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Literatura de mujeres del mundo; cap. II: Cumbres Borrascosas

En la segunda sesión del taller “Literatura de mujeres del mundo”, celebrada el 9 de noviembre de 2006, nos reunimos para hablar de la obra “Cumbres borrascosas”, de Emily Brontë. No había leído antes esta ni ninguna otra obra de las hermanas Brontë, porque nunca formaron parte de nuestros programas educativos, y estoy segura de que me habría encantado leerlas a los 16 o 17 años. En cualquier caso, he disfrutado muchísimo sumergiéndome en su mundo.

La rectoría de Haworth

Lo primero que llama la atención de las hermanas Brontë son sus vidas, cortas e intensas, y que se desarrollaron en la era victoriana (aprox. desde 1832 hasta final de siglo). La familia Brontë estaba compuesta por la madre, María Branwell, el padre, Patrick Brontë, las cinco hermanas Mary (1814), Elizabeth (1815), Charlotte (1816), Emily Jane (1818) y Anne (1820), y el hermano Branwell (1817). Patrick Brontë (en la edición de Cátedra de Paz Kindelán se habla más de él que de sus hijas) se instaló junto a la familia como pastor de la rectoría de Haworth, en el condado de York, en 1820.


Retrato de Anne, Emily y Charlotte realizado por Branwell

“El pueblo de Haworth está situado en la ladera de una escarpada colina rodeada de páramos y de otras muchas colinas entrelazadas y sumamente empinadas, que lo aíslan casi por completo de cualquier población vecina, quedando apartado en gran medida del mundo exterior. Este escenario inhóspito y solitario de los páramos en torno a la rectoría, en la que residirán los Brontë hasta el final de sus días, producirá un gran impacto en ellos desde la infancia.” [1]

La paramera será el paraíso particular de las pequeñas Brontë. Allí encontraban los espacios adecuados para sus espíritus rebeldes y aventureros, allí y en ningún otro lugar. De hecho, siempre que abandonaron Haworth, y en especial en el caso de Emily, sufrían y enfermaban hasta casi perder la vida.


La rectoría de Haworth, hoy convertida en museo

Las enfermedades asociadas a los cambios de residencia fueron una constante en las vidas de las Brontë. La madre, María Branwell, murió apenas un año después de que se instalaran en Haworth. Más tarde, las cuatro hermanas mayores fueron enviadas a un colegio para hijas de clérigos en Cowan Bridge, donde sufrieron grandes penalidades: frío, humedad, escasez de comida y sobre todo una dura disciplina que contrastaba con la libertad de los páramos. Las condiciones de vida del colegio terminaron con la vida de Mary y Elizabeth, que murieron con 11 y con 10 años.

La pérdida de las dos hermanas mayores marcó profundamente al resto de los hermanos, en especial a Charlotte (que describiría el ambiente de la institución benéfica en su novela “Jane Eyre”), a Emily y a Branwell. Los años siguientes los pasaron todos juntos en Haworth. Aislados del mundo, sólo se relacionaban entre ellos y con sus propios libros y fantasías.

“En la noche del 5 de junio de 1826, Mr. Brontë trajo de Leeds una caja con doce soldados de madera para su hijo. Cuando éste se la enseñó a sus hermanas, cada una escogió una figura y le puso un nombre: el de Charlotte se llamaría Tweenie (apelativo para Wellington), el de Emily Pare (apelativo para Parry), y el de Anne Trott (apelativo para Ross). The Young Men’s Play fue, por tanto, el punto de partida de toda una literatura compuesta por crónicas, periódicos al estilo de Blackwood’s, y también folletines que referían las más temerarias hazañas y audaces aspiraciones de estos soldados, convertidos en héroes. La fundación de The Great Glasstown Confederation, situada en la costa africana, sirvió a dicho propósito: en efecto, The Twelves (así llamados los doce soldados) disponían de cuatro genios o jefes principales –Tallii, Branii, Emii y Annii- que inventaban toda clase de aventuras, y luego las transcribían tanto en prosa como en verso en una revista confeccionada por ellos mismos: The Young Men’s Magazine.” [2]

Más tarde, este mundo fantástico se dividió en dos: Charlotte y Branwell fundaron el reino de “Angria”, mientras que Emily y Anne se retiraron a una isla imaginaria del pacífico norte llamada “Gondal”. Las hermanas se sumergían hasta tal punto en estos mundos paralelos e imaginarios, que Emily realizó la siguiente anotación en su diario, el 24 de noviembre de 1834:

