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^^ placida ^^

Ciudadano Clara

La historia de la aprobación del derecho al voto de las mujeres en las cortes republicanas en 1931 tiene todos los ingredientes para una buena película: momento histórico apasionante y desconocido, la cuestión de los derechos de las mujeres como tema principal, y una protagonista digna del momento y del tema, Clara Campoamor. Por desgracia nadie ha hecho ésta película todavía, aunque hay un documental bastante bueno, "Mujeres en la historia: Clara Campoamor", del que se puede escuchar el audio completo:

En "El voto femenino y yo, mi pecado mortal", Clara Campoamor deja testimonio de su (casi) solitaria lucha a favor del voto de las mujeres, y de los precios políticos y personales que tuvo que pagar por defenderlo. El libro está terminado en mayo de 1936, sin que hubiera comenzado la guerra civil. La autora desconoce aún lo que se viene encima: 40 años de dictadura que la mantendrán en el exilio, hasta su muerte en 1972.

Clara Campoamor se definía como liberal (en el sentido en que la palabra tenía en la época, y nunca de derechas, como he leído en alguna nota biográfica en internet), laica, democráta y republicana. 18 años antes de que se escriba "El segundo sexo", Campoamor hará una defensa de los derechos civiles y políticos de las mujeres que anticipa algunos elementos del feminismo futuro.

"[el feminismo es la] protesta valerosa de todo un sexo contra la positiva disminución de su personalidad, fruto de una legislación de clases o castas que jamás entrevió para su elaboración legislativa otro tipo de mujer que el de aquella inactiva, cuya mente en vacación prolongada no necesitaba otra protección que la de un marido, ya alimentista, ya administrador de sus bienes, y, siempre, de su libertad personal". (Prólogo a la obra Feminismo socialista, de María Cambrills)

Sobre el personaje me gustaría resaltar tres cosas: una, su integridad y el hecho de hacerse a sí misma: tuvo que abandonar los estudios en la adolescencia para ayudar a su madre viuda a mantener a la familia, pero en cuanto pudo, y trabajando mucho, fue ganando varias oposiciones, terminó el bachillerato años más tarde, y a los 36 se licenció en derecho y abrió su despacho de abogada. Para entonces ya estaba metida en política (ver datos biográficos). Dos, su vocación de servicio público: mientras tuvo acta de diputada, trabajó intensamente para legislar sobre asuntos fundamentales para las mujeres como el divorcio y el derecho de familia e infancia. No buscaba engordar su ego o su prestigio personal, sino que las leyes que se aprobaran fueran buenas. Redactó su propia ley del divorcio y la presentó en la cámara, pero la retiró para apoyar la propuesta del partido socialista, que al final progresó. Y tres, su independencia de los partidos políticos: militó en varios de ellos, pero como no se plegaba a los intereses partidarios, fue siempre por libre. A las elecciones de 1936 quiso presentarse con el Frente Popular bajo la denominación de Unión Republicana Femenina, pero no se lo permitieron.

Consiguió que la Constitución Republicana de 1931 reconociera en su artículo 23 la prohibición de discriminación por sexo: "No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas." La introducción de la palabra "sexo" en esa enumeración garantizaba el derecho al voto de las mujeres, y su inclusión se debe en gran medida a Campoamor. Ésa fue su pelea parlamentaria más famosa, la del 1 de octubre de 1931 (aunque en realidad hubo tres: ésa, la pelea previa en la Comisión parlamentaria, y posterior al 1 de octubre la "enmienda Peñalba", que pretendía dejar en suspenso el derecho al voto de las mujeres). Muchos diputados republicanos (y una diputada, Victoria Kent), se oponían a "conceder" el sufragio a las mujeres, porque temían que eso acabaría con la república, habida cuenta de que las mujeres estaban influenciadas por la iglesia y eran, en el lenguaje de la época, "retardatarias". Este actuar en contra de los valores que supuestamente inspiran a los partidos y sólo a favor de los intereses partidistas o partidarios es algo que hoy en día no se nos hace nada extraño. Pues entonces era igual. Pero por suerte hubo políticas como Campoamor, con una visión más amplia y dispuestas a defender sus ideales hasta el final.

Otro elemento que se ve clarísimo leyendo esta obra es el gran obstáculo que suponía la iglesia católica para el logro del derecho al voto de las mujeres y para el avance de las cosas en general. La iglesia católica era el muro contra el que chocaban los derechos de las mujeres una y otra vez: divorcio, educación, protección social, derechos políticos. Los refinados y burgueses republicanos se jactaban de la modernidad de su pensamiento, alejado del fundamentalismo religioso. Campoamor les acusa de enviar a sus hijas e hijos a colegios católicos, y de mantener a sus esposas en ambientes beatos y carcelarios. La responsabilidad del retraso de las mujeres, dijo, no es de ellas, sino de los gobernantes que no se han ocupado de educarlas por no considerarlas ciudadanas:

"¡Ah! Es, se dice, el peligro del voto de la mujer, que puede dar el triunfo a la Iglesia. Yo les diría a estos seudoliberales (Un señor diputado pide la palabra) que debieron tener más cuidado cuando en el siglo XIX dejaban que sus mujeres frecuentaran el confesionario y que sus hijos poblaran los colegios de monjas y frailes (Aplausos)" [1]

