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^^ placida ^^

Literatura de mujeres del mundo; cap. III: Jane Eyre

Título: Jane Eyre

Autora: Charlotte Brontë

Edición: Alianza, 2006

 


¡Cómo he podido vivir todo este tiempo sin Jane Eyre! Creo que de todos los libros que hemos leído hasta ahora en el taller, es el que más me ha gustado. Pero decir que me ha gustado es poco; me ha hechizazo y sorbido el seso hasta llegar a formar parte de mí. Para Merche también es un libro especial. Dice que lo leyó hace muchos años, y que lo tiene presente en su vida, como algo cotidiano.

Ahora pienso de nuevo en cuando empecé a leer “alta” literatura. Qué bien me habría venido leer Jane Eyre, en lugar de La Regenta… Todas esas novelas del siglo XIX, como Madame Bovary, La Regenta o Nana , donde las mujeres son seres impotentes, presas de pasiones inconvenientes… Novelas sobre mujeres escritas por hombres, que pretenden diseccionar “nuestra verdadera naturaleza”, al tiempo que dejan claro cuál es (era) nuestro lugar en la sociedad.

El mensaje de Jane Eyre es bien distinto. Es, hasta cierto punto, incendiario, porque habla de algo que muy rara vez se ha tratado en la literatura: el respeto que las mujeres nos debemos a nosotras mismas. Y esto, que parece una tontería, para mi es algo super-fundamental. Estoy convencida de que a nosotras, en la escuela-casa-aldea global, no nos han enseñado el respeto por nuestro cuerpo, por nosotras mismas. Nos han enseñado otra cosa: a cuidar, a agradar, a ser coquetas, a ser trabajadoras, a quejarnos poco, a aguantar, a admirar, a tener paciencia, empatía… Y así nos va.

Jane Eyre (protagonista) es la heroína feminista de la literatura. Como dice Merche, Jane Eyre es un libro victorioso, de poder, en contraste con la pasión nihilista de Cumbres Borrascosas. Es, además, un libro que da mucho placer a la lectora. Yo al menos, he disfrutado como una cría leyéndolo.

En el artículo anterior ya hablé sobre la vida de las hermanas Brontë. En Jane Eyre, encontraremos detalles que nos recordarán esas biografías, como por ejemplo la descripción de Lowood, el internado-horfanato donde pasa parte de su infancia la protagonista, y que sin duda recuerda al colegio donde perdieron la vida Mary y Elizabeth Brontë, las dos hermanas mayores, cuando eran unas niñas. De hecho, el colegio en cuestión puso una demanda a la escritora tras la publicación de la primera edición, y tuvo que suavizar el relato.


“Aquel día”

Jane Eyre es el título de la novela y el nombre de su protagonista y narradora, que nos cuenta su historia en primera persona, desde “aquel día” de su infancia en que la encerraron en el cuarto rojo, hasta otro día muchos años después donde acaba la novela.

Jane no es guapa, y tampoco presumida (como una Charlotte Gainsbourg ;-)). Jane es huérfana, y pobre. Al comienzo de la novela tiene diez años y vive en Gateshead Hall (atención a la simbología de los nombres, Gateshead es la puerta de salida de la vida de nuestra protagonista) con su tía Reed y sus primos Eliza, John y Georgiana. Antes de morir, el señor Reed, hermano de la madre de Jane, hizo prometer a su esposa que cuidaría de la niña. Los padres de Jane habían sido apartados socialmente por la familia de la madre, que no estaba de acuerdo con el matrimonio, y habían vivido marginados hasta su muerte (tifus). Por eso la señora Reed cumple con desgana el deseo del esposo muerto y acoge a la pequeña Jane, a la que sin embargo no profesa ningún afecto, ni tampoco sus hijos.