“La tía acaba de entrar en la cocina ahora mismo y le ha dicho a Anne ¿dónde tienes los pies? Papá abrió la puerta del salón y dio una carta a Branwell diciéndole que la lea y se la enseñe a su tía y a Charlotte –los habitantes de Gondal están descubriendo el interior de Gaaldine- Rally Mosley está lavando en la cocina.” [3]

Sin embargo, este mundo imaginario e infantil no habría de durar demasiado. Como dicen las Vainica Doble en su “Habanera del primer amor”, “nunca dura cosa buena”… y las hermanas Brontë crecieron y tuvieron que enfrentarse con el mundo adulto, y al hecho de tener que ganarse la vida. La primera en salir de Haworth fue Charlotte, que trabajó como institutriz. Ella convenció a sus hermanas de la necesidad de ser autosuficientes y buscarse un empleo (el trabajo de institutriz o profesora era la salida más viable para las mujeres de aquella época), de modo que la siguieron Emily y Anne. Pero el “mal de las Brontë”, esto es, la añoranza terrible de los páramos y su libertad, amenazaba su salud, y las pobres nunca duraban más de 6 meses fuera de casa. Así lo reflejó la propia Charlotte en “Memoir of Emily Brontë by Charlotte Brontë”:

“La libertad era el aliento de Emily; sin ella perecía. El cambio de su casa a la escuela, de su propio modo de vida, silencioso, apartado, pero sin sujeciones artificiales, a otro de rutina disciplinada (aunque bajo los más bondadosos auspicios) era lo que no podía soportar.” [4]


Emily Brontë

La vida como institutrices no las satisfacía (las amarguras de la profesión aparecen reflejadas en las novelas Jane Eyre, de Charlotte, y Agnes Grey de Anne), de modo que las hermanas idearon construir una escuela para niñas en la rectoría y trabajar allí como profesoras. Para mejorar su educación, se fueron a Bruselas, donde aprendieron francés e hicieron grandes progresos en sus estudios. Su profesor, Constantin Heger, quedó impresionado con las mentes de las Brontë, especialmente con la de Emily. Charlotte fue quien más tiempo pasó allí, y entabló una relación de admiración con Heder, hasta el punto de crearle un angustioso dilema entre quedarse en Bruselas o volver a Haworth. La huella de esta experiencia quedó impresa en sus novelas “El profesor” (públicada póstumamente en 1857) y “Villete” (1853).

Entretanto el hermano, Branwell, comienza a sumergirse en una espiral de autodestrucción. No logró reunir el valor suficiente para presentar sus credenciales en la Royal Academy (era pintor retratista), y trabajó como tutor en una familia, luego una estación de ferrocarril, mientras se daba a la bebida y contraía deudas. En la estación de ferrocarril descubrieron que había robado dinero, y no tuvo más remedio que volver a casa. Después volvió a trabajar como tutor en una familia de Thorp Green, donde fue nuevamente despedido debido a un turbio episodio con Mrs. Robinson, la mujer del reverendo (en esta edición no queda claro si fue un simple affair o algún hecho violento, como por ejemplo una violación). El episodio fue vivido por las hermanas como una gran desgracia, y les produjo muchísima vergüenza y tristeza. Branwell se dio enteramente a la bebida y al opio, acelerando su proceso autodestructivo. El proyecto de la escuela queda abortado, pero curiosamente, en medio de este panorama desolador, las hermanas Brontë comenzaron a escribir.

“Desde muy temprana edad habíamos albergado el sueño de llegar a ser escritoras. Este sueño, que no habíamos abandonado ni siquiera cuando la distancia nos separó y el trabajo nos absorbió, adquirió de repente solidez y consistencia: se convirtió en una resolución.” [5]


La aventura editorial de las hermanas Brontë

Lo primero que intentaron publicar nuestras escritoras fue una selección de sus poemas. Conscientes de los prejuicios que existían hacia las mujeres escritoras, y con el deseo de ahorrarse cualquier publicidad personal, enviaron los manuscritos bajo unos seudónimos ambiguos, libres de género, bajo el título de “Poemas de Currer, Ellis y Acton Bell”. Los críticos mediatamente creyeron (sin molestarse a comprobarlo) que los autores eran hombres.

El libro no tuvo demasiada repercusión, pero alguna buena crítica logró, y esto animó a las hermanas a ponerse a trabajar en obras en prosa. Emily escribió “Cumbres borrascosas”, Charlotte “El profesor”, y Anne “Agnes Grey”. Volvió el peregrinaje de editorial en editorial, hasta que en 1846, la editorial T. C. Newby aceptó “Cumbres borrascosas” y “Agnes Grey”; “El profesor” fue rechazada.


