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^^ placida ^^

10 cosas xelebres* que hice de pequeña

*Xelebre: en euskera, raro, jocoso, extravagante.
He escrito esta lista ahora que a través de vivencias y lecturas estoy reflexionando un poco sobre la infancia y el mundo de los adultos. No llegué a escaparme con los gitanos como Maggie Tulliver, quizá porque era una niña bastante feliz. Pero repasando estas anécdotas, pienso que nunca alcanzaré semejantes cotas de grandeza en mi vida de adulta.
4 años: el exceso de prudencia... puede ser fatal. Uno de los inconvenientes de ser la hermana pequeña es que siempre me mandaban recados y me daban órdenes, como si fuera un pequeño robot. Que si un pañuelo, que si un vaso de agua, que si cambia el canal... Un día, en la cocina, mi madre me pidió que le llevara un huevo. "Pero cógelo con mucho cuidado para que no se te caiga", insistió. Pues bien, lo cogí como si fuera un pajarillo, con las dos manos, y lo apreté tan fuerte para protegerlo y que no se cayera, que se me rompió en las manos.

5 años: le pego una bofetada a uno de 17 (y aprendo el significado de la palabra "hipócrita"). No creo que nadie se ofenda porque cuente esto, porque ha pasado mucho tiempo. Mi hermana, a sus 15 tiernos años, se echó un novio y estaba super enamorada. Todo iba bien hasta que el susodicho se fue con... la vecina de la puerta de al lado!!! Mi hermana tenía un disgusto muy grande, y no paraba de llorar y de repetir "es un hipócrita!". Yo le preguntaba "¿qué es hipócrita?". Sabía que él le había hecho algo muy malo, pero no alcanzaba a entender qué era. De camino a la escuela infantil, me encontré con el susodicho, que portaba un bello cachorrito de perro. "Mira que cachorrito tengo", me dice, el muy hipócrita, acercándose a mí como si no estuviera al corriente del drama de mi hermana. Así que yo, con toda la dignidad de mis 5 añitos, y haciendo caso omiso del cachorrín, le doy una bofetada con todas mis fuerzas mientras le pregunto: "¡Qué le has hecho a mi hermana!!!" :-D

6 años: saludo a mis tíos por la radio. De pequeña quería mucho a mis tíos del caserío. El único problema era que no eran mis tíos de sangre, sino los de mi niñera, pero yo no lo sabía y además me daba igual. En una excursión a Arrate con la ikastola, nos llevaron a ver los estudios de Arrate Irratia, mítica radio euskaldun, católica y rural famosa en la comarca. Dijimos unas palabras por el micrófono, y nos dejaron saludar. Yo sabía muy bien cuál era el target de esa emisora. Sabía que mis padres no estarían escuchándola, pero los tíos sí, y les saludé a ellos y les dije que los quería mucho. ¡Me oyeron! :-)
 
7 años: V de victoria. En aquella época (mediados de los 80) en los telediarios ponían imágenes de accidentes aéreos con cuerpos mutilados y chamuscados y cada dos por tres tenía que taparme los ojos, aunque no era un método muy efectivo. Tenía prohibida cualquier escena de cariño heterosexual y también todo lo que fuera fantástico o de terror. "V" era la serie de moda y no me dejaban verla. En la ikastola jugábamos a "V"; no verla suponía ser una paria social y perder el papel de Lidia. En casa había un vídeo Betamax y aprendí a programarlo. Era muy sencillo y tenía facilidad para las "maquinitas". Grababa los capítulos y los veía a escondidas.

8 años: ¡soy una bruja! en la ikastola y las colonias nos contaban muchas historias de miedo sobre las brujas, unas mujeres muy malas que vivían en el monte y se comían a las niñas y niños. Me daban mucho miedo, hasta que un día tuve que disfrazarme y hacer de bruja en un teatro. El disfraz y el maquillaje eran muy buenos (obra de mi hermana, seguramente, con influencia punk-siniestra), y me metí tanto en el papel, que noté que daba miedo a los niños más pequeños que yo. ¡Yo también podía ser una bruja! Desde entonces, dejaron de darme miedo.