La novela comienza pues “aquel día”, en el que no salieron a pasear y la encerraron en “el cuarto rojo”. Antes de que la llevaran a ese lugar de fuego, la niña leía un libro sobre el hielo de los mares del norte:

“Tampoco escapaba a mi atención la mención de las desiertas orillas de Laponia, Liberia, Spitzbergen, Nueva Zembla, Islandia, Groenlandia, con “la vasta extensión de la zona ártica y las desoladas regiones de espacio monótono, ese depósito de escarcha y nieve, donde sólidos campos de hielo, acumulados en montañas alpinas y pulidos por siglos de inviernos, rodean el polo y concentran los múltiples rigores del frío extremado”. (pág. 15)

Este contraste frío-calor marcará el primer cambio en la vida de Jane. Encerrada injustamente en el cuarto rojo, la niña reflexiona sobre sus relaciones con los habitantes de la casa, pasa frío y miedo. Cuando, llena de terror, grita porque cree haber visto la aparición del tío Reed (que había muerto en esa misma habitación), la tía y las criadas no la creen. La tía ve en ella el compendio de todos los defectos de los adultos, sin darse cuenta de la inocencia de la niña, cuyo terror es auténtico. Vuelven a encerrarla y entonces pierde el conocimiento y cae enferma.

 

Tras el incidente del cuarto rojo, parece evidente que la niña no puede seguir en Gateshead Hall. Ni la quieren ni ella los quiere, así que la tía busca para ella un colegio donde se encarguen de ella permanentemente.

Lowood

La parte de la novela que transcurre en Lowood es la más triste y quizá la más lírica de toda la obra. La inocencia de unas niñas abandondas, totalmente solas, ante un mundo de privaciones, violencia y enfermedad, es sobrecogedora. Helen Burns (atención al apellido de fuego), la amiga de Jane, toma una actitud totalmente sumisa y resignada ante esa realidad, mientras que nuestra protagonista se resiste y lucha.


Hay una escena especialmente bella, que culmina la tristeza del episodio de Lowood. Helen Burns, enferma de muerte, duerme en la habitación de la señorita Temple, la única profesora capaz de tratar a las niñas con un poco de humanidad. Jane despierta en mitad de la noche, y acude al lecho de su amiga. Las niñas hablan con naturalidad de Dios, el cielo y la muerte. Finalmente se quedan dormidas:

“Pregunté de nuevo, pero esta vez sólo con el pensamiento. “¿Dónde está esa región? ¿Existe realmente?”. Y me abracé más estrechamente contra Helen, que me era más querida que nunca. Sintiéndome incapaz de soltarla, yacía con la cara oculta en su cuello. Poco después, dijo con tono dulcísimo:

- ¡Qué cómoda estoy! Ese último arrebato de tos me ha cansado un poco y siento que puedo dormir ahora. Pero no me dejes, Jane; me gusta tenerte cerca.

- Me quedaré contigo, queridísima Helen, nadie me alejará de aquí.

- ¿Estás calentita, querida?

- Sí

- Buenas noches, Jane.

- Buenas noches, Helen.

Me dio un beso y se lo devolví, y pronto nos dormimos las dos.

Cuando abrí los ojos, era de día. Me había despertado un movimiento inusitado. Levanté la vista y noté que me sujetaban unos brazos. Me sostenía la enfermera, que me llevaba por los corredores de vuelta al dormitorio. No me reprocharon por abandonar mi cama, ya que tenían otra cosa en qué pensar. En ese momento quedaron sin respuesta mis múltiples preguntas, pero un día o dos más tarde descubrí que la señorita Temple, al volver a su cuarto al amanecer, me había encontrado en la cama, con la cara contra el hombro de Helen Burns y mis brazos alrededor de su cuello. Yo estaba dormida y Helen… muerta.” (págs. 119 – 120)

Rochester

No voy a pararme a resumir todo el contenido del libro, que es muy extenso, pero para entender el significado de Jane Eyre, es necesario seguir hablando del argumento.

Nuestra Jane pasa 8 años más en Lowood con una sensible mejora en sus condiciones de vida (se suaviza el relato sobre la institución). Gracias a la protección de la señorita Temple, consigue estudiar y mantenerse viva. El nombre de Temple no es casual, porque simboliza la templanza. Es una mujer buena, pero que finge ser feliz; se pliega a las normas y renuncia a su libertad.

Finalmente, Jane se libra del miserable Lowood mediante un contrato para trabajar como institutriz. Un nuevo viaje en coche de caballos, recorriendo millas hasta su nuevo hogar, Thornfield. Jane tiene 18 años y está a punto de conocer a otro de los personajes más maravillosos de la historia de la literatura, el señor Rochester.