Charlotte Brontë

Charlotte acompañó a su padre a Manchester para que se sometiera a una operación de cataratas, y durante las largas horas de convalecencia del enfermo, escribió su segunda novela, Jane Eyre. Smith, Elder & Co. la publica en 1847, y se convierte en un gran éxito. El editor de Emily y Anne, en vista del éxito de “Jane Eyre”, propició la confusión en las identidades de las tres escritoras, e hizo ver que las otras dos novelas pertenecían al mismo autor, lo que conllevó que denunciaran a las hermanas por incumplimiento de contrato. Debido a este incidente, tuvieron que revelar la existencia de tres escritoras distintas, y dar cuenta de su verdadera identidad.

Aclarado el enigma de Currer, Ellis y Acton Bell, “Cumbres borrascosas” y “Agnes Grey” vieron por fin la luz, y comenzó una etapa en que la crítica literaria se volvió hacia la obra y la personalidad de las tres escritoras. En los primeros años, la crítica consideró que Emily Brontë tenía un gran potencial como escritora, pero se consideró “Cumbres borrascosas” una obra inmadura, mal construida e intolerablemente ruda y siniestra. Incluso las propias hermanas de Emily no llegaron a entender del todo el mensaje oculto en la obra, y se asustaban de que su hermana fuera capaz de concebir a personajes tan malvados y retorcidos. Emily sonreía ente dientes, lo que demuestra que era una escritora totalmente consciente. Pero eso nadie lo descubriría hasta mucho más tarde.

En septiembre de 1848, murió Branwell, y durante el funeral, Emily cogió frío y se puso enferma. No quiso ver a ningún médico ni tomar ninguna medicina, y se dejó morir el 19 de diciembre de 1848. Tenía 30 años. La siguiente en caer enferma fue Anne. Ella sí se dejó cuidar por los médicos, pero de nada sirvió. Murió en mayo de 1849, a la edad de 29 años.

Charlotte aún vivió 6 años más. En 1854 se casó con Arthur Bell Nichols, el coadjutor de su padre. Al poco de quedarse embarazada, cayó enferma a consecuencia de un paseo bajo la tormenta en los páramos, y murió en 1855. El más longevo fue el padre, Patrick Brontë, que sobrevivió a toda la familia.


El enigma de Cumbres Borrascosas

Como hemos dicho antes, Emily Brontë era una escritora consciente, y como tal, sabía que tenía que envolver su mensaje bajo unas formas que resultaran mínimamente tolerables a las convenciones de la época. Sin embargo, bajo esas convenciones late todo un mundo que estalla en mil pedazos a lo largo de la novela, y que es una muestra de la arrebatadora personalidad de la autora.

En el estudio crítico de la novela que hace Paz Kindelán en la edición de Cátedra, creo que queda patente la afirmación de Donna Haraway de que “leer ficción es una práctica intensamente política” [6]. Lo digo porque en opinión de Kindelán, que considero muy válida, la novela acaba “bien”, y en opinión de Merche Tranche y la crítica literaria feminista, acaba “mal”. Y aquí está quizá la grandeza de la obra, que está estructurada y pensada de forma tal que cada lectora o lector pueda reconstruir su propia historia (como con las películas de David Lynch).

Antes de seguir, voy a recordar algunas pistas que nos dio Merche en la sesión anterior: 1) “qué piden los niños a su padre que les traiga”, y 2) “parece que nadie consigue lo que quiere, pero uno sí”.

El argumento gira en torno al amor entre Catalina Earnshaw y Heathcliff, los protagonistas. Hay dos espacios físicos antagónicos donde se desarrolla toda la novela y que son dos casas: “Cumbres borrascosas” y “La granja de los tordos”. La primera, según los cánones convencionales, representaría el infierno, y la segunda, el cielo. En “Cumbres” vive la familia Earnshaw, y en “La granja”, los Linton. Cuando Catalina y su hermano Hindley son pequeños, su padre se va de viaje a Manchester y los niños le piden que les traiga regalos. Hindley pide un violín (cultura), y Catalina una fusta (fuerza). Sin embargo, ninguno de los dos queda satisfecho: lo único que trae el padre del viaje es a Heathcliff, un niño andrajoso y con aspecto de “gitano” que desagrada a toda la familia. El niño podría ser un hijo ilegítimo del padre, aunque en ningún momento se sugiere tal cosa.

Heathcliff se queda a vivir en la casa a pesar de tener un rango indeterminado entre criado e hijo adoptivo (que se decantará más bien hacia lo primero tras la muerte del señor Earnshaw) y surge entre él y Catalina una amistad que les lleva a la unión e identificación total. La niña es ahora poderosa ante el hermano, porque tiene a su otro “yo” que la defiende. De modo que es ella la que obtiene lo que quiere, que es la fusta, la fuerza, el poder. Con Heathcliff, Catalina está “empoderada”, porque él es ella misma.

