones vitalo-intelectuales y sus imperfecciones o equivocaciones, la Vindicación me ha empoderado la hostia. Por encima de todo lo negativo está el aliento vital de esta mujer, su pasión, su verdad, y la vindicación legítima a la que el tiempo ha terminado dando la razón en el plano teórico, aunque no en el material.

Vida de la abuela ilustrada

Wollstonecraft escribe en un momento explosivo, la década de 1790. Es una racionalista radical, una ilustrada, y también una puritana inglesa de clase media. Defiende la cultura del trabajo de la clase a la que pertenece frente a la indolencia corrupta de la aristocracia, que considera fruto de sus privilegios hereditarios. Quiere mejorar las condiciones de vida, la salud física y mental de hombres y mujeres, tanto en el ámbito público como en el privado, y cree que la educación (entendida no sólo como la educación formal, sino tomando en consideración todos los agentes socializadores) es la mejor manera de hacerlo.

Fue una de las primeras en advertir y denunciar públicamente la excepción del 50% que pretendían hacer los patricarcas de la Ilustración con su teoría política, junto a la gloriosa Olympe de Gouges. Las dos murieron prematuramente: Olympe en la guillotina, y Mary en el parto de su segunda hija, la escritora Mary Shelley.

Mujer independiente y sin fortuna, trabaja, estudia, y entra a formar parte de los círculos intelectuales radicales británicos de corte ilustrado. Participa en los debates públicamente, a través de artículos y libros. Escribe cientos de reseñas críticas y publica varios libros, casi siempre sobre educación, aunque también publicó una novela, al parecer muy mala. Advierte los sesgos de género de las teorías ilustradas: es decir, que la humanidad (y no el hombre, nótese el sesgo de género en la propia conceptualización lingüística) no sería libre, igual y fraterna, que no se completaría el asalto a la tradición, hasta que no se cuestionara la "naturalidad" de la subordinación de las mujeres.

Racionalista radical pero con sólidos principios religiosos puritanos, se mantiene célibe hasta los 29 años, aunque eso no le impide mantener relaciones sentimentales apasionadas. Por ejemplo, y en la época en que escribe la Vindicación, con el pintor Henry Fuseli, hasta que se presenta en casa de él para proponerle a su mujer una convivencia a trois. Horrorizado, la echa de su vida. Desengañada, se va un par de años a Francia (1792-1794). Parece que se inspiró bastante en él para el libertino y el calavera que describe en Vindicación. En Francia, conoce a grandes figuras de la época y sintoniza con la política girondina. Relaja su férrea moral sexual puritana y se convierte en la amante de Gilbert Imlay, otro calavera. Da a luz una niña y pronto es abandonada por Imlay.

Intentos de suicidio, regresa a Inglaterra. Reencuentra a su viejo amigo William Godwin y surge de nuevo el amor. Queda nuevamente embarazada; la pareja contrae matrimonio, y cuatro meses después, la autora de Vindicación de los derechos de la mujer muere de "fiebres puerperales" a los pocos días del nacimiento de su segunda hija. Una muerte muy femenina, consecuencia de la deficiente atención que recibió.

A su muerte, el viudo Godwin escribe unas memorias con la intención de rendirle homenaje y sobrellevar su dolor. El efecto que consigue es el contrario, puesto que se convierten en un gran escándalo:

"La vida de aquella "Werther femenina", que muchos de su círculo conocían en privado pero que no deseaban ver aireada en público, fue una auténtica bomba de efecto retardado (y póstumo) que los conservadores aprovecharon inmediatamente para desprestigiar, a un tiempo, al personaje en sí, a sus ideas y al círculo del que éstas habían surgido." (1)

Una resaca conservadora se lleva gran parte de la fiesta ilustrada: entramos en la época victoriana, y el nombre de Mary Wollstonecraft será maldito, proscrito e impronunciable durante todo el siglo XIX. Nadie reconocerá haberla leido. Las señoras respetables que otrora bromearan afables con las teorías de la Vindicación, se desarán rápidamente de sus ejemplares.

Curiosamente, Percy B. Shelley, el yerno de Mary W. que nunca llegó a conocer, se tomó bastante trabajo en difundir las ideas y los textos de su suegra. En cambio el nieto, Sir Percy F. Shelley, se lo tomó en destruir correspondencia y manuscritos de su madre y de su abuela.

"A diferencia de su abuela y de su literario y monstruoso hermano, Sir Percy Shelley debió de dejar este mundo, como diría Voltaire, tan estúpido y mezquino como lo había encontrado al nacer". (2)

La construcción del género y del cuerpo en la Vindicación

Vindicación de los derechos de la mujer no es exactamente una reclamación de derechos civiles y políticos para las mujeres. Y si lo es, al menos no está estructurada como tal. Su mayor preocupación es que niños y niñas reciban la misma educación, y que ésta sea ilustrada, es decir, moral y racional, saludable y tendente a la virtud y a la fecilidad.