La historia de amor entre Jane y Rochester va a centrar a partir de ahora el desarrollo de la novela. Rochester tiene un puntito del Heathcliff de Cumbres Borrascosas, pero es un ser humano real, no una pasión en estado puro. Es, como Heathcliff, moreno y no muy agraciado, aunque fuerte y vigoroso. Solitario, misterioso, y un tanto misántropo, al menos hasta que conoce a Jane. Tiene también un pasado oscuro y tormentoso, que ella descubrirá poco a poco.

 


Su primer encuentro es memorable. Ella camina hacia Thorfield (la casa está a cierta distancia de Millcote, el pueblo más cercano), cuando él aparece galopando y se cae del caballo justo delante de ella. Ella intenta ayudarle, él se resiste y luego accede, y vuelve a marcharse sin que ella sepa que es el hombre para el que trabaja. El trabajo de Jane en Thornfield consiste en educar a una niña de corta edad llamada Adele, hija del señor Rochester y nacida en Francia.

Pronto surge entre ellos una amistad, una complicidad, que aunque encorsetada por las formas de amo – trabajadora, les hace iguales, y de donde no tardará en brotar la pasión. Rochester disfruta de la presencia y conversación de ese ser extraordinario llamado Jane Eyre, y le confía la historia de Adele, hija abandonada de una “corista” francesa que fue su amante. Rochester pretende inculcar los modales ingleses a la niña, acostumbrada a una vida de fiestas nocturnas y coquetería aprendida de su madre.

 

 

Momento de debilidad

Dicen que una de las partes más flojas de la novela es el momento en que la protagonista se asoma a la ventana más alta de la casa, y divisa el horizonte lamentándose de su falta de experiencia. Se interpreta este pasaje como un grito de la propia escritora, Charlotte Brontë, un momento de debilidad en su prosa, donde vacila y justifica su falta de seguridad en la poca experiencia que ella misma tiene de la vida. A mí me parece uno de los detalles más bonitos de la novela:

“Quien quiera culparme es libre de hacerlo si añado, además, que, de cuando en cuando, al pasear sola por el jardín, o al acercarme a las puertas para mirar afuera, o al subir los tres pisos y traspasar la trampilla del ático para escudriñar, desde el tejado, los campos y las colinas y el horizonte lejano, mientras Adèle jugaba con su niñera y la señora Fairfax preparaba gelatina en la despensa, anhelaba tener el poder de ver más allá hasta el mundo externo: los pueblos, las regiones bulliciosas de las que había oído hablar pero que nunca había visto. Me habría gustado tener más experiencia práctica de la que tenía, más relación con mis semejantes, más conocimiento de diferentes personajes de lo que estaba a mi alcance en aquel lugar. Apreciaba la bondad de la señora Fairfax y de Adêle, pero creía que existían otras clases más brillantes de bondad y deseaba conocerlas.” (pág 157)

Considero que Charlotte Brontë tenía derecho a lamentarse, a ser débil y a dejarnos este testimonio sobre su propia lucha interior a la hora de escribir esta novela (y teniendo en cuenta el “fracaso” de la anterior, “El Profesor”, que no llegó a editarse hasta después de su muerte).

La loca del desván

Uno de los elementos más misteriosos y fascinantes de la novela, y que ha dado lugar a múltiples interpretaciones y teorías, es la cuestión de “la loca del desván”. Efectivamente, cada vez que Jane acude a la parte alta de la casa para mirar por la trampilla, oye las risotadas estremecedoras de una mujer. Ella las atribuye a una criada llamada Grace Poole que por lo que le ha dicho el ama de llaves, vive en esa parte de la casa. Recordemos que en el imaginario psicoanalítico, el desván representaría el inconsciente. Sin embargo, además de las risotadas, comienzan a suceder otros acontecimientos extraños, y que curiosamente coinciden con los avances en la relación entre Jane y Rochester.

Por ejemplo, después de que Rochester confiese a Jane la historia de la niña Adele, alguien intenta asesinarle, produciendo un incendio en su habitación. Jane será la salvadora de Rochester en el sentido literal y simbólico, porque es ella quien le despierta y sofoca las llamas, y la que guarda el secreto.

