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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2009. Resumen
Ciudadano ClaraLa historia de la aprobación del derecho al voto de las mujeres en las cortes republicanas en 1931 tiene todos los ingredientes para una buena película: momento histórico apasionante y desconocido, la cuestión de los derechos de las mujeres como tema principal, y una protagonista digna del momento y del tema, Clara Campoamor. Por desgracia nadie ha hecho ésta película todavía, aunque hay un documental bastante bueno, "Mujeres en la historia: Clara Campoamor", del que se puede escuchar el audio completo:
En "El voto femenino y yo, mi pecado mortal", Clara Campoamor deja testimonio de su (casi) solitaria lucha a favor del voto de las mujeres, y de los precios políticos y personales que tuvo que pagar por defenderlo. El libro está terminado en mayo de 1936, sin que hubiera comenzado la guerra civil. La autora desconoce aún lo que se viene encima: 40 años de dictadura que la mantendrán en el exilio, hasta su muerte en 1972. Clara Campoamor se definía como liberal (en el sentido en que la palabra tenía en la época, y nunca de derechas, como he leído en alguna nota biográfica en internet), laica, democráta y republicana. 18 años antes de que se escriba "El segundo sexo", Campoamor hará una defensa de los derechos civiles y políticos de las mujeres que anticipa algunos elementos del feminismo futuro.
Sobre el personaje me gustaría resaltar tres cosas: una, su integridad y el hecho de hacerse a sí misma: tuvo que abandonar los estudios en la adolescencia para ayudar a su madre viuda a mantener a la familia, pero en cuanto pudo, y trabajando mucho, fue ganando varias oposiciones, terminó el bachillerato años más tarde, y a los 36 se licenció en derecho y abrió su despacho de abogada. Para entonces ya estaba metida en política (ver datos biográficos). Dos, su vocación de servicio público: mientras tuvo acta de diputada, trabajó intensamente para legislar sobre asuntos fundamentales para las mujeres como el divorcio y el derecho de familia e infancia. No buscaba engordar su ego o su prestigio personal, sino que las leyes que se aprobaran fueran buenas. Redactó su propia ley del divorcio y la presentó en la cámara, pero la retiró para apoyar la propuesta del partido socialista, que al final progresó. Y tres, su independencia de los partidos políticos: militó en varios de ellos, pero como no se plegaba a los intereses partidarios, fue siempre por libre. A las elecciones de 1936 quiso presentarse con el Frente Popular bajo la denominación de Unión Republicana Femenina, pero no se lo permitieron.
Consiguió que la Constitución Republicana de 1931 reconociera en su artículo 23 la prohibición de discriminación por sexo: "No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas." La introducción de la palabra "sexo" en esa enumeración garantizaba el derecho al voto de las mujeres, y su inclusión se debe en gran medida a Campoamor. Ésa fue su pelea parlamentaria más famosa, la del 1 de octubre de 1931 (aunque en realidad hubo tres: ésa, la pelea previa en la Comisión parlamentaria, y posterior al 1 de octubre la "enmienda Peñalba", que pretendía dejar en suspenso el derecho al voto de las mujeres). Muchos diputados republicanos (y una diputada, Victoria Kent), se oponían a "conceder" el sufragio a las mujeres, porque temían que eso acabaría con la república, habida cuenta de que las mujeres estaban influenciadas por la iglesia y eran, en el lenguaje de la época, "retardatarias". Este actuar en contra de los valores que supuestamente inspiran a los partidos y sólo a favor de los intereses partidistas o partidarios es algo que hoy en día no se nos hace nada extraño. Pues entonces era igual. Pero por suerte hubo políticas como Campoamor, con una visión más amplia y dispuestas a defender sus ideales hasta el final. Otro elemento que se ve clarísimo leyendo esta obra es el gran obstáculo que suponía la iglesia católica para el logro del derecho al voto de las mujeres y para el avance de las cosas en general. La iglesia católica era el muro contra el que chocaban los derechos de las mujeres una y otra vez: divorcio, educación, protección social, derechos políticos. Los refinados y burgueses republicanos se jactaban de la modernidad de su pensamiento, alejado del fundamentalismo religioso. Campoamor les acusa de enviar a sus hijas e hijos a colegios católicos, y de mantener a sus esposas en ambientes beatos y carcelarios. La responsabilidad del retraso de las mujeres, dijo, no es de ellas, sino de los gobernantes que no se han ocupado de educarlas por no considerarlas ciudadanas:
Los diarios de sesiones reproducidos en parte en el libro nos trasladan directamente al momento. Recogen, además, el ambiente de la cámara mediante esas anotaciones en cursiva que señalan risas, aplausos o comentarios de otros diputados. Muchas veces cuando Clara Campoamor hablaba, su discurso iba seguido de unos "muy bien" de otros diputados. Los debates eran tan apasionados, y lo que ella decía tan dolorasemente cierto para algunos, que la interrumpían a menudo, y tenía que abrirse paso entre las voces diciendo "¡Dejadme hablar!". Culta y autodidacta, en sus discursos citaba a muchos autores ilustrados. Una de las ideas en las que más insistió es aquella de John Stuart Mill acerca de que los hombres tienen el poder de la ley que ellos han escrito, pero no el derecho natural que pertenece a las mujeres como seres humanos: ... leer más 07/07/2009 00:46. autora: placida. *artículo - URL completa*. Tema: ciberfeminismo Hay 4 comentarios. |
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