Otra de las pistas que nos dio Merche se refería a la obra “El paraíso perdido”, de John Milton. Así, no nos es difícil asociar la etapa infantil de la vida de Heathcliff y Catalina con el paraíso, donde los niños, libres de prejuicios y de las obligaciones adultas, disfrutan de su libertad y su amistad en la paramera. Uno de los momentos clave es cuando, escapando de algún castigo, descubren la existencia de “La granja de los tordos”, que hasta entonces ignoraban. Entonces se produce la primera y traumática separación entre ambos; primero por la irrupción del sexo en sus vidas (simbolizada en la llegada de la esposa de Hindley), y segundo por la irrupción también de la cultura y la civilización, simbolizada en la Granja y sus habitantes. Allí viven los estirados y respetables señores Linton, con sus hijos Edgar e Isabela. Los habitantes de la casa retienen en ella a Catalina, que cae enferma, al tiempo que rechazan a Heathcliff, al que consideran como un criado.

Cuando Catalina vuelve a “Cumbres”, después de 5 meses, es otra persona. Ahora se preocupa por sus modales, ir bien vestida y ser una señorita, mientras que Heathcliff sigue siendo el mismo muchacho rudo y rústico. Catalina inicia ahora una amistad con Edgar Linton, paradigma del hombre respetable pero aburrido, y empieza a pensar en casarse con él.

Es aquí donde se produce otro momento clave: Catalina confiesa a Nelly, el ama de llaves y narradora de la historia, sus verdaderos sentimientos por Heathcliff, a pesar de su decisión de casarse con Edgar Linton:

"Me degradaría ahora casarme con Heathcliff; él no sabrá nunca cuánto le amo, y eso no es porque sea guapo, Neli, sino porque es más [yo] que yo misma. De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo, y la de Linton es tan distinta como la luz de la luna del rayo y la helada del fuego."

(...)

"Mi amor por Linton se parece al follaje de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas, es fuente de escaso placer visible, pero necesario. Neli, yo soy Heathcliff..." [6]

Efectivamente, según nos contó Merche, Catalina es Heathcliff. Se trata del mismo personaje, desdoblado en dos. Heathcliff representaría lo femenino, a las mujeres, porque no tiene ningún poder. Pero al mismo tiempo es el "alter ego" que da poder a la heroína de la novela, su ser completo. Porque los personajes de "Cumbres borrascosas" (en especial los protagonistas) no son personajes, son pasiones en estado puro. Por eso resultan tan violentos, imprevisibles, misteriosos y salvajes.

Heathcliff, lleno de odio y de celos (también es maltratado por Hindley, el hermano de Catalina, que siempre le ha odiado) huye y desaparece por un periodo de unos tres años. A su regreso, Catalina está casada con Edgar, y él se ha convertido en un rico caballero, dispuesto a ejecutar su venganza contra Edgar y Hindley. Cuando ella descubre que él ha cambiado y que no puede compaginar su vida de casada con Heathcliff, se rompe en varios pedazos y se deja morir. Primero se encierra durante tres días en un cuarto y se niega a comer, y después se deja vencer por la enfermedad. Este recurso a la huelga de hambre, a la protesta a través del propio cuerpo, es muy significativo de la falta de poder de las mujeres, que sólo tenían ése recurso de protesta: la agresión a su propio cuerpo. Finalmente Catalina muere, y en ese momento descubrimos que estaba embarazada y que ha nacido una niña. Este "detalle" es tremendamente curioso; hasta el momento de su muerte no sabíamos nada del embarazo, de modo que nos quedamos con la sensación de que el embarazo es una enfermedad, una invasión, una fragmentación. También podemos pensar que Catalina se ha desdoblado nuevamente: ahora hay una nueva Cati.

Para la crítica feminista, "Cumbres borrascosas" representa la lucha entre "cultura" y "naturaleza", donde la cultura acaba imponiéndose, y demostrando por qué las mujeres de la época victoriana vivían en una jaula de oro, en un mundo de domesticidad, té y labores de bordado. Representa también la respuesta de Emily Brontë a la épica de John Milton y su presumida Eva. Me gusta mucho este pasaje, localizado también en el momento en que Catalina confiesa a Nelly su amor por Heathcliff:

"...el cielo no parecía ser mi casa, y me partía el corazón a fuerza llorar por volver a la tierra, y los ángeles estaban tan enfadados que me tiraron en medio del brezal, en lo más alto de Cumbres Borrascosas, donde me desperté llorando de alegría." [7]

En mi super-modesta opinión, Emily le está diciendo a Milton que quizá el cielo no es un lugar tan deseable, con sus aburridas leyes y jerarquías, y que quizá su infierno, donde reina el caos y no hay jerarquía, sea nuestro cielo.