Tras estas primeras confidencias y experiencias juntos, Jane está completamente enamorada de Rochester, y por primera vez va a experimentar la amargura de los celos. Él, haciendo gala de una fina y casi inconsciente perversión, invita a la casa a la bella señorita Ingram y a su círculo social, haciendo creer a Jane que se casará con ella. Jane se siente entonces fea, pobre y degradada, pero como una señorita Temple, aguanta el temporal lo mejor que puede. Durante la visita, Rochester se disfraza de gitana que adivina el futuro para obtener confidencias de sus invitados, incluida Jane. Y es tras esa escena con Jane cuando “la loca” vuelve al ataque. Aparece en la casa un forastero, al que se recibe de incógnito y que mantiene una conversación intempestiva con Rochester. Pues bien, alguien ataca a este forastero, mordiéndole, y se lo llevan en secreto antes de que nadie se entere.

La última intervención se produce poco antes de la boda Jane-Rochester. Los dos personajes se aman, son capaces de “verse” el uno al otro, y a pesar de la extrañeza social que produce su boda, de las advertencias de la señora Fairfax, el ama de llaves, deciden seguir adelante. Jane vuelve a dar muestras de su personalidad al no querer vestirse con vestidos nuevos y caros. Ella anhela una relación de iguales, la que hasta entonces habían mantenido en la intimidad; no quiere ser el florero de Rochester, sino seguir siendo ella misma, aunque no sabe si lo conseguirá. Las diferencias sociales entre ambos la abruman, y no puede encarar la boda con un sentimiento parecido a la felicidad, sino más bien con un miedo atroz a dejar de ser ella. Así, poco antes de la boda, alguien entra en la habitación de Jane mientras ella duerme y le raja el velo de novia de arriba abajo.


 

Al día siguiente, en plena ceremonia, el hombre que fue atacado en Thornfield durante la visita de los invitados aparece en la iglesia y declara que la boda no se puede celebrar porque Rochester ya está casado con otra mujer: Bertha Mason.

Y para demostrarlo, conduce a todos los presentes al desván de la casa donde descubre a la criada Grace Poole… y a una mujer de aspecto monstruoso.

Jane huye de Thornfield al día siguiente sin equipaje ni dinero.

 

Pero, ¿qué significa el personaje de Bertha Mason? Para la crítica literaria feminista, Bertha Mason sería algo así como el alter ego de la propia Jane, la “loca” que todas llevamos dentro. Representa la rabia, la ira, necesarias para la rebelión. Bertha no odia a Jane, porque aunque tiene la oportunidad de atacarla, incluso de matarla, rehúsa a hacerlo. Recordemos que en la literatura que hemos visto hasta ahora el desdoblamiento de personajes es algo habitual: Blancanieves y su madre, las dos Catalinas de Cumbres Borrascosas… Jane y Bertha serían las dos caras de la misma moneda, dos respuestas femeninas a la represión patriarcal de la época: sumisión con condiciones frente a rebelión incondicional que inevitablemente conduce a la muerte. Y ambas se ayudan: Bertha, como buen inconsciente de Jane, evita la boda que iba a darse en condiciones de desigualdad; Jane, por su parte, acelera el final de Bertha con su huida.


 

Última parte

La última parte de la novela es la más gótica y para algun@s, también la más floja. Jane rechaza la oferta de Rochester de irse a vivir al continente para dedicarse en exclusiva a ser su amante; algo tentador pero que en última instancia acabaría con ella. Opta por lo más difícil: marcharse sin dinero, comida o ropa.

Nuestra heroína recorre millas y millas y pasa momentos críticos de hambre y mendicidad. Con el último aliento de vida que le queda, llama a la puerta de una casa y (oh, milagro!) quienes le abren son primos suyos. Según dice Merche, este tipo de casualidades tan góticas podrían suceder en la vida real, pero son demasiado inverosímiles para la novela. En cualquier caso, Jane traba una buena amistad con sus salvadores; las hermanas Diana y Mary, y su hermano, el coadjutor St. John. Más tarde Jane descubrirá que el tío de Madeira que ha desheredado a Diana, Mary y St. John es también su tío, y que le ha dejado toda la herencia a ella.