9 años: me convierto en atea de la noche a la mañana. De pequeña era muy creyente: creía sobre todo en Olentzero, pero también en Dios, el ratoncito perez y otras historias fantásticas. El ratoncito perez fue el primero en caer, cuando descubrí bajo la almohada una sospechosa nota que según deduje jamás habría escrito un ratón. Pero mantuve firme mi fe en Olentzero, los reyes magos, Dios y la virgen. Iba dándome cuenta de algunos detalles que no encajaban: "Ama, cómo es posible que salgan los reyes magos a echar caramelos en tantos sitios a la vez?". Mi madre acabó confesando que los de las cabalgatas eran actores, pero que el verdadero Olentzero y los reyes magos eran unos entes superiores, como Dios, que podían hacer milagros y así llevaban juguetes a todas las casas a la vez. Ya ni siquiera hacía falta escribirle cartas, porque Olentzero era tan superpoderoso que podía comunicarme con él a través del pensamiento, y él sabía si me había portado bien o mal. De modo que, cuando Olentzero cayó, cayó con todo el equipo. Decidí que si Olentzero no existía, Dios tampoco. Que si la magia no existía, no podía haber ninguna, y que por favor no fueran tan hipócritas de fingir creer en aquello. Desde entonces, fui a la iglesia a disgusto, hasta que por fin me libraron de ese penoso deber de católica.

 
9 años: escribo una carta al alcalde mi pueblo... ¡y me responde! De pequeña me gustaba mucho escribir cartas. Mantenía correspondencia con muchas amigas y amigos que conocía durante las vacaciones, y también tenía "pen-friends", o sea, que también escribía a gente que ni siquiera conocía. Este hábito epistolar hizo que un día, cansada de ver que el parque de al lado de mi casa estaba muy descuidado, me diera por escribirle al alcalde. Lo había olvidado completamente, cuando de pronto un día en clase la profesora dijo que había llegado una carta del alcalde dirigida a mí (esto fue porque debí de poner sólo el número de clase y mi nombre en el remite) y que era un ejemplo para los demás. Me hizo mucha ilusión, y entonces empecé a escribirle más cartas al alcalde, pidiéndole más cosas. Nunca más volvió a respoder.

10 años: dirijo una obra de teatro de Shakespeare... sin saber que es de Shakespeare. Tenía un comic que me gustaba mucho. Se llamaba "el sueño de una noche de verano", y tenía unos dibujos preciosos. La historia era muy buena. Así que hice una adaptación para representarla en un teatro de la ikastola. Me encargué del texto y de la dirección de actores. Fue un éxito. ;-)
 
11 años: empiezo a escribir una novela de aventuras. Sólo escribí unas 15 páginas, y era sobre un viaje en el tiempo. Los protagonistas eran una chica y un chico, hermanos ellos. No tengo guardado el texto ni recuerdo mucho más.

12 años: mi primer speech. Más de un tío o tía (esta vez de sangre) me ha comentado que recuerda muy bien el discurso que hice en las bodas de oro de mis abuelos. No fue para decir lo estupendos que eran los abuelos, sino para reclamar mi parte del botín de pagas que se repartían los piratas de mis primos. Me subí a una silla, y proclame la injusticia de que me dejaran sin paga por ser niña y más joven que los otros, cuando tenía la misma sed de capital.
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7 comentarios

eskupi -

jo...una krak!!
y yo q pensaba q era xelebre...jaja

izas -

Qué bueno! Qué bien retratan las cosas que hacíamos de pequeñas/os! qué pasada!
MuxuS!

Marina -

Que buenooooo! S me ocurren otras tantas cosas xelebres que hiciste, quizá no tan de pequeña, yo diría que una por año!! Besos xelebrity!

aitor -

te lo juro!fue cuando nominaron a Almodovar para el oscar y todo eso,la presentamos en la fiesta de findecurso,y fue un exito total.Imaginate en el 90 en Tolosa!!ESPERO que no haya ningun VHS por ahi...
Igual hubieramos sido rivales!
YO creo que sí

placida -

lo de monjas al borde es en serio???? Diooooooos! tienes que hacer tu top10 infantil! o adolescente. Hubiesemos sido amigas de pequeñas?

aitor -

"Mi madre acabó confesando que los de las cabalgatas eran actores,"joe,y la mia!!
yo diriji "MONJAS al borde de un ataque de nervios"y tb la protagonice imitando a Lina Morgan!!!menudo megamix!
y cuando fue tu primera MEZCLA DE DJ?

MIguel -

Jajaja! Si este post tuviera un "me gusta" de los del feisbuc, le daría fijo!

Menuda elementa estabas hecha de txiki! ;-)
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