Ésta será la clave, según nuestra autora, para que las mujeres superen la minoría de edad perpetua a la que están sometidas, causante por otro lado de la mayoría de sus defectos. Una educación igualitaria permitirá a las mujeres ser independientes y por tanto más virtuosas, porque se ocuparán de perfeccionar sus espíritus en lugar de pergeñar artes y estrategias para atraer y retener a los varones, de los que dependen en todo. De esta forma mejorará la condición moral de toda la sociedad: los hombres serán mejores al compartir sus vidas con auténticas compañeras en lugar de con esclavas. Las niñas y niños se beneficiarán de una educación y un afecto materno más sano, basado en principios racionales y de bienestar en lugar de en prejuicios, caprichos y futilidades.

"Rousseau se emplea en probar que originalmente todo ESTABA bien; una muchedumbre de autores en que todo ESTÁ bien ahora y yo en que todo ESTARÁ bien algún día".(3)

La insistencia en la educación igualitaria tiene mucho que ver con Rousseau, pero antes de entrar en la polémica que mantuvo con el conocido misógino, quiero señalar un par de cosas más.

Creo que uno de los mayores aciertos de MW es su agudeza al describir y desenmascarar los procesos a través de los cuales se crea y se construye la subjetividad femenina, todos esos modos y maneras considerados "naturales" y que ella evidencia como culturales.

Por ejemplo, la debilidad física de las mujeres. Admite las diferencias físicas entre los sexos, pero no entiende ese empeño en cultivar la debilidad de las mujeres, y la equipara a la tiranía de los monarcas.

"Pero si se prueba que la mujer es por naturaleza más débil que el hombre, ¿de dónde se sigue que es natural que se esfuerce para hacerse aún más débil de lo que es? Los argumentos de este tipo son un insulto al sentido común y huelen a pasión. Cabe esperar, en este siglo de las luces, que el DERECHO DIVINO de los maridos, como el derecho divino de los reyes, puede y debe contestarse sin peligro". (4)

Sabe que la debilidad es construida, que tiene que ver con el confinamiento y con la opresión; anhela que se permita a las niñas estar al aire libre, hacer ejercicio, gozar de salud ajenas al encierro doméstico y a la esclavitud de la belleza:

"si el temor de las niñas, en lugar de alentarse o quizá crearse, se tratara del mismo modo que la cobardía en los niños, pronto veríamos a las mujeres con aspectos más dignos. Es cierto que entonces no se las podría denominar con igual propiedad las flores dulces que sonríen al paso del hombre; pero serían miembros más respetables de la sociedad y cumplirían las obligaciones importantes de la vida mediante la luz de su propia razón. Rousseau dice: "Educad a las mujeres como hombres y cuanto más se parezcan a nuestro sexo, menos poder tendrán sobre nosotros." Eso es exactamente lo que pretendo. No deseo que tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas". (5)

Aborda desde la misma perspectiva las relaciones sexo-amorosas. La opresión de las mujeres, aunque no utilice esa palabra, consiste en prepararlas durante la infancia para el matrimonio, momento en que el tirano-padre pasa el testigo al tirano-marido. Una vez cruzado ese umbral (el final del cuento de Blancanieves), la vida de las mujeres se convierte en una angustiosa lucha contra el tiempo, intentando retener la juventud y la belleza que se van (eso, siempre y cuando no tengan otros problemas más acuciantes).

"Heredada la soberanía de la belleza en descendencia directa del primer bello defecto de la naturaleza, para mantener su poder tienen que renunciar a los derechos naturales que el ejercicio de la razón les habría procurado y elegir ser reinas efímeras, en lugar de trabajar para obtener los sobrios placeres que nacen de la igualdad. Exaltadas por su inferioridad (parece una contradicción), demandan constantemente homenaje como mujeres, aunque la experiencia debía enseñarles que los hombres que se precian de conceder este respeto arbitrario e insolente al sexo con la exactitud más escrupulosa son los más inclinados a tiranizarlo y a despreciar la misma debilidad que animan". (6)

Esta es otra de las razones por las cuales las mujeres deben recibir educación: para que tengan vida propia más allá de su sexo, de su cuerpo y de ser el objeto de deseo de los hombres. Arroja una luz muy clara sobre la performance de género que supone el concepto de modestia, tan arraigado entonces. Siendo modestas y modosas, o al menos aparentando serlo, las mujeres sólo consiguen hacer patente y recordar todo el rato a ellas mismas y a los demás que son seres sexuales. Wollstonecraft desprecia las apariencias y aboga por una auténtica modestia (a su modo puritano e ilustrado), que sólo puede ser fruto de la independencia y la virtud: "este deseo de ser siempre mujeres, la misma conciencia de serlo, es lo que degrada al sexo" (7), dijo.