Jane decide feliz repartir la herencia entre los cuatro. Así nadie será rico, pero tendrán lo suficiente para vivir y ella siente que así devuelve a sus primos lo que hicieron por ella sin saber quién era.

Pero aún hay más: St. John, que se pasa el día citando la biblia y hablando de dios, quiere que Jane se case con él y que juntos viajen a la India para trabajar como misioneros. Él no siente ninguna pasión por ella, sino que necesita una enfermera, ayudante, acompañante, amiga… Y nuestra Jane, una vez más, dice “no”. No puede casarse a un hombre al que no ama, que nunca la tocará. Charlotte Brontë es aquí muy valiente reconociendo la necesidad de placer físico de la protagonista.

Tras un nuevo y gótico incidente (Jane cree oír la voz de Rochester que le llama), Jane regresa a Thornfield. En el pueblo le cuentan lo que ha ocurrido desde que ella se fue: Thornfield ardió, y Bertha murió en el incendio; Rochester está vivo pero ciego y con una mano amputada. Vive en una casa más modesta apartado del mundo.

Aunque parezca un poco “gore”, ahora ya no hay desigualdades entre Jane y Rochester; ella tiene dinero, y él ha perdido la superioridad física anterior; está mutilado y vulnerable, necesita reposo y una mano amiga. Así que Jane se queda a vivir con él, se casan y se convierte en su enfermera, amiga, esposa, etc.

Este final no convenció a algunas de las compañeras del taller. Les parecía que tanto sufrimiento para convertirse en enfermera no valía la pena. Quizá sí, pero no debemos olvidar que Charlotte Brontë escribe en un contexto determinado y a su novela se le exigen ciertos estándares para que pueda ser publicada y tenga éxito.

 


Adaptaciones cinematográficas

La única que he visto es la de Franco Zefirelli, con una maravillosa Charlotte Gainsbourg en el papel de Jane Eyre, William Hurt como Rochester y Elle MacPherson como la señorita Ingram. La película está bien, pero no consigue captar la grandeza del personaje y la complejidad de la relación Jane-Rochester a través de los diálogos. Hay muchas otras versiones, tanto en cine (la primera es en cine mudo) como en TV, por ejemplo la de 1944 con Orson Welles como Rochester y Joan Fontaine como Jane.

 

 

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8 comentarios

María -

A mi también me encantó este libro y me han dado muchas ganas de releerlo!!

Gracias por recordarnoslo!! ;P

Fani -

Mañana comenzaremos un taller de lectura titulado Imágenes de mujer. Jane Eyre será el primer libro que leamos (yo me lo sé de memoria, pero lo disfrutaré otra vez), y pienso seguir con Ancho mar de los sargazos. ¿No lo has leído? Es muy interesante.

Gabriela -

La mejor versión es la de la BBC de 1973, pero la venden sólo en versión inglesa por amazon. Es la que más se ajusta al libro y la que mejores actuaciones tiene, aunque sea tan antigua.
La de 2006 (también de la BBC), que más arriba te indican es preciosa, pero no es muy fiel al libro ni a los diálogos, que son mucho mejores en la obra original, aunque la producción artística y las actuaciones son fenomenales.
Saludos cordiales.

Otra fan de Jane...

ERIKA -

YO VI LA PELICULA Y ES UNA MARAVILLA, MUY ROMANTICA Y ESPECIAL, Y PUES AHORA QUIERO COMPRAR EL LIBRO,,,

cris -

hola yo solo soy una niña de 14 años que me estoy leyendo el libro y no puedo parar de leer me encanta aun no lo he terminado(fue gracias a una amiga mia que me lo recomendo)

Maitane -

Hola guapa, cuánto tiempo. Yo lo leí con 16-17 y me encantó, pero como me comentaste que estabas como loca con el libro, lo he vuelto a leer hace unas semanas, y lo devoré de nuevo. Gracias por recordármelo!

9cDR -

Tenemos que ver la version de Orson Welles...
;D

Mai -

Pues tienes que ver la versión del 2006 de la BBC.
Toby Stephens como Rochester y Ruth Wilson como Jane.

PD: Yo leí el libro con 17 años y desde entonces, es mi libro de cabecera.
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