"¿Es que aspiráis, para que se conceda el voto a la mujer, a haber acabado con la religiosidad en España? ¿Os atrevéis a decir eso? Decidlo, pero si no os atrevéis a decir eso, tenéis que decir lo que sucede, según vosotros, con el confesionario, es que hay una invasión de la idea religiosa, un dosbordamiento sobre la política y sobre el poderío temporal, que sería la cosa exacta, y si la hay, desde 1902, por lo menos, mirad si soy generosa, desde que se tocó este argumento no habéis hecho nada para deslindar los campos, no lo haríais nunca. (Aplausos en la minoría socialista) Porque lo cierto es que es más fácil ser demócrata y liberal "laríngeo" que demócrata y liberal actuante (Nuevos aplausos)" [2]

Los diarios de sesiones reproducidos en parte en el libro nos trasladan directamente al momento. Recogen, además, el ambiente de la cámara mediante esas anotaciones en cursiva que señalan risas, aplausos o comentarios de otros diputados. Muchas veces cuando Clara Campoamor hablaba, su discurso iba seguido de unos "muy bien" de otros diputados. Los debates eran tan apasionados, y lo que ella decía tan dolorasemente cierto para algunos, que la interrumpían a menudo, y tenía que abrirse paso entre las voces diciendo "¡Dejadme hablar!".

Culta y autodidacta, en sus discursos citaba a muchos autores ilustrados. Una de las ideas en las que más insistió es aquella de John Stuart Mill acerca de que los hombres tienen el poder de la ley que ellos han escrito, pero no el derecho natural que pertenece a las mujeres como seres humanos:

"Señores, como ha dicho hace mucho tiempo John Stuart Mill, la desgracia de la mujer es que no ha sido nunca juzgada por normas propias, tiene que ser siempre juzgada por normas varoniles, mientras no entre abiertamente por el camino del Derecho, y cuando llega a última instancia, todavía tiene que ser juzgada por su definidor." [3]

"Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural, el derecho fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un Poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ése Poder no podéis seguir detentándolo." [4]

Con el paso del tiempo ha quedado en evidencia la falta de argumentos y de legitimidad de quienes se opusieron al voto femenino, los auténticos retardatarios. Unos republicanos muertos de miedo por el efecto que el voto de las mujeres tendría sobre la relación de fuerzas parlamentarias, y a a la vez atrapados por sus propios prejuicios. Uno de ellos, preguntado por Campoamor acerca de sus posiciones contradictorias con respecto al voto de las mujeres, le responde: "Tiene usted razón, no es lógico, es... la caverna que llevamos dentro los hombres." Pero para cavernícola, este bonito discurso del diputado radical Alvarez Buylla:

"Algo más traéis a la Constitución, el voto de las mujeres. Permitidme que rindiendo un fervoroso culto a esa mitad del género humano os diga (y perdone la Srta. Campoamor, que si todas fuesen como ella, no tendría inconveniente en darles el voto), que el voto de las mujeres es un elemento peligrosísimo para la República; que la mujer española merece hoy toda clase de respetos dentro de aquel hogar español que cantó Gabriel y Galán como ama de casa; que como educadora de sus hijos merece también las alabanzas de los poetas; pero que la mujer española como política es retardataria, es retrógrada; todavía no se ha separado de la influencia de la sacristía y del confesionario, y al dar el voto a las mujeres se pone en sus manos un arma política que acabará con la República..." [5]

En uno de los debates sobre el voto dijo Clara Campoamor que se sentía ciudadano antes que mujer. Tuvo algunas reservas hacia la palabra "feminismo", que entonces empezaba a sonar, aunque prologó el libro Feminismo socialista, de María Cambrills. Aconsejó a las miembras de la ANME (Asociación Nacional de Mujeres Españolas, grupo sufragista liderado por la donostiarra Benita Asas Manterola) que no montaran mucha bronca en el congreso porque pensó que sería mejor para la causa.

Hay también una curiosa relación de Clara Campoamor con la ciudad de San Sebastián. Vivió aquí cuatro años, entre 1910 y 1914, y trabajó como funcionaria de correos. Años más tarde estuvo a punto de defender a un grupo de republicanos guipuzcoanos detenidos, y finalmente, sus restos vinieron a decansar a nuestra ciudad, aún no tengo muy claro si por su voluntad expresa. El caso es que en Polloe se puede visitar su tumba, cosa que Plazandreok hemos hecho un par de veces vestidas de sufragistas.

Por favor, no se pierdan este increible archivo fotográfico sobre Clara Campoamor, la II República y el voto femenino. No he puesto ninguna de esas fotos porque no se pueden enlazar :-(

[1] Debate de la "enmienda Peñalba", diciembre de 1931

[2] Diario de sesiones, 1 de octubre de 1931

[3] Debate de la comisión constitucional

[4] Diario de sesiones, 1 de octubre de 1931

[5] Debate de la comisión constitucional

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4 comentarios

placida -

gracias Matilde, ya me explicarás cómo lo has hecho!

el clítoris es la línea directa a la matriz ++++++
somos el coño del futuro! :D

Matilde Selavy -

No me admite meter código en los comentarios...
;(

Aquí tienes la url de una de las fotos para enlazarla!!!

http://www.fuenterrebollo.com/Gobiernos/Campoamor/Atocha/020-voto.jpg

Mischa Canibal -

Esa Clara, esa Clara, eh! eh!

El documental de TVE que mencionas me gusto mucho... A ver si alguien (por lo menos rtve) lo sube para poder verlo online!

;D

Muaks!!!
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