Rousseau, je ne t’aime plus

Todas estas ideas van tomando forma gracias a una rabia y un cabreo monumental, el que MW experimenta al leer Emilio, o de la educación, de Jean Jaques Rousseau, obra que trata sobre el modelo educativo del nuevo hombre ilustrado. Wollstonecraft, que era una gran admiradora del autor de El contrato social ("Siempre he estado medio enamorada de él" escribió), nunca pensó que ella no estuviese incluida en el sujeto político de Rousseau, el hombre. El chasco fue mayúsculo cuando llegó Emilio y su famoso quinto capítulo, "La educación de Sofía". Aquí Rousseau hace un ejercicio de misoginia moderna de tintes románticos, muy alejados de los postulados ilustrados que defenderá en otros lugares, y establece las pautas de educación segregada para las niñas, a las que se habrá de enseñar a ser complacientes, delicadas y frágiles para permanecer confinadas en el ámbito del hogar. Para ello inventa que las niñas, de forma natural, se interesan por su apariencia, por los vestidos y por las muñecas. Ninguna mujer debe pretender ser sabia, y estará siempre a merced de su marido, aunque sea menos inteligente que ella. La indignación de nuestra autora es tal, que no puede menos que responderle.

Lo hace a lo largo de toda la obra, pero especialmente en el capítulo V, titulado "Censuras a algunos de los escritores que han hecho de las mujeres un objeto de piedad cercano al desprecio". Allí se atreve con Rousseau, y nada menos que con Milton, el autor de El paraíso perdido, al que Mary Shelley, Charlotte y Emily Brontë entre otras intentaron responder más tarde pero de forma más ambigua y, quizá, menos efectiva. Ella lo hizo directamente, a pesar de sus carencias literarias, con valentía y dignidad.

"Rousseau, respetable visionario, pronto tu paraíso será invadido por un huesped inesperado." (8)

De forma casi obsesiva, Wollstonecraft reproduce los pasajes más espeluznantes del Emilio, y rebate todos los "argumentos" de Rousseau demostrando que en realidad no son más que prejuicios. Se trata de una crítica a la Ilustración desde la propia Ilustración, como han dicho Celia Amorós y otras.

Cuando Rousseau dice: "formada para obedecer a un ser tan imperfecto como el hombre, a menudo lleno de vicios y siempre lleno de faltas, debe aprender con tiempo incluso a sufrir la injusticia y a soportar los insultos del marido sin quejarse", Wollstonecraft contesta: "Al insistir en la obediencia ciega, se violan todos los derechos sagrados de la humanidad, o los derechos más sagrados pertencen SÓLO a los hombres." (9)

A través de su racionalismo individualista (o a pesar de él) es capaz de penetrar en la subjetividad, en el terreno privado, y en la articulación de éste con el ámbito público. Ve el amor y el matrimonio como terreno minado y lleno de trampas para las mujeres, que juegan en condiciones de desigualdad. Anhela un amor sereno e igualitario (cuando escribe Vindicación está en pleno affaire Fuseli).

"...supongamos que, en alguna revolución del tiempo, las mujeres se convirtieran en lo que sinceramente deseo que sean: hasta el amor adquiriría una dignidad más seria y se purificaría en su propio fuego, y la virtud, al proporcionar verdadera delicadeza a sus afectos, las apartaría disgustadas de los calaveras." (10)

Hermanas, tomad el poder

Es una pena que en su pequeño caos, MW nos remita a una futura obra que nunca llegó a escribir. En esos esbozos inacabados de la Vindicación, casi se ríe al aventurarse a pensar que las mujeres deben tener representantes y participación directa en los gobiernos. Pero no le pedimos más a la abuela de Frankenstein, que hizo su magnifica aportación de letra y sangre para que el mundo sea menos mezquino. Sus tatataranietas le rendimos homenaje y le expresamos nuestro agradecimiento.

"Me declaro en contra de todo poder cimentado en prejuicios, aunque sean antiguos." (11)



(1) Introducción de Isabel Burdiel para la edición de Cátedra, colec. Feminismos, año 2000. pág 21

(2) Introducción, pág 12

(3) VDM, págs 159-160

(4) VDM, pág 163

(5) VDM, págs 192-193

(6) VDM, págs 181-182

(7) VDM, pág 247

(8) VDM, pág 211

(9) VDM, pág 223

(10) VDM, pág 276

(11) VDM, pág 249

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1 comentario

Mischa Canibal -

Me ha gustado el artículo sobretodo porque relatas la vida de una mujer apasionante, que sin duda luchó por la libertad hasta su muerte!

Me ha interesado especialmente lo de "su racionalismo individualista" y buscando info sobre ello en internet (ya sabez, intelectual de Wikipedia soy puez!) me he topado con esto:

El feminismo individualista, llamado también feminismo libertario o ifeminismo, es la forma de feminismo que celebra y protege a la mujer individual en base al principio de la propiedad sobre sí misma de toda mujer. Esta posición política combina el feminismo con el anarcocapitalismo o el libertarismo, argumentando que una postura pro-capitalista y anti-Estado implica el reconocimiento de la igualdad de derechos y el empoderamiento para las mujeres.

http://es.wikipedia.org/wiki/Feminismo_individualista

Gora Wollstonecraft & Frankestein!
;)
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