De modo que en la primera parte de la novela, con la muerte de Catalina, triunfa la cultura. Pero después en la segunda parte, con una nueva generación de personajes, y aunque de manera diferente, vuelve a repetirse el triunfo de la cultura. Heathcliff, que vive 18 años más que Catalina, no consigue ejecutar su venganza, y el amor entre Cati Linton (hija de Catalina y Edgar Linton) y Hareton Earnshaw (hijo de Hindley) termina imponiéndose. Paz Kindelán interpreta esto como un "final feliz", una especie de "segunda oportunidad", pero en nuestra opinión se trata de un amor de naturaleza muy distinta, que goza de la aprobación de la cultura, la civilización y los ideales domésticos, y que no tiene nada que ver con el amor imposible de la primera pareja de amantes. Quizá Emily necesitaba este final y esta segunda parte para rebajar la "amoralidad" de la primera parte de la historia, pero le sirve al mismo tiempo para dejar claro el triunfo aplastante de la cultura.

Un análisis de la estructura de la novela nos revela asimismo la maestría de la escritora, de cómo nos introduce en la compleja historia a través de distintos narradores y nos invita a "recrear" la narración a través de una apasionante interacción entre ella, nosotras y el texto.

"Snow outside; warmth and refreshment within; Lockwood and the reader are prepared to give absorbed attention to the tale Nelly Dean has to tell... with a bold economy odf effect, Emily Brontë has got us inside her tale -and keeps us there-." [8]

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8 comentarios

Bruno -

Es muy bueno tu reporte, es un verdadero análisis profundo de la obra.

Lucia -

Cumbres borrascosas fue un libro que relamente me gustó mucho, pero, ahora con tus observaciones le diste un giro radical a mi punto de vista, lo había tomado de una manera completmante diferente. Me sorprednió mucho la agudez de tus observaciones. Seguí asi...
Saludos

placida -

Eskerrik asko zuzenketa hori egiteagatik! ;D Uste nuen zuzendari bera zirela Billy Wilder eta William Wyler baina orain konturatu naiz ezetz!
Cumbres Borrascosas irakurtzekotan, Carmen Martin Gaiteren itzulpena gomendatzen dizut.
Ondo-ondo segi! ;-)

katixa -

Aupa, Placida:
Plazer bat zu ber-topatzea...
Pero tengo que corregirte: la peli del 39 no es de Billy Wilder sino de William Wyler (con nombres tan parecidos, normal...).
A mí en primero de BUP me hiciero leer Wuthering Heights en inglés, una de esas horribles versiones depuradas y facilitas para estudiantes. Me dejó traumatizada y nunca me he atrevido con la original.
Baina zure post honek gogoak piztu dizkit.
Ondo segi

T05064458220142; .NET CLR 1.1.4322) -

http://aitorr.blogspot.com

gatza -

JOder! es un trabajo muy bueno el que te tomas para poner esto que aprendes de cara a las demas!!
adelanteeeee

placida -

Gracias! :-)
Yo no sé si esto de escribir artículos tipo "trabajo de 3º de BUP de literatura" es hacer blogging, pero en fin...
Hay varias pelis de "Cumbres borrascosas", por ejemplo una de Billy Wilder:
http://es.wikipedia.org/wiki/Cumbres_borrascosas_(1939)
Otra de Buñuel, que se llama "Abismos de pasion" y está ambientada en México:
http://cinemexicano.mty.itesm.mx/peliculas/abismos_pasion.html
Y la más reciente que he encontrado es esta de 1992, con Juliette Binoche y Ralph Fiennes:
http://www.filmaffinity.com/es/film706710.html
¿Las alquilamoseste finde? ;-)

9cDR -

Pues pa mi que los Paramos tienen pinta de sitio interesante!

Adelante con nuestros sueños!!Ánimo que no hay que desistir! El articulo buenisimo, gracias por "Bloguear" tan sinceramente!!!;D

“Desde muy temprana edad habíamos albergado el sueño de llegar a ser escritoras. Este sueño, que no habíamos abandonado ni siquiera cuando la distancia nos separó y el trabajo nos absorbió, adquirió de repente solidez y consistencia: se convirtió en una resolución.” [5]

Portzierto... ¿¿¿hay peli de "Cumbre borrascosas???
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